Sor Ester, con alguno de los dulces que se preparan en el obrador, atiende a EL ESPAÑOL de Castilla y León.
Las monjas de clausura de Valladolid que hacen dulces divinos desde hace 46 años en un convento del siglo XVI
En el año 2025 la Guía Gastronómica Repsol les otorgó un Solete por sus dulces artesanos, de gran calidad y que elaboran en el obrador del monasterio. Son una gran opción para la Semana Santa.
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En Valladolid están presentes las monjas clarisas de Santa Isabel de Hungría. La comunidad toma el nombre al ser considerada un símbolo de la caridad cristiana en toda Europa desde su canonización en 1236.
Fallecida en el año 1231, con 24 años, hija de los reyes Andrés II y Geltrudis de Hungría, se quedó viuda a los 16 años, dedicando toda su riqueza a la construcción de hospitales y a la atención de los pobres.
Allí, en el Monasterio de Santa Isabel de Hungría que se ubica en la calle Encarnación número 6 de la ciudad del Pisuerga viven, en la actualidad y como nos cuenta Sor Isabel, un total de 15 hermanas.
Hacen unos ricos dulces que han recibido, el pasado año 2025, un Solete de la Guía Gastronómica Repsol. Todo para poner en valor estos dulces artesanos por su tradición y gran calidad que son elaborados en el obrador de su monasterio.
EL ESPAÑOL de Castilla y León visita este obrador para charlar con Sor Ester que nos cuenta todos los secretos de sus elaboraciones.
Imagen del exterior del convento.
Sor Ester y los dulces
“Me defino como una más de la comunidad. Una hermana más. En el obrador trabajamos todas de acuerdo. Todo está hecho en fraternidad y unidad”, asegura Sor Ester Vega García, en declaraciones a este periódico.
Ella es una de las que sacan adelante, cada día, los dulces que reclaman decenas de vallisoletanos y turistas por su calidad y buen sabor.
Nació en Tordehumos, tiene 75 años y entró en el convento cuando solo tenía 17. Es decir, lleva 57 en el lugar. Es una voz autorizada para dar a conocer todos los detalles de sus dulces.
“La fundación de las Monjas Clarisas de Santa Isabel de Hungría fue hace 550 años. Esos llevamos en Valladolid. Haciendo dulces llevamos 46. Se trata de un empleo familiar para sostener nuestras actividades anuales. Vivimos de nuestro trabajo”, afirma Sor Ester.
En total son cinco las monjas que trabajan, mientras nosotros charlamos con Sor Ester, para hacer los más ricos dulces en el lugar.
Sus elaboraciones
“Elaboramos los dulces todos los días del año. Hacemos dulces secos y bollería, pero pastelería no. Se lo vendemos al público general desde el propio convento porque no tenemos tienda particular”, nos explica nuestra entrevistada.
Las monjas elaborando los dulces en el obrador.
Tienen lo que ellas denominan dulces secos propios para el desayuno como magdalenas, sobaos, mantecadas y mostachones, que pasa por ser un dulce redondo para mojar en café con leche.
Son varios los clientes que acuden durante la conversación que también reclaman ochos de chocolate que son elaborados por las propias monjas y que están para chuparse los dedos.
Sus sabosos ochos de chocolate.
“En Semana Santa no hacemos ningún dulce nuevo, pero vendemos todos los que tenemos. Es una buena época del año para nosotros porque la gente está en la calle y viene a comprar nuestros dulces”, apunta nuestra protagonista.
Asegura que “no hay una que se venda más que otra” pero que, sobre todo, las magdalenas tienen un “gran éxito en el consumidor”.
El Solete Repsol
“El año pasado nos dieron un Solete de la Guía Repsol. Es un reconocimiento que se agradece. Nuestro secreto es utilizar la materia prima de la mejor calidad. Mantequilla, almendra pura o harina de trigo y dedicarle mucho esmero y amor”, añade.
Las monjas también notan la subida de las materias primas a la hora de hacer sus delicias, pero intentan que esta no repercuta en el consumidor con una subida en el precio de sus piezas.
“La harina, las margarinas, las mantequillas o el chocolate. Todo ha subido mucho de precio. Creemos que el cliente se va contento porque son muchos los que vienen después para repetir. Eso es que les gusta y que lo estamos haciendo bien”, añade Sor Ester.
Las monjas se muestran agradecidas a todo aquel que compra las delicias de su obrador y, mirando al futuro, apuntan que “viven el día a día en la presencia de Dios” si no “nada tendría sentido”.
Tampoco unos dulces divinos que quitan el sentido y enamoran a todo el que los prueba.