José Molpeceres Montero en su negocio de Arrabal de Portillo.

José Molpeceres Montero en su negocio de Arrabal de Portillo. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Valladolid

José (64) se jubila tras toda una vida en su famoso obrador: “Hago 100.000 mantecados al año y su precio es muy bueno”

Nuestro entrevistado cumplirá 65 años en julio y dirá adiós, el próximo mes de diciembre de 2026, a la confitería. “Estoy abierto a vender o traspasar para que alguien se haga cargo del negocio y pueda continuar”, explica.

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José Molpeceres Montero no para. Tiene 64 años. El próximo mes de julio cumplirá 65 pero su vitalidad es notoria y disfruta de un trabajo, el de confitero, que le ha acompañado prácticamente toda su vida.

Nos atiende mientras realiza sus especiales mantecados en la Confitería Mantecados Molpeceres que abrió su padre bajo el nombre de Tomás Molpeceres allá por el año 1962 en Arrabal de Portillo (Valladolid).

Él lleva 44 años al frente de un negocio que se ubica en la Avenida Reverendo José Montero, 4, de Arrabal de la localidad. Siempre ha estado ubicado en el mismo lugar.

Es artesano de segunda generación y sigue la tradición en la fabricación de sus elaboraciones. Poca producción y usando materias primas de calidad. Dedica tiempo y pausa para que los productos realcen su máxima calidad.

“Si alguien llama para continuar con la Confitería Mantecados Molpeceres, bien. Si no, se cerrará en diciembre de este año 2026 con mi jubilación”, asegura en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León nuestro entrevistado.

Imagen de la Confitería Mantecados Molpeceres en Arrabal de Portillo.

Imagen de la Confitería Mantecados Molpeceres en Arrabal de Portillo. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

La vida de José

“Intento ser buena persona. Honesto. Soy una persona trabajadora. Una cosa es cómo me vea yo y otra cómo lo hagan los demás”, asegura, en declaraciones este periódico, José Molpeceres Montero.

Él es confitero, prácticamente de toda la vida. Nació en la localidad vallisoletana de Arrabal de Portillo y de allí no se ha movido. Recuerda su infancia con mucha “nostalgia y cariño” cuando se juntaba con sus amigos para pasar el tiempo en las calles del lugar.

“Cuando era pequeño quería ser bombero, torero, futbolista… todo lo que, por aquellos años, nos llamaba la atención a los más pequeños de la casa”, nos indica.

Sin embargo, finalmente, nuestro entrevistado de 64 años y que cumplirá 65 en julio, se dedicó al negocio familiar para hacer, a lo largo de mucho tiempo, auténticas delicias que enamoran a todo el que las prueba.

La historia de la confitería

“El obrador se empezó llamando Confitería Tomás Molpeceres que era mi padre. La fundó allá por el año 1962. Llevamos en el mismo sitio, en la Avenida Reverendo José Montero, 4, toda la vida. Cuando me licencié, comencé a trabajar con mi padre y en junio de 1982 cogí las riendas y el negocio se empezó a llamar Confitería Mantecados Molpeceres”, explica José.

Nuestro protagonista asegura que “lleva toda la vida” en el obrador, pero “suma 44 años al frente” del mismo. Desarrollando un trabajo artesano, en lo que a la alimentación y la confitería se refiere, de mucha calidad.

“Contamos con un total de 35 metros cuadrados de obrador que se sitúa debajo de la casa en la que vivo. Además, tenemos una tienda que está en el mismo edificio y que suma nueve metros cuadrados”, señala nuestro entrevistado.

José pasó de ayudar a su padre de pequeño, poniendo fechas y etiquetas, a llevar el negocio durante más de 40 años. Casi nada.

Su oferta y los mantecados

Hacemos mantecados de Portillo, ciegas, amarguillos, pastas de almendra, yema, de avellana o bollos de aceite. Soy de los que piensan que el que mucho abarca poco aprieta. Es por ello que hago pocas cosas, pero todas muy buenas. Todo artesano y elaborado por mí”, explica nuestro entrevistado.

José Molpeceres en su obrador elaborando los mantecados.

José Molpeceres en su obrador elaborando los mantecados. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Amante de juntarse los sábados con sus amigos a compartir mantel, de los viajes, y de tocar el piano, José nos atiende mientras elabora sus famosos mantecados de Portillo, que triunfan por su sabor y elaboración.

“Es lo que más me pide la gente. Nuestro mantecado es especial. Son muchos los años de experiencia haciéndolos y el cariño que hay detrás. Lo fundamental, y la clave del éxito, es el equilibrio entre todos los ingredientes. Eso es lo más importante”, señala nuestro protagonista.

Manteca de cerdo, harina, aguardiente anisado y una pizca de canela… pero el ingrediente más importante que aporta José a sus elaboraciones pasa por ser ese amor que pone a todo lo que hace. También llevan yemas de huevo y azúcar para cubrir y bañar las elaboraciones.

Hago 100.000 mantecados al año aproximadamente. Su precio es muy bueno. Casi 5.000 cajas. Hay mucho trabajo detrás de cada una de ellas. Horas, esfuerzo y dedicación”, añade el confitero.

Un duro trabajo a lo largo de tanto tiempo que va a acabar en la jubilación de este gran profesional.

Productos de la Confitería Mantecados Molpeceres en Arrabal de Portillo.

Productos de la Confitería Mantecados Molpeceres en Arrabal de Portillo. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Jubilación

“Me jubilo. Tendría que cerrar en julio, que es cuando cumplo 65 años, pero voy a aguantar hasta diciembre. Ahí acabará la historia de la Confitería Mantecados Molpeceres, si no surge alguien interesado en coger un negocio que cuenta con clientes fieles y con toda la maquinaria. Estoy abierto a todas las opciones que se puedan dar de alquiler o venta con tal de que alguien se haga cargo del negocio y pueda continuar”, explica nuestro entrevistado.

José añade, sobre que alguien se haga cargo del negocio en estos meses hasta que en diciembre se jubile, que “de momento el teléfono no suena” pero que “la esperanza es lo último que se pierde.

“Si nadie lo coge, el negocio que abrió sus puertas allá por 1962 dirá adiós y bajará la persiana como otros tantos. Lo hará en diciembre. Es ley de vida. Las cosas nacen, crecen y se mueren. No hay relevo generacional en la familia. Mis hijos tienen sus trabajos”, afirma.

El confitero asegura que está “orgulloso” de “haber puesto las piedras de la artesanía alimentaria de Castilla y León” y añade que su “espinita es no haber podido lograr una marca de calidad para el mantecado de Portillo”.

“No sé si el día que me jubile me echaré a reír o a llorar. Creo que haré las dos cosas. Reiré de alegría por ver hasta donde he llegado y lloraré de tristeza por algo que me ha dado la vida durante tantos años”, explica nuestro protagonista.

De momento, piensa en todas “las actividades pendientes” que tiene después de estar años y años trabajando y en disfrutar de una jubilación merecida.

Se acaba una etapa de la vida y empieza otra. Hemos ido quemando muchas hasta llegar aquí. Al final son las experiencias vividas, las buenas y las malas, las que forjan el carácter de una persona”, finaliza.