Javier trabajando junto al horno de La Tahona de Chari en Villanubla.

Javier trabajando junto al horno de La Tahona de Chari en Villanubla. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Valladolid

Javi, panadero de pueblo con 61 años: "Trabajo a 34 grados en el obrador y el horno está ardiendo a 300"

El de Medina del Campo, que llegó al municipio en el que tiene su negocio con su mujer en 1996, se define como “aprendiz de panadero” porque “cada día aprende algo nuevo”.

Más información: Chari, Javi, la tahona de un pueblo vallisoletano y el precio del pan: "Luchamos para que sea equilibrado"

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Villanubla es un municipio de la provincia de Valladolid que, en la actualidad, y según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), cuenta con una población de 2.903 habitantes.

Allí vive Javier de Cela, junto a su mujer Chari. En el lugar, la pareja decidió en 2010 apostar por el emprendimiento y abrir un negocio que lleva el nombre de La Tahona de Chari, que reina por el pan de calidad que elabora, pero que cuenta también con una amplia oferta de productos.

“Trabajo a 34 grados en el obrador y el horno está ardiendo a 300”, nos cuenta Javier en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, charlando con él sobre cómo es trabajar cuando el sol y el calor golpean con fuerza.

Nos cuenta sus trucos para combatirlo y muchas cosas más en esta entrevista.

Su vida

“Me defino como una persona trabajadora que siempre se ha buscado la vida para trabajar. Como un aprendiz de panadero, porque puedes estar trabajando de ello años y años y nunca acabas de dominar la profesión”, asegura Javier de Cela en declaraciones a este periódico.

Nuestro entrevistado tiene 61 años y nació en Medina del Campo. Recuerda que de pequeño quería ser “agricultor o ganadero” porque sus padres contaban con una pequeña finca en la Villa de las Ferias donde se adentró en el apasionante y complicado mundo del campo.

“Cuando tenía unos 20 años, me fui a Murcia, a comprar unas cabras tras terminar el Bachillerato y estuve unos años como ganadero. De la noche a la mañana comprobé que la leche no tenía apenas valor, que las vacunas subían y que tenía que cambiar de profesión”, indica.

Apasionado del campo, nuestro protagonista es amante del esquí, de hacer puzles y también de ver películas. Además, disfruta, y mucho, leyendo a los clásicos.

“Tras estar en el campo me fui a Andorra. Mis padres me dijeron que volviera y empecé a buscar trabajo, de nuevo, en Valladolid. Me salió trabajo en Villanubla allá por el año 1996 y conocí a Chari, la que es mi esposa y con la que me casé en el año 2000. Después trabajé en Renault, pero en 2010 la vida cambió de nuevo”, afirma Javier.

Fue ahí cuando montó La Tahona de Chari con su esposa. Un negocio asentado y que cuenta ya con 16 años de vida.

La Tahona de Chari

En el año 2010 abrimos nuestro negocio. Está ubicado en la calle Avenida Marcelo González y tiene algo más de 200 metros cuadrados aprovechados al máximo porque tenemos el obrador, la tienda, los hornos, almacén y un cuarto de baño completamente equipado”, señala nuestro entrevistado.

Otra imagen de Javier trabajando.

Otra imagen de Javier trabajando. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Allí, Javier es el panadero. Como a él le gusta decir, el aprendiz de panadero. Cada día aprende algo nuevo. En dicha tahona trabajan, en la actualidad, un total de ocho personas que se esmeran, cada jornada laboral, por dar lo mejor a sus clientes.

“Ofrecemos nuestro sudor y nuestra vida. Vendemos pan, pastas tradicionales del pueblo, quesadas, empanadas, focaccias… un poco de todo. Intentamos innovar para que el que venga a comprar siempre tenga una nueva opción”, añade.

Es una persona a la que le encanta “innovar” porque asegura que “si siempre hace lo mismo se arruina en dos semanas”. Eso sí, todas sus elaboraciones llevan la etiqueta de “calidad y están hechas con sus mejores ingredientes” en busca de la “excelencia”.

“Lo que más vendemos es nuestro pan. Trabajamos mucho con la hostelería de Valladolid y también con nuestro pueblo. Villanubla, sin embargo, ha pasado de ser un municipio tradicional a más dormitorio. Cuesta que la gente compre en el comercio local”, nos explica nuestro protagonista.

Venden, sobre todo, sus tradicionales hogazas de un kilo para restauración, también los molletes, barras de aceite y mucho más. No nos puede dar una cifra exacta en cuanto al número de piezas vendidas al día porque “no es una producción lineal y varía en función de la demanda”.

Charlamos con él sobre cómo es trabajar en verano con esas temperaturas extremadamente altas.

Trabajando a altas temperaturas

“Trabajo a 34 grados en el obrador y el horno está ardiendo a 300. Lo hago desde las 2 de la madrugada hasta las 10 u 11 de la mañana. Hago el pan, amaso, horneo para que cuando la gente llegue a La Tahona de Chari a primera hora, todo esté listo”, afirma Javier.

Javier trabajando en su obrador de Villanubla.

Javier trabajando en su obrador de Villanubla. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Nuestro entrevistado, hablando de trabajar a estas temperaturas, señala que sigue dos premisas claramente definidas. La primera pasa por “hidratarse mucho, bebiendo agua constantemente”. La segunda por “afrontar el momento con humildad porque no sirve de nada quejarse del calor, es lo que hay en verano”.

Lo único que queda es asumirlo y tirar para adelante. No podemos tener aire acondicionado ni ventilador en la zona de hornos porque es imposible equilibrar los 300 grados del horno. Contamos con un evaporador de agua que algo alivia, hablando de estas altas temperaturas en los meses en los que el calor aprieta”, añade.

No duda en señalar que trabajar en verano como panadero es “muy complicado” también por las masas, con la que hay que tener un cuidado especial durante estos meses en los que el calor aprieta.

“Por muy poca masa que eches, poco fermento, a las levaduras las temperaturas altas les afecta más. Tenemos que jugar con agua fría para bajar la velocidad de fermentación. Aún con el agua a -3 y -4 grados, nos cuesta, porque todo va muy deprisa”, señala el profesional.

Usa sus tácticas para que el calor afecte lo mínimo posible.

“El mejor momento para el pan”

“Veo el futuro un poco incierto, pero creo que es el mejor momento para el pan. Mejor no se ha hecho nunca. Es pan de buena calidad en un trabajo muy duro y sacrificado dentro de una profesión donde nadie regala nada”, añade Javier.

Nuestro entrevistado apuesta por el “sacrificio, los estudios y el tesón para conseguir el éxito” y asegura que “una amplia mayoría de las personas se ha olvidado de estas premisas”.

“Tenemos que buscar profesionales dentro de todos los sectores, porque se están perdiendo y es algo muy peligroso. Hace falta esforzarse. Fomentemos esa profesionalidad y busquemos a esas personas que son auténticas apasionadas de sus oficios”, finaliza.