Valladolid Antes de ir trabajar hago el reparto y cuando vuelvo de completar la jornada paso por la bodega, aunque siempre estoy pendiente y echo un vistazo a las cámaras”, explica Martín. Con el mimo en su trabajo de un agricultor de ecológico, Víctor, prefiere mantener el precio “ganar menos, pero establecerme en el negocio y darme a conocer”, porque el cigaleño tiene previsto que en el cultivo de setas ecológicas a ocho metros bajo tierra se encuentre su futuro laboral.

Cultivando setas a ocho metros bajo tierra

8 julio, 2021 11:19

Como algo casual y fortuito. Así se cruzó en el camino del cigaleño, Víctor Martín, el negocio familiar que lidera y que está en vías de expansión, el cultivo de setas. Aunque las suyas cuentan con una particularidad especial, ya que crecen gracias a la alta humedad y la temperatura estable que le ofrece el cobijo, a ocho metros bajo tierra, de una bodega subterránea del siglo XVIII. Hace más de 30 años que en sus instalaciones no reposa el vino en esta típica construcción de Cigales, tierra ligada a la uva, y con esta original iniciativa, Martín ha conseguido dar una nueva vida a esta centenaria construcción produciendo setas ecológicas con un impacto ambiental mínimo.

Orígenes



Hace dos años que Víctor y su familia compraron esta bodega de casi mil metros cuadrados con capacidad para albergar más de 355.000 litros de vino. “Estaba en ruinas, de aquí salía casi toda la producción de Cigales. Aunque nosotros la compramos para uso personal, como trastero y zona de merendero, es cierto que pronto pensamos en hacer algo más por las dimensiones que tiene, como ofrecer visitas guiadas a los visitantes, realmente quería diferenciarnos”, explica Martín. La reforma va poco a poco “con la cantidad de metros que hay, hicimos las entradas, varias salas y tendremos el 20% reformado, pero continuaremos con las obras”.

“Todo empezó como una broma”, confiesa el joven de 33 años. Su bombilla se encendió cuando su pareja le regaló una alpaca de setas para disfrutarlas en familia y entre amigos. “Las metimos en la bodega y crecieron muy bien, tenían mucha calidad y me empezaron a pedir los amigos, fue entonces cuando pensé que igual había que hacer algo”.  Aquel inocente regalo fue el origen de un cultivo de setas único en la capital, “soy el único que lo hace de esta manera, al menos en Valladolid y después de aquella alpaca vinieron más”. Bastantes más, ya que un año más tarde en plena pandemia decidió lanzarse a la piscina y darse de alta como autónomo, “acababa de recibir el certificado ecológico y las dos semanas nos confinaron, yo me veía con un montón de setas, más de 70 kilos, que no sabía cómo dar salida”, explica, aunque logró remontar la situación gracias a grupos de consumo ecológico, el ‘boom’ de la demanda a domicilio y las tiendas ecológicas.

Hoy, con un negocio nacido en el peor momento de una pandemia global, Setas Bodegueras, reparte seis variedades al 90% de los negocios ecológicos de la capital y vende todo lo que saca cada semana. “Con las tiendas, el boca a boca y las redes sociales siempre se sale la producción, que en este caso se trata de un producto mimado, más gourmet, con más sabor y presencia”, comenta Víctor, un emprendedor autodidacta.

Vigila a diario su cultivo. Literalmente. Pues ha instalado recientemente un sistema de cámaras para controlar el ciclo de crecimiento -de unos quince días aproximadamente- y vela porque la temperatura, la humedad, la ventilación y la iluminación, que reproduce mediante LED las horas de luz natural sean las adecuadas.

Producción

Semanalmente saca 45 kilos de champiñón portobello, 15 de blanco, 25 kilos de seta de cardo, 15 de seta de ostra, 20 kilos de sitake (la variedad más demandada en setas) y 12 de chopo; pero no solo vende a particulares y negocios de alimentación. Víctor está empezando a abrir camino hacia la hostelería local y de la zona, en establecimientos de Cigales y Cabezón, pero en un futuro tiene pensado expandirse a nivel gastronómico y vivir de este negocio, que hoy compagina con su reciente paternidad y un trabajo como asesor técnico en una empresa de bicicletas. 

“El tema del cultivo de setas es un trabajo agradecido, porque ves todo el proceso y tratas con la gente a la que le vendes tu producto. Antes de ir a trabajar hago el reparto y cuando vuelvo de completar la jornada paso por la bodega, aunque siempre estoy pendiente y echo un vistazo a las cámaras”, explica Martín. Con el mimo en su trabajo de un agricultor de ecológico, Víctor, prefiere mantener el precio “ganar menos, pero establecerme en el negocio y darme a conocer”, porque el cigaleño tiene previsto que en el cultivo de setas ecológicas a ocho metros bajo tierra se encuentre su futuro laboral.