Enrique Casado Carnero posa sonriente para EL ESPAÑOL
Enrique, con 25 años, aprueba la oposición a inspector de Hacienda en solo 20 meses: “He estudiado 14 horas al día”
Este vallisoletano formado en el Colegio San José y en la UVa logra una hazaña que dinamita la media de seis años de preparación y acaba siendo el tercero mejor de España. “Cuesta mucho, pero merece la pena", afirma.
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Tiene solo 25 años, pero la vida profesional ya resuelta. Y lo ha logrado a base de sacrificio, esfuerzo y muchas horas de estudiar.
La oposición para entrar al Cuerpo Superior de Inspectores de Hacienda del Estado es sinónimo de un larguísimo túnel.
Un proceso tedioso que consume una media de entre cinco y seis años de encierro, textos infinitos y fines de semana sacrificados. Se acabó eso de las barbacoas, de salir a tomar algo o simplemente ir al cine.
Sin embargo, las reglas de la estadística acaban de saltar por los aires en Valladolid. Enrique Casado Carnero, un joven de 25 años formado en las aulas del Colegio San José y graduado en Derecho y ADE por la Universidad de Valladolid (UVa), recibió el pasado viernes 19 de junio la noticia que cambiará su vida para siempre.
Ha aprobado la oposición para funcionario de Hacienda en un tiempo récord de 20 meses, y además se ha alzado con el número 3 de la promoción a nivel nacional.
Las cifras de la convocatoria de este año asustan y dan la magnitud de lo que sus propios preparadores tildan de "hazaña".
De los cerca de 1.700 aspirantes de toda España que iniciaron el proceso, solo 75 han conseguido plaza, a pesar de que el Estado ofertaba 192 vacantes.
Más de la mitad de las plazas han quedado desiertas debido al implacable nivel de exigencia del tribunal.
Y en el podio de esa escabechina opositora se ha colado un vallisoletano que, hasta hace poco menos de dos años, ni siquiera contemplaba este camino.
"Salgo de la carrera con ninguna idea de opositar, era algo que veía muy difícil y siempre lo descarté. Siempre tuve claro que quería trabajar en la empresa privada", confiesa Enrique a EL ESPAÑOL Noticias de Castilla y León.
Sin embargo, un "run-run" interno cuatro meses antes de graduarse y el contacto con inspectores en activo le hicieron cambiar de rumbo "de la noche a la mañana".
En septiembre de 2024 se encerró en su habitación para iniciar una casi clausura que él mismo define como "mucho más dura de lo que cualquiera puede imaginar".
De 8 a 14 horas diarias
La trayectoria de Enrique durante estos 20 meses se divide en dos fases.
Un primer año, hasta agosto de 2025, de asimilación, “manteniendo a raya el estrés”, haciendo deporte y respetando un día de descanso para la familia, los amigos y su novia. Pero el verdadero punto de inflexión llegó con la cercanía del primer examen escrito, el 6 de septiembre de 2025. Ahí comenzó la transformación extrema.
"Si estaba intentando hacer 8 o 9 horas productivas, pasé a 11 o 12 horas efectivas de estudio real. Y los últimos meses ya han sido muy duros, de 13 o 14 horas diarias de estudio efectivo", relata.
A la brutal carga de memorizar y "cantar" temas ante el tribunal (la oposición consta de cinco ejercicios extenuantes y una prueba de idiomas), se sumó la tortura psicológica de la incertidumbre.
"Nos íbamos enterando de la nota prácticamente tres o cuatro días antes de hacer el siguiente examen. Tienes que hacer el esfuerzo mental de pensar que has aprobado, porque como dudes, ahí sí que te caes", afirma.
Para Enrique, contra todo pronóstico, el día de acudir al examen era "el mejor día de la oposición", porque el trabajo ya estaba hecho y solo quedaba rezar.
"Donde estaba la verdadera dureza de la oposición es en el día a día, en trabajar como si hubieras aprobado sin saber y sin tener ni idea de cómo realmente van a corregir. Ahí está la dificultad verdadera", reflexiona con sus solo 25 años.
El fútbol, el running y los pies en la tierra
Para este joven vallisoletano que de niño soñaba con ser futbolista (llegó a jugar en categoría Regional con el Arces), el mayor peaje fue colgar las botas y la raqueta de tenis a partir de agosto de 2025 para no comprometer el tiempo de estudio.
Aun así, lanza un consejo capital para quienes estén en el proceso: nunca dejar el deporte. "Intentaba salir a correr tres o cuatro veces por semana. Si dejas el deporte, mentalmente es aún mucho más duro. Es mejor cuadrar 30 o 40 minutos al día en eso que gastarlos en las redes sociales".
Tras conocer los resultados, ha sentido una mezcla de “orgullo” y, sobre todo, “un alivio” infinito. "Te replanteas todo, no sabes si has elegido el camino acertado ni cuántos años vas a estar allí. Tú empiezas la oposición pero no sabes cuándo la vas a terminar, esa es la única realidad".
En el momento del éxito, el recuerdo limpio ha sido para su novia y su familia, sus pilares en un proceso donde "hay más momentos malos que buenos".
Destino Madrid
Ahora, Enrique, a mediados de septiembre, partirá a Madrid para afrontar un curso formativo de nueve meses antes de la entrega de despachos.
Aunque su espectacular tercera posición nacional le otorga prioridad absoluta para elegir destino, asume con realismo que las plazas de inicio se concentran en Madrid y Barcelona, y que Valladolid rara vez sale para los recién aprobados.
"A mí me encanta Valladolid, soy de aquí al 100% y orgulloso de promoverlo. Intentaré los primeros años estar en Madrid; al final está a una hora en AVE e incluso puedes vivir en Valladolid sin problema".
A sus 25 años, mira al futuro con la satisfacción del deber cumplido, algo que muchos de su edad no pueden decirlo.
"A veces cuando lo pienso se me sigue poniendo la piel de gallina. Tengo un colchón muy importante. No la vida resuelta, porque no me gusta decirlo así, pero sí una parte resuelta ante los vaivenes o las crisis de la empresa privada".
Sea por lo que sea, está claro que los inspectores de Hacienda no están bien vistos. Por eso, Enrique defiende la necesidad de su futuro puesto.
"Los inspectores de Hacienda nos encargamos de que se cumpla la ley y de perseguir el delito fiscal, que es tan importante porque al final se defiende a toda la sociedad".
De momento, el uniforme de inspector se queda en el armario. Por delante le queda un verano entero para "gozarla", recuperar los viajes perdidos y planear, con su primer sueldo, ese viaje prometido a su novia.
Sus amigos ya bromean con el clásico "conmigo acuérdate de no darme una inspección", pero lo que de verdad le da gusto a Enrique es la respuesta que ha sentido de su entorno.
Un chaval de Valladolid, con los pies en la tierra y la cabeza muy bien amueblada, que ha demostrado en tiempo récord cómo se puede conquistar una oposición.