Valladolid

Agustín y su curiosa forma de predecir el tiempo

El Español Noticias de Castilla y León visita Tiedra para conocer la historia de Agustín Montoya Esteban, agricultor que se ha dedicado toda la vida a la labranza y que predice el tiempo con el método de las cabañuelas de Santa Lucía

11 septiembre, 2021 09:15

Palillo en boca y junto a su mujer Aurelia, Agustín Montoya Esteban recibe a El Español Noticias de Castilla y León en su casa. Concretamente en Tiedra, un municipio de la provincia de Valladolid que se ubica a 55 kilómetros de la capital pucelana en el extremo más occidental de la unidad territorial que constituyen los Montes o Páramos de Torozos.

Nacido en Benafarces, el 11 de octubre de 1936, no es Mario Picazo, tampoco Roberto Brasero ni José Antonio Maldonado, pero predice el tiempo con el método de las cabañuelas de Santa Lucía para guardar los datos en un cuaderno que tiene a buen recaudo. Él ya sabe todos los detalles meteorológicos de los meses que quedan hasta que finalice el año.

Así predice el tiempo Agustín



El 13 de diciembre es Santa Lucía. Mi método consiste en ver qué tiempo hace el 13 de enero y dependiendo de cómo haga ese día, así va a hacer ese mes. Con el 14 de febrero, el 15 de marzo, el 16 de abril igual y así hasta llegar al final del año”, explica Agustín orgulloso mientras mira al cielo nuboso de una tarde de septiembre en Tiedra.

Este agricultor vallisoletano utiliza el método de las cabañuelas de Santa Lucía para predecir el tiempo. Lo ha hecho a lo largo de toda su vida y facilitaba su labor en el campo porque se podía, así, anticipar a la situación. “En abril estaba muy atento a lo que ocurría el día 16. Nos interesaba que lloviera porque si eso sucedía conseguíamos tener buena cosecha”, añade el vallisoletano.

En cuanto al nivel y porcentaje de acierto confiesa que “antes era muy alto” ya que lo que apuntaba en su cuaderno como vaticinio “se terminaba cumpliendo” pero ahora añade que ha bajado debido a la influencia del “cambio climático” que tanto afecta al mundo entero y que hay que controlar a ritmo de políticas verdes para cuidar nuestro entorno, en el que vivimos.

Un cuaderno de oro



Agustín acude a por su cuaderno cuando le preguntamos por cómo hará de aquí a final de año. Lo que queda de verano va a ser “jodido”, afirma. Según sus predicciones, septiembre será un mes de “nieblas y buen tiempo” pero en octubre las “nieblas y la lluvia serán protagonistas”. En noviembre, como asegura Agustín, nos acompañarán las “nieblas y algo de lluvia” y cerrará el mes de diciembre con “frío” pero temperaturas “no demasiado gélidas”.

“A mí también me gusta decir que como haga el día de San Juan, el 24 de junio, va a hacer todo el verano. Este tuvimos un tiempo que estuvo revuelto realmente y es lo que estamos viendo en los meses venideros”, añade nuestro entrevistado.

Cuaderno, lápiz y palillo. Los cálculos de Agustín están reflejados con letra limpia y clara en esa suma de hojas que muchos matarían por tener. Los dichos, con la meteorología como protagonista, siempre en su boca. “No haría mal tiempo si no fuera el viento”, afirma en una tarde ya, cuando el sol se recoge, en la que la brisa hace acto de presencia.

Agricultor de la vieja escuela



Agustín llegó a Tiedra en 1960 para casarse y no salir del pueblo, tras 24 años en Benafarces, el lugar en el que nació. Estuvo unos años yendo a trabajar a San Cebrián de Mazote pero “iba y venía”. Desde pequeñito, agricultor y mirando al cielo pensando en el método de las cabañuelas de Santa Lucía para “salvar cosechas”.

Mi hijo tiene labranza aquí en Tiedra, cerca de la rotonda de entrada al pueblo, y le ayudo todo lo que puedo. Gracias a Dios estoy bien y puedo hacerlo con muchas  ganas para echarle una mano con lo que necesita”, afirma a pesar de estar jubilado desde el año 2.000.  

Además, ha resistido a la amenaza del coronavirus sin resultar contagiado pero mira al pasado con resignación, ante el problema de la despoblación. “Yo conocí Tiedra cuando había cinco farmacias, bares, más iglesias… Es un pueblo tranquilo pero cada vez va a menos por la despoblación”, finaliza.

Y lo hace mirando al cielo, ese que tiene en sus manos y que le dice con premura cuando va a llover y cuando no, para poder adelantarse a los acontecimientos.