Eva Nieto posa sonriente

Eva Nieto posa sonriente Cedida

Valladolid

Eva Nieto (45), la vallisoletana que trabaja con las mejores marcas y artistas de primer nivel: “Mi agenda vale oro”

Desde la promoción y prensa de festivales y artistas como Lana del Rey, Imagine Dragons, DCode, hasta la creación y posicionamiento de marcas como Sennheiser, Klipsch y Wilson. Recuerda su conversación con el mítico fotógrafo Terry O’Neill: “Que no perdiera nunca mi cercanía y humildad"

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En el sector todos lo dicen sin dudar: “¿Quién no conoce a Eva Nieto?”. Su nombre aparece en muchas agendas por eso dice que la suya “vale oro”, en conversaciones discretas entre periodistas, artistas, managers y marcas que saben que, cuando ella está detrás, todo encaja.

La vallisoletana Eva Nieto (1980) no busca el foco, pero lo entiende mejor que nadie. Y quizá ahí resida su mayor talento. Es de esas personas que hace marca de ciudad, aunque muchos lo desconozcan.

EL ESPAÑOL Noticias de Castilla y León habla con esta profesional cuyo nombre está ligado a eventos, marcas y artistas de primer nivel: DCode, Lana del Rey, Residente, Imagine Dragons, Los40 Music Awards…

Tras formarse en Arquitectura de Interiores y trabajar en estudios de referencia en Madrid, decidió dar un giro a su carrera para adentrarse en el mundo del marketing y la comunicación, un cambio que marcaría el inicio de más de diez años de experiencia al frente de proyectos de alto impacto.

Desde la promoción y prensa de festivales y artistas como DCode, Lana del Rey, Residente o Imagine Dragons, hasta la creación y posicionamiento de marcas como JustEne, Sennheiser o Klipsch logrando su presencia en alfombras rojas su trabajo ha evolucionado de forma constante hacia sectores como la tecnología, el gaming, el sonido y el deporte-salud.

Hoy, desde Madrid y con proyección internacional, su cartera de clientes incluye nombres como Suunto, Sennheiser, Arozzi, Klipsch, Bresser, etc, además de proyectos de lujo como la firma internacional Casa Libertas, consolidando un perfil profesional versátil, estratégico y en permanente crecimiento. Talento vallisoletano en estado puro.

Sin embargo, cuando se le pide una anécdota concreta, Eva sonríe y marca límites. “Atesoro muchos momentos con compañeros y artistas nacionales e internacionales, pero prefiero guardarlos en mi intimidad. ‘Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas’”.

Eva junto a Enrique Bunbury, Josegirl y Juan Perez-Fajardo

Eva junto a Enrique Bunbury, Josegirl y Juan Perez-Fajardo Cedida

Hay, no obstante, un recuerdo que comparte con especial cariño: su encuentro con el mítico fotógrafo Terry O’Neill. “Acababa de fallecer David Bowie y estaba cansado de las mismas preguntas. Nuestra conversación fue fuera de los focos, relajada, sin entrevistas”. Eva llevaba una camiseta del Duque Blanco en su honor. “Le encantó”.

En un momento de la charla, O’Neill le dio un consejo que aún conserva: “Que no perdiera nunca mi cercanía y humildad a medida que fuera creciendo en mi estatus laboral”. Se despidieron entre risas recordando una canción: ‘Get Off My Cloud’.

Nacida en Valladolid en diciembre de 1980, se define como “leal, reservada con mi vida privada, comprometida con mi trabajo, constante y bastante perfeccionista”. Valores que aprendió desde casa. “He intentado crecer desde la honestidad y el esfuerzo, valores que me inculcaron mis padres y que me acompañan tanto en lo personal como en lo profesional”.

Su trayectoria no es una línea recta, sino un recorrido consciente de evolución. “Nunca ha sido un camino fácil, pero sí coherente”, resume.

Antes de dedicarse al marketing y la comunicación, estudió Arquitectura de Interiores y trabajó en estudios de gran prestigio. “Fue una etapa muy formativa y exigente, en la mejor época para la arquitectura y el diseño, pero sentía que necesitaba un cambio y que no era del todo feliz”.

"Me di cuenta de que lo que más me motivaba no era solo crear espacios, sino generar conexiones"

El diseño le apasionaba (y le sigue apasionando), pero algo se le quedaba corto. “Me inquietaba el mundo de la comunicación, el impacto directo de las ideas. Me di cuenta de que lo que más me motivaba no era solo crear espacios, sino generar conexiones”.

Del espacio al mensaje

Poco a poco, Eva encontró en el marketing una continuidad natural a su formación creativa. “Cuando un arquitecto o diseñador presenta un proyecto ya está ejerciendo unas dotes de marketing iniciales. Vender un concepto no es tarea fácil”.

Para ella, el salto no fue una ruptura, sino una especialización: “La comunicación combina creatividad con estrategia. No solo piensas en lo estético, sino en el mensaje, el contexto y la audiencia”.

Ese equilibrio entre análisis, intuición y storytelling marcó su entrada en el sector musical, especialmente en festivales y eventos. Un entorno tan vibrante como exigente. “La música te enseña a trabajar con emociones reales y con tiempos muy ajustados. Aprendes a reaccionar rápido, a improvisar soluciones y a entender comunidades muy fieles y exigentes”.

Pero también le enseñó algo fundamental: la honestidad. “Si el mensaje no conecta, el público lo nota enseguida”. Y la humildad. “En el ámbito artístico tienes que tener mucho cuidado de no caer en lo superficial ni en los egos. El foco no eres tú”.

Trabajar con figuras internacionales implica presión, pero Eva la relativiza. “Se gestiona con preparación, calma y siendo resolutivos. Detrás del artista o de la marca hay personas que buscan profesionalidad y soluciones”.

Esa misma filosofía se aplica a uno de sus sellos profesionales que es lograr que marcas emergentes vistan a rostros conocidos en alfombras rojas. “Desde fuera se ve el impacto, pero detrás hay mucho trabajo de relaciones, coherencia de marca y timing. No se trata solo de visibilidad, sino de que todo tenga sentido”.

Con el tiempo, su perfil se fue ampliando hacia sectores como la tecnología, el deporte, el gaming o la salud aplicada a la innovación. “Fue un paso natural. Comparten valores como rendimiento, comunidad e innovación”. Sectores que, según explica, conectan especialmente bien con el público actual porque “no venden solo productos, sino experiencias, identidad y bienestar”.

Eva tiene claro qué buscan hoy las marcas tecnológicas: “Credibilidad y cercanía. Ya no basta con hablar de innovación; hay que demostrar utilidad real y valores claros”. Traducir la tecnología a un lenguaje humano es, para ella, la clave.

"Credibilidad y cercanía. Ya no basta con hablar de innovación; hay que demostrar utilidad real y valores claros”. Traducir la tecnología a un lenguaje humano es, para ella, la clave"

En el sector del lujo, el enfoque cambia. “El ritmo es distinto y el nivel de detalle mucho mayor. En el lujo cada mensaje cuenta y el silencio también comunica. Se trabaja la narrativa y la coherencia a largo plazo, no la inmediatez”.

Tras más de una década de carrera, su motivación sigue intacta. “Seguir aprendiendo. La evolución constante me obliga a reinventarme y a no acomodarme”.

Valladolid, la espinita pendiente

Aunque su carrera se ha desarrollado en entornos nacionales e internacionales, Valladolid sigue siendo un punto emocional importante. “Me gustaría desarrollar proyectos vinculados a la cultura y la innovación, conectando talento local con marcas y plataformas de fuera. Quitarte la espinita de no haber aportado tu talento al lugar donde naciste”.

"Me gustaría desarrollar proyectos vinculados a la cultura y la innovación en mi ciudad, Valladolid"

Ya hubo guiños, como los premios honoríficos a Bunbury o Ángel Nieto en la concentración motera Pingüinos. Y ve potencial: “Valladolid puede ser un punto de encuentro creativo, aunque aún falta trabajo. No es solo una cuestión geográfica, sino de mentalidad”.

También lanza una advertencia clara: “Vivimos un boom de ‘especialistas’ en redes sociales que prometen el éxito jugando con el algoritmo. No caigamos en ese error. Las empresas necesitan visión, profesionalidad y redes bien construidas”.

Si tuviera que definir su trayectoria en una sola palabra, lo tiene claro: “Evolución”. Y el consejo que da a quienes quieren reinventarse resume bien su propio camino: “Que no tengan miedo a empezar de nuevo. Reinventarse no es borrar el pasado, sino reinterpretarlo”.