Alberto García, vallisoletano, posa en el Estadio Cartuja tras la final de la Copa del Rey

Alberto García, vallisoletano, posa en el Estadio Cartuja tras la final de la Copa del Rey Cedida

Valladolid

De Arrabal de Portillo al Teatro Real: Alberto García, el “chico de pueblo” que baila junto a Peso Pluma, Anitta y Edurne

Con solo 22 años, este vallisoletano ha actuado en la final de la Copa del Rey de fútbol y tiene una carrera meteórica: “Siempre nos han vendido que es cuestión de suerte… pero no. Hay mucho trabajo detrás”

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Este sueño comienza en un pequeño pueblo de Valladolid. Arrabal de Portillo, a 25 kilómetros de la capital y de 1.670 habitantes. Un sueño que, de momento, no tiene final porque se sigue escribiendo, ahora mismo en Madrid.

La historia de Alberto García es de esas que hay que contar para saber cómo un “chico de pueblo” acaba al lado de Edurne, Dani Ocean o Peso Pluma.

Con solo 22 años, este joven arrabalero ha pasado de aprender pasos frente a una pantalla de televisión o de móvil a subirse a escenarios de primer nivel.

Es una historia con la que se demuestra que cuando el talento se mezcla con trabajo y convicción, el camino no tiene límites.

“Soy un chico de pueblo”, dice con naturalidad al comenzar la entrevista con EL ESPAÑOL Castilla y León. Pero detrás de esa sencillez hay una historia marcada por la música y la familia.

Su padre es batería; su hermano, también músico; una prima en el conservatorio; una tía profesora. Así que no quedaba otra. “Lo llevo de familia”, explica. Ese entorno fue el cóctel perfecto para que, casi sin darse cuenta, el baile entrara en su vida.

Alberto empezó como empiezan los jóvenes actuales: imitando vídeos. “Desde los 10 años me aprendía coreografías viendo videoclips”, recuerda.

Actuando en el Arenal Sound

Actuando en el Arenal Sound Cedida

No fue hasta los 12 cuando dio el salto a una escuela de baile en Valladolid, donde comenzó a formarse de manera más seria. Allí descubrió otros estilos y también una disciplina que le ha acompañado siempre.

Pero llegan momentos en la vida en los que hay que tomar decisiones difíciles. Es lo que tiene crecer y madurar. Y Alberto lo tuvo claro pronto: “Cuando acabé mis estudios decidí ser bailarín y apostar por ello”.

Ese salto le llevó a la capital, Madrid, donde se formó en una escuela profesional y comenzó a entrar en la industria.

Dice que es “un bailarín versátil” porque no se encasilla en un solo estilo, aun así, tiene claras sus raíces: “Mi estilo primordial es el waacking y el hip hop”, explica.

Esa combinación entre técnica, libertad y energía también se refleja en su trayectoria, donde puede pasar de batallas de freestyle a coreografías en grandes producciones. “Puedo ir a un casting y voy seguro”, afirma bailando sobre un suelo firme.

Abrirse paso en la industria

Dicen que en la vida nada llega por casualidad y aunque este vallisoletano asegura que cree más en el trabajo que en la suerte, es consciente de que siempre tiene que haber un pellizco.

“Las puertas se abren siendo muy constante, sabiendo cuál es tu foco”, afirma. Y añade algo clave en su trayectoria: “Saber moverse también es importante… pero sobre todo la ilusión”.

Esa combinación de trabajo, estrategia y pasión le ha permitido formar parte de proyectos con artistas reconocidos, participar en festivales como el Arenal Sound o actuar en escenarios emblemáticos.

A lo largo de su aún joven carrera, García ya ha compartido proyectos con nombres destacados de la música actual. Ha participado en trabajos junto a Anitta y Peso Pluma en el videoclip Bellaqueo, además de colaborar con artistas como Danny Ocean o Edurne. Esto va en serio.

Actuación de Alberto García en la final de la Copa del Rey

Actuación de Alberto García en la final de la Copa del Rey Cedida

Pero si hay un momento que resume su crecimiento reciente es uno muy concreto: “Recientemente estuve bailando en la final de la Copa del Rey en el estadio de La Cartuja”.

Para alguien que hace apenas unos años bailaba en su pueblo, ese salto tiene algo de vértigo. Aunque él lo vive de otra forma: “Intento vivirlo en el presente. A veces es algo tan momentáneo que se te escapa”.

El salto al Teatro Real

Si hay un punto de inflexión en su carrera, es su llegada al Teatro Real. Allí durante estos días participa en la ópera Romeo y Julieta, un entorno muy distinto al de la danza urbana donde se formó.

“Todavía estoy tratando de asimilar todo lo que me está pasando”, y es que para un “chico de pueblo” no es fácil. Lo que más le emociona no es solo el escenario, sino el camino recorrido: “Para mí es un orgullo estar representando una ópera con un estilo que aprendí cuando yo estaba en Valladolid”.

Durante 13 funciones, Alberto se mueve entre “la tradición escénica y la energía urbana”. En este caso se trata de una mezcla que define también su identidad como bailarín: “Me considero versátil… puedo ir a una batalla de freestyle y luego hacer una coreografía”.

A pesar del ritmo vertiginoso de su carrera, hay algo que Alberto no pierde de vista, como son sus orígenes. “Yo siempre vuelvo al pueblo”, insiste. Valladolid sigue siendo su punto de referencia en todos los aspectos.

De hecho, uno de sus sueños tiene mucho que ver con eso: “Sería increíble coreografiar a un artista y llevarlo a mi ciudad en fiestas. Sería cerrar un círculo”. No lo plantea como una meta lejana, piensa como una forma de devolver lo aprendido. Ya ha estado en la Plaza Mayor, pero quiere más.

Un mensaje para los que empiezan

Más allá de los escenarios, Alberto tiene claro que su historia puede servir de impulso para otros jóvenes, especialmente los que, como él, vienen de entornos rurales.

Su mensaje es directo: “Que sean ellos mismos, que no se pongan excusas ni límites. El que pone los límites es uno mismo”.

También desmonta una idea muy extendida, que es la del éxito ligado únicamente a la suerte o al contexto. “Siempre nos han vendido que es cuestión de suerte… pero no. Hay mucho trabajo detrás”.

Y si hay una palabra que resume su camino, esa es “ilusión”. Porque, como él mismo dice, “lo que me ha movido han sido las ganas y visualizar mis sueños”.

Alberto García no habla de horizontes ni de metas. Prefiere pensar en lo que queda por recorrer. Su gran objetivo: “Hacer una gira mundial con un artista que me inspire”.

Porque si algo demuestra su historia es que, incluso desde un pequeño pueblo de Valladolid, los sueños pueden bailar en escenarios muy grandes.