Carlos, junto a Félix y Lorena de izquierda a derecha en la entrevista con EL ESPAÑOL de Castilla y León.
Carlos (35) y Lorena (42) toman el relevo de su padre Félix en un bar de Valladolid: “Evitamos el cierre y estamos orgullosos”
Los hermanos cogen las riendas de un establecimiento hostelero que apuesta por sus orígenes, con la comida asturiana como protagonista.
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Estamos malacostumbrados, en las últimas fechas, a hablar de cierres de negocios, tanto hosteleros como no, por el hecho de no existir un relevo generacional. A que los hijos o las nuevas generaciones dentro de esas familias no cojan las riendas del bar de toda la vida, por ejemplo.
El comercio de proximidad, esas tiendas, negocios y, sobre todo, establecimientos hosteleros, dan vida y también dibujan la historia de un lugar en general, y de una ciudad en cuestión.
Sin embargo, hoy traemos el caso contrario. El de Carlos y Lorena Merino Romero, los hijos de Félix, el que fuera, hasta hace escasos meses, el dueño del Bar Porroncillo ubicado en la calle Lecheras número 4 de la ciudad del Pisuerga.
Tras la jubilación, a los 67 años, de Félix, los dos hermanos se han lanzado a la piscina para tomar las riendas de un negocio con ocho años de vida en el lugar y que tiene acento asturiano.
Juntamos a los tres para que nos hablen de esta bonita historia con el relevo generacional en el centro de todo.
Félix junto a sus dos hijos en el Bar El Porroncillo.
Dos personas trabajadoras
“Nos definimos como dos personas trabajadoras y a los que no les da miedo nada. Ahora hemos cogido el relevo de mi padre en el Bar Porroncillo y estamos muy ilusionados y contentos”, asegura, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, Carlos Merino Romero.
Carlos tiene 35 años y es un amante de los coches. Lorena tiene 42 y disfruta dando paseos por el pinar con sus perros. Ambos son asturianos de nacimiento, pero pronto, cuando él tenía dos años y ella diez, por el trabajo de su padre, tuvieron que marchar a León.
“Mi padre era viajante de ropa, como se llamaba por aquel entonces la profesión. Repartía ropa por las diferentes tiendas existentes. Llegamos a Valladolid, en concreto a Pedrajas de San Esteban, en el año 1998, y allí seguimos”, añade Lorena.
Carlos ha sido militar, carpintero y agricultor. Lorena, carnicera, panadera, pescadera y ha hecho bollería, entre otras cosas.
Ahora, ambos están al frente del Bar El Porroncillo y conservan también una dilatada experiencia en el mundo hostelero. La que les ha proporcionado su padre, Félix.
Félix y el relevo generacional
“Mi padre cogió las riendas del bar hace ocho años. Después se fue para volver y completar su vida laboral el pasado mes de diciembre. El día 28 se jubiló definitivamente y nos tocaba a nosotros empezar la aventura”, explica Carlos.
Fue entonces cuando el bar cerró para afrontar unas obras de mejora. Sobre todo, en la cocina, para que todo funcionara a las mil maravillas. El pasado 5 de febrero, El Porroncillo abría sus puertas con los dos hermanos al frente.
“Somos nosotros dos y contamos con una cocinera que ya trabajaba con nuestro padre y que lleva seis años al frente de los fogones”, explica Lorena, mientras atiende a los proveedores que no dejan de entrar al lugar mientras hacemos esta entrevista.
Imagen del interior del Bar El Porroncillo.
Un establecimiento hostelero coqueto y de algo más de 50 metros cuadrados. El teléfono suena también. Las reservas se suceden. Por algo es. Lo bueno siempre triunfa.
“Mi padre nos ofreció seguir. Él estaba cansado. Evitamos el cierre y estamos orgullosos de ello”, añade Carlos.
El objetivo de ambos hermanos pasa por la continuidad y seguir dando los mejores platos y el mejor trato a sus clientes.
Apuesta por la comida asturiana
“Queremos continuar con la misma línea que estaba siguiendo mi padre. Continuar con la comida asturiana, con la sidra, los quesos de Asturias y el cachopo. Además de ofrecer pollo al ajillo, chipirones y muchas más cosas”, apunta Carlos.
Como no podía ser de otra forma en un restaurante asturiano, el cachopo es la estrella de la carta. La auténtica especialidad. Cuesta 25,90 euros y hay de jamón o cecina, todo con queso asturiano.
El exterior del Bar El Porroncillo.
“Hemos tenido que hacer una inversión grande en la cocina, al final. Queremos seguir igual, que los clientes de antes sigan viniendo y que otros se animen”, apunta Lorena.
Miran al futuro con optimismo para poder seguir viviendo de un bar, El Porroncillo, que sigue más vivo que nunca tras la jubilación de Félix y la llegada de Carlos y Lorena.