Carlos e Iris a las puertas de su nuevo restaurante Jarana, en el barrio vallisoletano de Parquesol
Carlos e Iris, pareja, abren en Valladolid su primer restaurante castellano: "Es 80% tradición y 20% vanguardia"
Estos jóvenes apuestan por los "orígenes e historia" en un momento en el que "nuestra cultura gastronómica se está perdiendo".
Más noticias: Alejandro (54) y Diego (26), padre e hijo, abren un novedoso negocio en Valladolid: "Es un concepto muy americano"
Llegan con una carta de presentación que cuida lo más preciado para cualquier generación, que es la tradición. Iris García (30-11-1996) y Carlos Miguel (24-1-1995) huyen de la tendencia franquiciada o impersonalista actual en la hostelería. Lejos de caer en la ya habitual hamburguesería gourmet con pocos o ningún guiño local o de la cadena hostelera alejada del territorio, ellos han apostado por lo que creen que está desapareciendo, la comida castellana.
Esta joven pareja vallisoletana va a abrir el próximo domingo 22 de febrero, a partir de las 12:00 horas, el bar-restaurante Jarana, en el barrio de Parquesol. Carlos e Iris comenzaron su relación hace cuatro años y ahora emprenden lo que va a ser su primer restaurante conjunto. Algo que, por cierto, trasciende a lo empresarial y se dirige más a un proyecto de vida "familiar".
No reniegan de lo moderno, pues también incluirán "matices internacionales" que alejarán un poco algunos de sus platos de lo más clásico, pero definen a su oferta como "80% tradición y 20% vanguardia". "Nuestra base de la cocina va a ser la castellana", avanza Carlos, quien se encargará de la parte culinaria.
Carlos e Iris en la fachada de su nuevo bar-restaurante Jarana, en Parquesol
"Creemos que en Valladolid se está perdiendo mucho nuestra cultura gastronómica y a nosotros nos gusta mucho, queremos recuperarla", defiende Iris, que aunque podrá ayudar a Carlos entre los fogones debido a su personalidad "polifacética", será la encargada de estar tras la barra y de la atención al público.
Jarana no surge de la noche a la mañana, sino que es algo que llevan 'cocinando' casi desde el principio de su relación. "Hay gente que nos dice que lo tenemos fácil porque tenemos las ideas claras, pero es algo que llevo pensando toda la vida y a lo que se ha unido Iris ahora", apunta Carlos.
Jarana contará con un horario completo, abriendo al público de 07:30 horas hasta las 23:00. Desayunos, vermús, comidas, tardeos y hasta cenas. "Preferimos echar muchas horas pero ya para nosotros en vez de para otros", señala Iris.
Bien han experimentado durante su carrera profesional que la hostelería "es sacrificada", pero es algo que ellos viven con naturalidad y ganas. "Es un oficio muy bonito en el que si te gusta de verdad disfrutas con lo que haces y deja de ser un trabajo", asegura Carlos.
Contarán, no obstante, con apoyo. Y es que estos jóvenes no solo van a emprender su proyecto de vida, sino que también van a generar empleo. Para ello, han contratado a dos personas a 40 horas, uno para barra y otro para cocina. Además, los fines de semana tienen pensado contar con extras y en la inauguración de este domingo serán cuatro camareros y en cocina "dos o tres".
Jornadas gastronómicas
Su proyecto estará marcado por "platos muy nuestros" de la cocina castellana como las patatas a la importancia o unas carrilleras, pero también aprovecharán que cuentan con horno y parrillas para celebrar jornadas gastronómicas.
Estas se podrán centrar en elaboraciones como cocido, pinchos de lechazo o asados. Es una idea que tienen "para más adelante", según explica Iris. Jarana se presenta, en cualquier caso, como un sitio "informal, cercano, con un buen servicio de cocina y trato".
"El nombre incita un poco a ello", añade la joven. Aunque la barra y las raciones serán muy protagonistas, el tique medio para sentarse a comer estará entre los 20 y 25 euros por persona. "Si vienes a tapear hasta que el estómago diga basta", bromea Carlos.
En cualquier caso, no han querido recurrir a grandes márgenes y apuestan por precios más ajustados. "Tenemos oferta de chuletón de 45 días de maduración a 50 euros. Es un plato que para nosotros es muy poco rentable, pero nos da esa flexibilidad de ofrecer buen producto sin obligar al cliente a que se deje 100 euros", apunta el cocinero.
La elección de un horario extenso no es por casualidad o mera probatura, sino que conocen a la perfección el barrio. Carlos ya había trabajado en otro bar aquí y es un lugar que también frecuentaban desde pequeños. "Sabemos que Parquesol acoge muy bien la gastronomía, la gente se suele quedar aquí en vez de bajar al centro, y por eso hemos querido abarcar lo máximo posible", apunta el joven.
Además, también quieren ser un servicio para la que consideran la calle "con más comercio" de Parquesol. Jarana se ubica en Manuel Azaña, una vía donde "hay muchas tiendas que abren muy temprano" y sus responsables "no tienen un sitio para tomar aunque sea un café".
En este arranque, no obstante, tratarán de "tocar todos los palos (con los horarios) hasta dar con la tecla" y aseguran que "el negocio se definirá un poco en base a lo que el público pida".
Pero por eso también han querido apostar por los desayunos, aunque es un "tema complicado". "No es una franja en la que ganas mucho dinero, pero es verdad que nos gusta y hemos decidido apostar por ellos", reconocen.
"Es el sueño que teníamos"
Tras "un montón de años" de amistad, el amor surgió entre Iris y Carlos ahora hace casi cuatro años. Él ha estado dedicado a la hostelería desde hace casi 15 años, mientras que ella se introdujo en este mundo casi coincidiendo con el inicio de su relación después de haber trabajado en Fundación Personas.
Primero fue Carlos y un año después Iris, pero ambos emprendieron entonces un viaje con billete de vuelta a Formentera. Una etapa en sus vidas que sirvió para "hacer colchón" y ahora poder emprender en lo que hoy es Jarana.
"Esto es un poco el sueño que tenía yo y al que se ha unido ella. Yo antes he tenido otros proyectos, con amigos, como socio capitalista o asesorando a otros restaurantes, pero quería abrir algo familiar", relata Carlos.
Ambos han tenido claro siempre que se tenía que hacer realidad en Valladolid porque son dos jóvenes que están "muy arraigados a la ciudad". "Hemos sacrificado (en Formentera) unos años de nuestra vida para poder estar un poquito mejor aquí", zanja el joven cocinero.