Imagen de Diego y Daniela por tierras andaluzas.

Imagen de Diego y Daniela por tierras andaluzas. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Valladolid

Daniela (47), Diego (41) y una bella historia de amor por San Valentín: “Nació en un Erasmus y la distancia no acabó con ella”

Ella es chilena. Él es vallisoletano, con sus padres en la localidad pucelana de Bobadilla del Campo. “Nos ha costado mucho estar juntos”, señala la pareja.

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El Día de San Valentín, o simplemente San Valentín, pasa por ser una festividad de origen católico que se celebra, cada año, este 14 de febrero. Todo, como conmemoración de las buenas obras realizadas por San Valentín de Roma, relacionadas con el concepto universal del amor y la afectividad.

Arrancó como festividad litúrgica originada por la Iglesia Católica dedicada al martirio de San Valentín de Roma en el Imperio romano y, allá por el siglo XIV, se comenzó a asociar con el amor romántico tras la obra del poeta inglés Geoffrey Chaucer.

Poco a poco, la fiesta ha ido ganando importancia, con el paso del tiempo, para convertirse en el Día de los Enamorados o Día del Amor y la Amistad.

En una jornada tan especial como esta, EL ESPAÑOL de Castilla y León les acerca la historia de amor de Daniela y Diego que arrancó en una fiesta Erasmus. La distancia no ha podido acabar con una bella relación marcada por un complicado romance.

Los comienzos del romance y la distancia

Daniela Andrade es una mujer de 47 años que nació en Santiago de Chile. Estudió Ciencias Ambientales y trabaja en su sector en la actualidad. Diego Sánchez es un vallisoletano, de 42 años, que ha pasado gran parte de su vida en la localidad pucelana de Bobadilla del Campo y que estudió Ingeniería Mecánica. También trabaja en lo suyo.

“Vine a Valladolid en el año 2008 por una beca Erasmus a estudiar en la Universidad de Valladolid. Diego vivía en Madrid y nos conocimos en el año 2009, en una fiesta Erasmus. A partir de ahí tuvimos un pequeño romance hasta que volví a Chile”, explica Daniela, en declaraciones a este periódico.

La distancia, en un principio, no frenó lo que había nacido en aquella fiesta y mantuvieron el contacto durante los meses siguientes hasta que volvieron a encontrarse de forma presencial. La cosa cambió entonces.

“En octubre de 2010 nos volvimos a juntar en España y, tras esto, cuando Daniela llegó a Chile, el contacto se fue enfriando poco a poco porque era imposible seguir adelante por la distancia. Era lo más correcto en ese momento. Cada uno hizo su vida”, explica Diego.

Sin embargo, la vida les tenía guardada una sorpresa.

10 años después

“Pasaron diez años y, por casualidad, retomamos el contacto. Volvimos a charlar como antes hasta que nos juntamos para pasar unas vacaciones, pero, esta vez, en Chile. Fue increíble volver a vernos tanto tiempo después, más viejos, más reposados, más disfrutones”, señala Daniela recordando el pasado.

Diego se volvió a España y, tras este encuentro, como señala el vallisoletano, “la idea de estar juntos se fue transformando en algo más serio”. Cuando iban a concretar su sueño, llegó la pandemia del Covid-19, allá por el año 2020.

“Pese al coronavirus, en esta ocasión, no perdimos el contacto. En 2021 viajé a España para sorprender a Diego y comenzar una historia de amor juntos en Valladolid”, explica Daniela. “Nuestra historia de amor nació en un Erasmus y la distancia no acabó con ella”, añade orgullosa la pareja.

A partir de ahí, ha tocado remar mucho. Con momentos difíciles y otros más sencillos. De apostarlo todo para que la relación funcione.

“Nos ha costado mucho estar juntos”, apunta la pareja.

Diego y Daniela disfrutando en tierras asturianas.

Diego y Daniela disfrutando en tierras asturianas. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Su vida juntos

Estamos construyendo la vida en común que queríamos y que soñábamos. De forma diaria trabajamos, vamos al gimnasio juntos, porque nos relaja y también intentamos ir a Bobadilla del Campo cada 15 días”, nos cuenta Diego.

Esto del pueblo es un mundo nuevo para Daniela, porque no contaba con uno hasta ahora. Ahí ha conocido a la familia y amigos de su pareja que le tratan “con mucho cariño” y a los que está muy agradecida.

“Constantemente mantenemos también el contacto con mi familia de Chile. Mi adaptación a España ha sido muy sencilla y estoy muy feliz”, finaliza Daniela.

Una relación que demuestra, por San Valentín, que el amor puede con todo. También con la distancia que existe entre Santiago de Chile y Valladolid.