Carlos Manuel Alcaide en Ajo y Limón.
Carlos (40), un trotamundos de la cocina abre una nueva bocatería en Valladolid: “Todo son gastos y estoy yo solo”
“Al final, la idea siempre será hacer elaboraciones que solo se puedan encontrar en nuestro local, de calidad, y a un precio asequible”, explica el madrileño que abrió en diciembre de 2025 su local.
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Carlos Manuel Alcaide Izquierdo es un hombre, de 40 años y nacido en Madrid, que tiene las cosas claras. También cuenta con un brillante currículum ya que ha trabajado con grandes maestros de la cocina, como por ejemplo puede ser Martín Berasategui, entre otros.
El pasado 20 de diciembre abrió Ajo y Limón, un local de unos 70 metros cuadrados que nacía con el propósito de convertirse en un restaurante con cocina en el que comprar platos de calidad extrema para llevar a casa.
Carlos Manuel y un amor por la cocina
“Nací en Madrid, pero debido a que lo hice con una enfermedad pulmonar, los médicos recomendaron a mis padres que se mudaran a la costa. Nunca me gustó estudiar así que, desde los 16 años trabajé en miles de cosas, pero nunca terminó de encajarme nada”, asegura, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León Carlos Manuel Alcaide Izquierdo.
Nuestro protagonista, de 40 años, nació en Madrid, se crio en Almería y en la actualidad reside en Valladolid, donde espera quedarse. Cocinero de profesión, con 20 años de experiencia en el mundo hostelero, es padre de dos pequeños y amante de los videojuegos, el Manga y la cocina.
“Cuando salí de casa me tocó hacerme cargo de mí mismo y pronto descubrí que la cocina me gustaba. Con el tiempo, una persona importante para mí me comentó que era algo que se me daba bien y decidí darle una oportunidad”, añade nuestro protagonista.
Fue por ello que se puso a estudiar y consiguió completar los estudios con buena nota. De hecho, pidió que le mandaran al restaurante de Almería, donde más podía aprender.
En concreto acabó en Casa Sevilla, un restaurante en el que ofertaban un producto de mucha calidad, bastante familiar, que funcionaba y donde los dueños eran buenos empresarios y personas. Hizo sus prácticas en el lugar, le ofrecieron trabajar allí y aceptó.
En un restaurante con Estrella Michelin
“Cuando pasaron unos años pensé que la cocina no podía ser solo eso y que tenía que haber más. En mi día libre me dediqué a mandar una carta a todos los restaurantes con Estrella Michelin. De los que me respondieron, me decidí por Lasarte, el tres estrellas de Martín Berasategui”, nos cuenta el madrileño.
Hizo las prácticas, pero no se quedó, tras una oferta. También pasó por Galicia para ser contratado en Culler. Después, comenzó su periplo por Valladolid. Había un establecimiento hostelero que estaba buscando personal cualificado en busca de la estrella, como era El Taller By Víctor Gutiérrez en Arzuaga.
“Sin terminar de llegar a un acuerdo claro me fui a trabajar a La Galera con Dámaso. Estuve con él bastante tiempo. Es un gran cocinero bajo mi punto de vista, uno de los mejores de Valladolid. Un poco cansado de cocinar siempre lo que alguien me decía que tenía que cocinar empecé a elucubrar un proyecto”, afirma.
Y así será como nacerá el Restaurante Ajo y Limón en Valladolid.
Su propio negocio
“Una vez tomé la decisión de montar un negocio, lo primero que hice fue conseguir asesoramiento en la ventanilla única en la Cámara de Comercio e Industria de Valladolid, donde me ayudaron muchísimo y fui capaz de desarrollar un plan de empresa que me llevo bastantes meses para obtener una idea que me parecía factible”, asegura nuestro protagonista.
Pensando en su preparación, decidió no embarcarse en la apertura de un restaurante, pero tenía claro que quería algo que le permitiera “hacer su cocina”. Por eso optó por un local de comidas preparadas donde trabajaría “como en restauración, haciendo una cocina de autor de guisos, pero para llevar a casa”.
Así nació Ajo y Limón.
Carlos Manuel Alcaide a las puertas de Ajo y Limón.
El plan b
“Estuve muchos meses buscando un local para la actividad que tenía en mente, hasta que al final di con uno perfecto en la calle Gondomar número, 2, en el que podía sacar una salida de humos”, afirma el cocinero.
Un local pequeño, de 70 metros cuadrados, en una zona cercana a colegios y universidades que era un diamante en bruto para que Carlos desarrollara la actividad que quería poner en marcha.
“Después de mucho trabajo y de adaptar el local, que era una cocina abierta y ya, tuvimos problemas con los vecinos. Finalmente nos decidimos por la segunda opción que pasaba por ser una bocatería. Los principios básicos de Ajo&Limón siguen siendo los mismos, traer la experiencia de hostelería al local”, apunta.
“Todo es casero y lo hacemos nosotros”, añade. Tanto las salsas, como los postres y todo tipo de ingredientes que se elaboran al momento. Eso siempre será política del local.
“Otro de los retos que tenemos en mente pasa por conseguir dar de comer al barrio. Quizás no podamos ofertarles lo que teníamos pensado, pero seguimos queriendo trabajar, principalmente, con gente de nuestra zona. Dar servicio a estudiantes, a padres y madres con poco tiempo”, afirma.
Sabrosos bocadillos
En su bocatería cuenta con una oferta de ricas elaboraciones que hacen las delicias de muchos. Entre ellos está un bocadillo cubano que sirven en un pan blando con embutido de jabalí, panceta y bacon y queso con encurtidos caseros de pepinillos y con la salsa de mojo verde, cítrica y dulce y que está basada en el aliño típico que usaban para macerar la carne. Se termina en la parrilla.
“Tenemos una ensalada de pesto, que es muy sutil, de ricota, anacardos y espinacas babys con unos tomates confitados con especias y calabacín fermentado, como el cruchut, que da potencia al plato. Para dar algo de mordida, también agregamos semillas de calabaza”, nos explica nuestro protagonista.
También cuentan con postres como la copa Gin Tonic, que se compone de un bizcocho que viene bañado en almíbar cítrico, una crema de limón y un gel de Gin-tonic.
“Al final, la idea siempre será hacer elaboraciones que solo se puedan encontrar en nuestro local, de calidad, y a un precio asequible, ya sea entre dos panes o en un táper para llevar”, afirma.
Carlos Manuel Alcaide en el interior de su negocio.
Dos meses abiertos
El autónomo y “amado líder de la secta de Ajo&Limón”, como él mismo se define, nos cuenta que abrieron sus puertas el 20 de diciembre de 2025. Hace poco más de dos meses.
“Por ahora todo son gastos y estoy yo solo. La idea es tener a alguien con nosotros atendiendo, y yo cocinando, pero aún es muy pronto. Aunque al ser un local pequeño y centrarlo todo en la cocina, creo que tengo menos cosas que pagar que otros establecimientos hosteleros”, explica el trotamundos de la cocina.
Reconoce que, para poner el negocio en marcha, la inversión “no fue muy grande” pero que “ha puesto todo lo que tenía en ello” así que el objetivo que se marca ahora pasa por conseguir que “la gente abra la puerta y entre a comprar”.
“Aunque mi idea principal no era esta, no tendría ningún problema a la hora de seguir haciendo bocadillos. No conozco muchos locales más de este estilo en la ciudad. La idea de ser un local de comida para llevar donde puedas encontrar algo profesional, único y que sea una experiencia divertida y rentable económicamente sigue ahí”, finaliza Carlos Manuel.