Susana Acebes Martín en su mercería de Peñafiel
Susana, propietaria de la única mercería de Peñafiel: "Semana Santa es más estresante, pero es un esfuerzo por mi pueblo"
La costurera sueña con poder jubilarse en su negocio, pero es consciente de que las grandes superficies e internet han hecho decaer su oficio: "He oído que piden hasta alfileres por Amazon".
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La realidad es muy distinta a cuando empezó hace ya cerca de tres décadas. Jubilarse en su negocio no es solo un objetivo, sino que incluso lo considera un sueño. Pero a pesar de ello, en épocas como Semana Santa ni las grandes superficies ni internet sustituyen a su oficio, que lucha contra estos gigantes como medianamente puede.
Susana Acebes Martín, de 56 años, es la propietaria de La Aguja y El Dedal, la única mercería que hay en Peñafiel (Valladolid). Aquí empezó poco después de sacarse el título de modista con 19 años, en un negocio que era de sus padres y que montaron hace alrededor de cuatro décadas junto a otro establecimiento que tenían, una tintorería, pensando, precisamente, en el futuro de su hija.
"En Semana Santa es más estresante, pero es un esfuerzo por mi pueblo", apunta en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León la propietaria de la única y más antigua mercería del pueblo vallisoletano.
Para Susana, la costura es "una droga". Es esta pata del negocio, concretamente, la que de momento le permite seguir funcionando. "Si no fuera por eso tendría que cerrar. Y eso que me va muy bien, pero no es lo de antes", lamenta.
Y es que esta experimentada costurera reconoce que la deriva del oficio es real. Incluso teniendo en cuenta que ella no tiene que pagar alquiler por el local. "Para que me quede algo, tengo que hacer mis horas en casa", precisa.
Además de arreglos, que es lo que ahora principalmente demanda el cliente, Susana comercia con tejidos, mercería, ropa interior y lencerías. Son los primeros los que "están decayendo mucho" debido a que, cada vez, hay "menos modistas".
"Ya no es que no vendamos tejidos, es que los almacenes están cerrando. Un pueblo no puede ir a comprar a una fábrica porque lo que venden son piezas de 25 metros y aquí somos 5.000 habitantes, iríamos como la Semana Santa, todos iguales", ironiza.
Son los almacenes más pequeños los que están sufriendo esta decadencia del oficio de modista, viéndose obligados a abandonar su actividad. Es como la pescadilla que se muerde la cola.
De la confección a los arreglos
Con la llegada de la Semana Santa, Susana ve como la carga de trabajo aumenta, pero especialmente por la obligación de tener los encargos para días concretos.
A su tienda llegan alrededor de una docena de hábitos y capas de cofrades de Peñafiel cada año. Antes eran el doble, pero en la mercería eran dos personas y hoy únicamente está Susana.
"Ahora estoy sola para todo. No me da tiempo para estar en el mostrador y luego darme la turra cosiendo", explica.
En la actualidad, la costurera se ha visto empujada a dejar la confección "un poco de lado". Primero, porque no da para más. Y segundo, porque "las manos ya piden cambio, la espalda también, y esto es lo que te ha tocado y punto".
Su actividad se centra especialmente en los arreglos. "Me estoy dedicando más a lo que la gente pide", puntualiza. Algo que difícilmente podrá sustituir el gigante de internet.
Al ser la única costurera de su pueblo, Susana afronta la Semana Santa sabiendo que se tiene que dar una "paliza" a coser, pero porque "no hay muchas por la zona, dónde van a ir hacerlo (los arreglos)". "Me da pena", subraya.
Además, reconoce que no tiene la capacidad suficiente para recibir encargos de arreglos de clientes que no son de Peñafiel en estas fechas. "Sí me ha venido alguna vez gente de la capi (Valladolid) porque se han enterado de que yo los hago, pero lo rechazo, no me da para lo de fuera", admite.
"Amazon para cualquier cosa"
A nivel de productos, Susana ha sufrido fuertemente el incremento de las compras por internet. "Si no hay ventas, esto no funciona", señala.
Algo con lo que tiene que lidiar, es que "la gente echa mano del Amazon para cualquier cosa, hasta para comprar alfileres". "He tenido clientes que vienen aquí y me han pedido unos que piquen porque los otros no lo hacen", reconoce.
Para este tipo de productos, Susana invita a la gente a que "primero" vaya a su tienda y ya luego, si eso, pidan por internet.
En conclusión, incide en que el 'tú a tú' solo lo tiene el comercio local. "En las grandes superficies no lo van a tener, ni te van a decir que no te lleves esto, llévate lo otro", asegura.
Ella sueña con poder jubilarse en su mercería y espera que, aunque comprar en internet y grandes superficies sea "más fácil", la gente siga apostando por el comercio local. "A mí me gusta tocar las cosas", zanja.