María Ángeles Sanz se jubila tras 46 años al frente de la biblioteca municipal. Cedida
María Ángeles se jubila tras 46 años al frente de una biblioteca de pueblo en Valladolid: “Mi trabajo me ha hecho feliz”
Las redes sociales se han llenado de mensajes de agradecimiento para una mujer que durante años impulsó clubes de lectura y actividades culturales que hicieron de la biblioteca un lugar vivo.
Más información: Libros al aire libre: el pueblo de Valladolid que convierte sus plazas en bibliotecas abiertas las 24 horas
En los pueblos existen historias que no aparecen en los libros, pero que se leen en los recuerdos de sus vecinos. En Montemayor de Pililla (Valladolid) desde hace unos días hay un capítulo más para el recuerdo.
Durante casi 46 años, una de esas historias ha tenido el nombre propio de María Ángeles Sanz, la bibliotecaria que ha acompañado a varias generaciones entre estanterías, carnés de socio y veranos de lecturas que pasarán a la historia.
Esta semana, al cerrar la puerta por última vez, lo ha anunciado con emoción y alegría: “Hoy ha sido mi último día de trabajo. ¡Me jubilo!”. Una frase sencilla pero que resume casi cinco décadas de trabajo incansable.
“Ha sido un orgullo para mí haber sido la bibliotecaria de Montemayor de Pililla durante casi 46 años”, afirma. Para ella la biblioteca ha sido un espacio de encuentro más que de trabajo.
“Quiero dar las gracias a todos los usuarios y usuarias que durante estos años han hecho que mi trabajo me hiciera feliz”. La felicidad ha sido para ella ese niño que descubre su primer libro, o la de un adolescente que busca respuestas en la literatura, o la de un jubilado que encuentra compañía en las páginas.
María Ángeles Sanz ha sido testigo del paso del tiempo en este pueblo vallisoletano de 837 habitantes en 2025. Aquellos veranos en los que los niños llegaban buscando aventuras y, de paso, olvidaban la tarjeta de usuario. “No recordar dónde tenía la tarjeta y hacíamos una nueva cada verano”, rememora con humor uno de los vecinos en redes sociales.
Y es que durante años impulsó clubes de lectura y actividades culturales que hicieron de la biblioteca un lugar vivo. “Agradecer a todas las personas que han participado en los diferentes clubs de lectura, porque sin su ayuda no se podrían haber realizado muchas de las actividades que entre todos hemos hecho”.
La ya jubilada siempre habla en plural. También ha querido acordarse de sus compañeros bibliotecarios y de los Puntos de Información Juvenil, “más que compañeros hemos llegado a ser amigos”, y de los alcaldes y concejales que respaldaron su trabajo.
“Así, entre todos, hemos hecho una gran biblioteca”, en este caso no tan grande en metros cuadrados como una de la ciudad, pero sí extensa en recuerdos y vivencias.
"Una alegría triste"
Pero si algo ha quedado claro en las últimas horas es que su huella va mucho más allá de los libros. Las redes sociales se han llenado de mensajes que mezclan alegría y nostalgia.
“Es de estas alegrías tristes”, escribe un vecino que recuerda sus veranos infantiles entre préstamos improvisados. Otro mensaje resume el sentimiento general: “Después de tantos años ordenando historias, ahora empiezas un nuevo capítulo de tu vida”.
Hay quien le agradece haber sido el origen de su afición a la lectura: “Mi afición fue gracias a ti, que me comprendiste qué tipo de lectura me gustaba”. Y es que en los pueblos, las vocaciones por la lectura muchas veces nacen de la mano de quien sabe recomendar el libro justo en el momento oportuno.
Otros destacan su profesionalidad y su carácter: “Montemayor ha tenido una bibliotecaria de lujo”, “un pilar tan importante”, “tu forma de ser y tu sabiduría dejan una huella imborrable”, “siempre nos has transmitido tranquilidad”. En tiempos acelerados, ella fue pausa. En medio del ruido, silencio fértil.
Su despedida termina con un rotundo “gracias de corazón a todos y todas”. Ahora comienza una nueva etapa. Eso sí, quienes la conocen saben que no dejará de leer, ni de recomendar libros.
La biblioteca de Montemayor de Pililla seguirá abierta, pero durante mucho tiempo, al cruzar la puerta, muchos echarán de menos a María Ángeles, pero su espíritu seguirá presente entre páginas y páginas.