Javier, de la Bocatería Piccolo, se jubila tras 11 años cerrando las noches de fiesta en Valladolid
Javi, bocatero del Piccolo, se jubila y despide las noches de fiesta de Valladolid: "Son 11 años de historias, casi todos buenas"
El próximo mes de abril pondrá punto y final a su etapa en uno de los negocios nocturnos más famosos de la ciudad del Pisuerga, para el que busca un traspaso que siga su senda.
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La verja está echada, el mostrador vacío y las luces apagadas. Es lunes y la Bocatería Piccolo está cerrada, pero el cubo con agua jabonosa y la fregona dejan entrever que ha sido un fin de semana de movimiento en este pequeño local de apenas unos pocos metros cuadrados en la calle Macías Picavea.
De la trastienda sale Francisco Javier Sánchez Villares, sin mandil ni gorra, como es habitual verle, pero se los pone por iniciativa propia para la foto. De su voz se extrae el cansancio que supone estar 11 años trabajando en la noche, de jueves a sábado, todas las madrugadas, sin excepción. Pero esto no borra tampoco su sonrisa y fina ironía.
Muchas de las noches de centenares, quizás miles, de jóvenes y no tan jóvenes se han visto salvadas por las manos de Javier y sus bocadillos, en esos instantes en los que el cuerpo pide introducir algo sólido tras una maratoniana jornada de fiesta antes de emprender el camino de vuelta a casa.
Francisco Javier Sánchez Villares a las puertas de la bocatería Piccolo
Pero ahora, la etapa de Javier se termina. Le ha llegado la hora de jubilarse. Se marchará en abril y hasta entonces busca traspasar su negocio para que alguien siga con él, introduciendo bocadillos o pizzas nuevas, pero que la esencia de Piccolo continúe latiendo en la noche pucelana.
"Aquí hay 11 años de recuerdos en fotos", explica a este periódico sobre la cantidad de imágenes que forman una especie de mural tras el mostrador. Incluso se ha ofrecido a regalársela a los clientes que las protagonizan a modo de agradecimiento por todos estos años.
La historia
Cierto es que Javier lleva al frente de Piccolo desde 2015, pero hay que remontarse unas tres décadas para encontrar el origen de este icónico negocio. En un principio se concibió como un pequeño local de chucherías, pero su anterior propietario, Rafael, decidió transformarlo en una bocatería nocturna, siendo una de las primeras de Valladolid.
"Se dio cuenta (Rafael) de que aquí había dinero, pero de noche, y entonces empezó en ello", explica Javier. Él llegó hasta aquí después de una lesión de rodilla que le impidió seguir trabajando como pintor en la construcción. "Me costaba mucho subir a andamios", recuerda.
Fue su hija Irene, que por aquel entonces estaba trabajando como extra para Rafael, quien le contó a su padre que el anterior propietario se iba a jubilar por enfermedad. "Y dije, pues para adelante", señala con su peculiar naturalidad.
Para Javier, esta época ha ido "muy bien" porque "trabajas tres días y claro, es distinto que en construcción". "No pasas ni frío ni calor", bromea. Abierto entre las 19:00 y las 06:00 los jueves, viernes y sábados, reconoce no obstante que la noche es "dura".
En todo este tiempo, las vivencias de este salmantino, pero que acabó afincado en Valladolid tras hacer la mili, han sido "casi todas buenas". "La mayoría de la gente sale a divertirse, a comerse un bocata y sí que viene algún chico o chica que tienes que decirle que no beba más, pero esos son consejos que tú das siempre", relata.
Aunque también le ha tocado vivir "algún rollo malo", señala que esto siempre ha sido una "minoría". El día que diga adiós definitivamente a Piccolo, Javier asegura que se pasará "a ver cómo va", aunque reconoce que no dejará verse mucho por la noche porque "está un poco cansado".
Es consciente de que ese día sentirá pena por tener que decir adiós a lo que ha marcado su última etapa laboral, en la que ha tenido la oportunidad de conocer no solo a los jóvenes vallisoletanos, sino también a estudiantes erasmus llegados desde Italia, Francia, Irlanda o Alemania, entre otras nacionalidades.
De esta década lo más bonito que se lleva es el "trato de la gente", pero también se marchará orgulloso por lo que él ha dado a los demás. "Ha habido veces que pasaban por aquí a última hora y he dicho venga, llévate esto que me va a sobrar y no lo quiero tirar. Me voy agradecido, la gente dice que Piccolo se porta muy bien, no tira la comida y a última hora la regala. Eso es lo bueno que me llevo", precisa.
Se va sintiéndose querido y consciente del vacío que va a dejar. "Aquí hay mucha gente que le da mucha pena que me vaya, pero hay que disfrutar un poco también, toda la vida trabajando tampoco se puede", señala.
De su sucesor o sucesora tiene claro que quiere que siga con Piccolo, bajo el mismo nombre y actividad. "Es un negocio que renta, se gana dinero pero es la noche y hay que aguantar mucho aquí", precisa. Para ello, pone su número de teléfono (679 797 134) a disposición de los interesados.
Javier despide la noche vallisoletana y lo hace tras 11 años salvando a muchos jóvenes con sus bocadillos, quedando para siempre su gran estrella de la carta, el de pollo con alioli. Aunque bromeando, ni él ni su mujer, Mercedes, quieren desvelar la receta. Pero si te pasas por allí para despedir al bocatero, quizás te puedes llevar el último gran secreto de este carismático salmantino.