Imagen de Judith en la Pescadería Eugenia tras su cierre.
Judith (52) cierra un negocio histórico en Valladolid: “Vendíamos 300 kilos por semana. En Navidad más”
Ha estado en el mítico negocio un total de 34 años, 26 como empleada, y casi siete al mando del mismo.
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“No te pertenece nada siendo autónomo cuando lo dejas y, a pesar de todo, lo dejo. Ya no quería este estrés ni estar pendiente del teléfono, de restaurantes y demás. Me agoté y perdí la ilusión”, asegura, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, Judith Prado Ramírez.
El pasado 17 de enero cerraba su Pescadería Eugenia en la calle Panaderos. Allí ha estado desde 1992. Primero como trabajadora, y desde 2018 como dueña. Ahora afronta un nuevo reto laboral con solo 52 años.
Amante del pádel, de la lectura, de escribir y de salir con sus amigos a conocer sitios y restaurantes, charlamos con ella en esta entrevista.
La vida de Judith y trabajadora en la pescadería
“Me defino como una persona responsable, activa, emprendedora, sociable y sin miedo a intentar las cosas. Si no te arriesgas, no ganas y no salen las cosas”, asegura, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, Judith Prado Ramírez.
Nuestra entrevistada nació en Valladolid. Lo hizo en el año 1973. Recuerda su infancia como “muy buena” y de forma “feliz”. Es la mayor de dos hermanas y tiene un cariño especial a sus dos padres, personas que califica como “increíbles con todo el mundo”.
“Cuando era pequeña, siempre me llamó la atención el hecho de ser policía. Finalmente, con 18 años, empecé a trabajar en la pescadería y lo que hacía me gustaba. Fue en 1992 cuando Santiago Bayo me contrata”, explica nuestra entrevistada.
Un lugar con mucha historia.
Coge las riendas en 2018
“Podría decir que, el 19 de octubre de 2018, la Pescadería Eugenia era mía tras la jubilación de Santiago. En ningún momento se cerró. Se fundó en 1928 y estuvo, anteriormente, en otro local de la calle Panaderos, después en Plaza Cruz Verde y, finalmente, aquí, en calle Panaderos número 39”, añade nuestra protagonista.
Por tanto, nuestra entrevistada ha sumado 26 años trabajando en el lugar como empleada y ocho como jefa, un total de 34 primaveras en un lugar de unos 120 metros cuadrados que ha sido su casa, durante todo este tiempo.
“He estado al mando casi ocho años. Vendía, principalmente, pescado. También ahumados, legumbres, congelados, productos derivados del pato… No sabría decir cual ha sido nuestra especialidad. Vendíamos 300 kilos por semana. En Navidad más”, añade orgullosa nuestra protagonista.
Todo sumando, no solo el pescado, sino también el marisco en las fechas navideñas, las mejores para el negocio.
Cierre
“Las ganancias también dependían de la época del año, pero había que quitar la cuota de autónomo, la seguridad social, la luz, el sueldo, los seguros y, cada tres meses, el IVA. Quedaba un sueldo normal, pero daba para vivir”, añade la comerciante.
Judith en su negocio tras cerrar.
Eso sí, tras hacer muchas horas y después de que el coronavirus influyera, para mal, en la marcha del negocio. Solo pudo mantener a una trabajadora porque muchos restaurantes, que eran clientes de la pescadería, tuvieron que cerrar sus puertas.
“Fue el 17 de enero cuando la tienda cerró de forma definitiva, aunque, hasta el 31 del mismo mes, estoy por allí rematando y recogiendo cosas. Me han ofrecido un trabajo, que no está relacionado con el comercio ni con el pescado. Es de profesora de autoescuela y estoy muy ilusionada”, señala.
Judith quiere tranquilidad en su nueva etapa. Eso es lo que más valora. No estar pendiente del Whatsapp, ni de clientes ni de restaurantes. Tener un trabajo que le guste y vivir de lo que hace sin estar pendiente del teléfono.
Ojalá que, en esta nueva etapa, lo consiga.