Alberto Martínez, dueño del Todopollo en Valladolid.

Alberto Martínez, dueño del Todopollo en Valladolid. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Valladolid

Alberto, dueño de un asador de pollos de barrio: “Alcanzamos temperaturas de más de 40 grados en el negocio”

El profesional asegura que con las olas de calor y la subida del mercurio “se trabaja mal” pero busca remedios para solventarlo.

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Sabemos lo que es Valladolid. El calor, en verano son tres meses duros. Se llevan a base de estar hidratados, de controlar mucho la temperatura de las cámaras y llevamos muchos años intentando combatirlo de la mejor manera posible sin enfadarnos. Se hace largo, pero tampoco es mucho lo que dura el calor”, asegura Alberto Martínez Pereda.

Él es el dueño de la pollería que lleva el nombre de Eltodopollo y que se ubica en la calle Portillo del Prado de la ciudad del Pisuerga. Suma, ni más ni menos, que 22 años al frente ofreciendo lo mejor al cliente.

“Alcanzamos temperaturas de más de 40 grados en el negocio”, afirma el cocinero, que cuenta a EL ESPAÑOL de Castilla y León cómo, tanto él como su equipo, combaten el calor cuando aprieta con fuerza.

La vida de Alberto

“Me defino como una persona sencilla que viene de una familia industrial. Soy hijo de tendero y nieto de carniceros. La de tendero es una palabra de la que se está extinguiendo su uso, pero, al final, todos lo somos porque somos personal de tienda”, afirma Alberto Martínez Pereda.

Él es vallisoletano, vive en el municipio vallisoletano de Cabezón de Pisuerga, tiene 56 años y es el cocinero y el dueño de Eltodopollo, un negocio que se ubica en la ciudad del Pisuerga. Amante de la caza, de los viajes y de disfrutar de la vida con su gente.

“Trabajé en carnicería hasta que me hice cargo del negocio. Eltodopollo tiene muchos pros, pero también alguna contra. En contra que hay que abrir casi todos los días del año salvo el periodo de vacaciones. Abrimos también domingos y festivos, pero, al final, tiene su recompensa”, añade nuestro entrevistado.

Pronto empezó a echar una mano en los negocios familiares y los veranos, sus abuelos tenían una casa en Megeces y, allí, en los años 80 y 90 pasó muy buenos momentos en lo que era “el paraíso para un niño” como apunta Alberto con “bicicleta, bañador, un río y buenos amigos”.

“Fue una infancia que estuvo llena de muy gratos recuerdos con reuniones familiares, peñas, chicos, chicas, lo que había y con lo que nos divertíamos por aquellos años”, apunta.

Sobre lo que quería ser de mayor cuando tenía pocos años apunta que “no recuerda” pero que le “gustaba mucho lo que tenía que ver con conducir” y cuenta con el carné para conducir camiones.

Sin embargo, por circunstancias familiares, se “agarró al negocio familiar” para terminar siendo lo que hoy es.

El negocio

“La idea Eltodopollo siempre estuvo ahí. Algún día o periodo vacacional ibas a zonas de costa y veías los asadores de pollo y pensabas que era un negocio que tenía que funcionar. Al final, cuando menos te lo esperas, te llega la oportunidad y en un momento te ves haciendo algo que era un pensamiento”, afirma nuestro protagonista.

Con 56 años quiere firmar en Eltodopollo el “punto y final de su vida laboral”. Su “idea e ilusión pasa por eso, por “seguir dando el mejor trato y los mejores productos a sus clientes en el negocio” del que es dueño en la actualidad.

“El negocio estaba abierto. Venía de la mano de la familia Bombín y yo sigo el negocio y la tradición que ellos estaban trabajando. Llevaban, creo, desde finales de los años 60. Empezó siendo un negocio que además de vender pollos asados, también vendía productos frescos y acompañarlo con esos pollos asados”, explica.

Añade que “los caminos se separaron” y se “separaron los negocios” para que Alberto se quedara con la parte de los cocinados” y así es como él cogió el negocio.

“Mi vida y la de Eltodopollo pasa por ser una andadura que comienza en el año 2004. Cojo el negocio de la mano de la familia Bombín, me quedo con el nombre de Eltodopollo y además de mantener los productos que ellos tenían comenzamos a buscar platos y comidas que iban surgiendo y naciendo de las necesidades que la gente pedía”, asegura Alberto Martínez Pereda.

Un negocio que se ubica en la calle Portillo del Prado, en el número 10. Y que cuenta con un total de cuatro trabajadores con una persona que trabaja viernes, sábado y domingo. Cuatro empleados en un espacio de 35 metros cuadrados, “suficientes para realizar la actividad que desarrollamos”, apunta nuestro protagonista, antes de hablar del calor.

El calor

Con las altas temperaturas lo pasamos mal. Se trabaja mal, pero lo combatimos bebiendo, refrescándonos y, al final, tras 22 años en el negocio, vas cogiendo mañas. Alcanzamos temperaturas de más de 40 grados en el negocio. Con las olas de calor, si en la calle hace 30, se trabaja mejor que si hace mucho más calor”, apunta nuestro entrevistado.

En verano es la época “en la que más pollos se venden” afirma Alberto porque “la gente no quiere cocinar en casa” y cita a las “peñas, las fiestas de los pueblos y las reuniones familiares o las piscinas” que hace que “nadie se quiera poner a los fogones”.

“En cuanto al número de pollos que vendemos, no me gusta hablar de cantidades ni de beneficios ni de esas cosas. Eso lo mantenemos más en secreto. Sí que puedo decir que hay una línea ascendente en verano y en invierno nos mantenemos. El negocio da para vivir”, apunta el dueño y para pagar nóminas.

La continuidad, está asegurada y eso es una gran noticia para un negocio de proximidad en la ciudad del Pisuerga pese a que, como apunta, los “gastos están disparados”.

Futuro

Creo que es un negocio que está en auge. El de la restauración y, sobre todo, el de la comida para llevar, ha pasado ya a un primer plano. Ahora se echa mano de estas cosas porque es cómodo y se trabaja con productos de primera gama”, añade.

Se “cuida mucho la calidad” y que “las cosas estén en buen estado”. Todo está “muy atado sin que haya fallos porque es comida” y la alimentación “hay que cuidarla mucho” para dar al cliente lo mejor.

“Ante la duda, hay que rechazar el producto. A veces haces un guiso o una ensalada, ha pasado su periodo de vida útil y hay que eliminarlo. Es así”, apunta Alberto con honestidad en esta entrevista.

Él ha cuidado su negocio para que todo vaya bien y siga dando al cliente lo que quiere para disfrutar de una buena comida.