Juan García y Arturo Francisco Barbero posan con su teléfono móvil creado en Segovia Cedida
El smartphone diseñado en un pueblo de Segovia para los menores de edad: "Hemos tenido pedidos de Holanda"
Su propuesta se materializa en el FocusPhone, un móvil que mantiene las funciones básicas como llamadas, mensajería o aplicaciones útiles, pero elimina o limita aquellas diseñadas para captar la atención de forma constante.
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Es un debate que tarde o temprano acaba por llegar siempre en todas las casas. El uso del teléfono móvil entre niños y adolescentes se ha instalado con fuerza en hogares, colegios e instituciones. Ni los padres con más mano dura pueden obviarlo.
Cada vez más familias en Castilla y León se preguntan si permitir a los menores tener un smartphone, y cuándo hacerlo, en un contexto donde la tecnología es indispensable, pero también plantea riesgos evidentes.
La cuestión no es sencilla. Está demostrado que prohibir completamente el acceso puede resultar difícil en una sociedad donde gran parte de la vida cotidiana, desde comunicarse hasta pagar o desplazarse, depende del móvil.
Sin embargo, un uso sin límites también preocupa a educadores y especialistas por su impacto en la atención, el descanso o la salud mental.
En este escenario aparece una propuesta con ADN de Segovia que intenta situarse en un punto intermedio.
La startup FocusWave, fundada por dos jóvenes de 20 años —Arturo Francisco Barbero y Juan García— ha desarrollado un dispositivo pensado para reducir distracciones y fomentar un uso consciente del smartphone desde el primer momento.
Su propuesta se materializa en el FocusPhone, un teléfono móvil que mantiene las funciones básicas que hoy se consideran imprescindibles —como llamadas, mensajería o aplicaciones útiles— pero elimina o limita aquellas diseñadas para captar la atención de forma constante.
Solo apps que quieres
El dispositivo permite instalar solo las aplicaciones seleccionadas al comprarlo. Entre ellas pueden estar herramientas prácticas como WhatsApp o Google Maps, mientras que otras más asociadas al consumo compulsivo de contenido —redes sociales, videojuegos o aplicaciones con desplazamiento infinito— quedan fuera o bloqueadas mediante contraseña.
La intención no es solo restringir, también crear un entorno digital más sencillo y adaptado a cada etapa.
Así es el teléfono móvil creado por estos segovianos Cedida
La idea nació a partir de una experiencia común para muchos jóvenes: la sensación de pasar demasiado tiempo frente a la pantalla.
“Desde que nuestros padres nos dieron el teléfono cuando éramos adolescentes empezamos a notar que cada vez estás más tiempo con él y que te absorbe completamente” explica Arturo Francisco Barbero a EL ESPAÑOL Castilla y León.
Con conocimientos adquiridos en la universidad, donde estudia una combinación de informática y empresariales, él y su socio comenzaron a experimentar con una interfaz que redujera distracciones.
“Se nos ocurrió crear una interfaz que nos permitiera ver solo las aplicaciones imprescindibles para no estar recayendo todo el rato en redes sociales o en cosas que merman tu tiempo y tu creatividad”, cuenta.
El objetivo era encontrar un equilibrio entre los antiguos teléfonos básicos y los smartphones actuales.
“Si te compras un Nokia no puedes hablar por WhatsApp o hacer un Bizum, que hoy son cosas normales. Queríamos poder usar un teléfono, pero sin caer en todo lo que te absorbe”, explica.
Tras probar el sistema ellos mismos durante un tiempo, comprobaron que el cambio era significativo. “Lo estábamos usando nosotros y vimos que nos estaba ayudando bastante. Entonces pensamos que podía ayudar también a más gente”.
Una de las claves del sistema es que el usuario mantiene el control total sobre qué aplicaciones aparecen en el dispositivo.
A través de la web del proyecto, cada comprador puede seleccionar las aplicaciones que quiere incluir.
“Hay un cuadro de texto en la web donde indicas qué aplicaciones quieres tener”, explica Barbero. “Puedes elegir desde WhatsApp o Spotify hasta alguna aplicación de trabajo o para pagar el parking en tu ciudad”.
“La idea es que cojas las aplicaciones realmente necesarias y rehúyas de las redes sociales típicas”. El teléfono puede usarse con esas aplicaciones instaladas o, si se desea, activar un sistema de bloqueo con PIN.
Uno de los usos más evidentes del dispositivo es como primer móvil para niños o adolescentes. El sistema permite que los padres controlen el acceso a determinadas aplicaciones mediante un código.
Bloqueo de los padres
“Los padres pueden bloquear aplicaciones con un PIN que solo ellos conocen”, explica Barbero. “Por ejemplo, pueden dejar que el niño tenga WhatsApp pero solo usarlo cuando ellos introduzcan el código”.
Este enfoque intenta evitar los conflictos habituales entre prohibición total y libertad absoluta. “No es ni la prohibición completa, que puede generar conflictos en casa, ni la libertad absoluta que cada vez se demuestra más dañina para los niños”.
Aunque la idea surgió pensando en jóvenes, sus creadores pronto descubrieron que podía ser útil para muchos otros perfiles. El propio Barbero reconoce que el público es muy diverso.
“Puede ayudar a personas jóvenes, adultas o niños que quieren desconectar un poco de la tecnología”.
Además, el dispositivo también ha despertado interés entre personas mayores.
Para este colectivo, el atractivo reside en la simplicidad: interfaces claras, pocas aplicaciones y sin cambios constantes de diseño o ubicación de iconos.
“Hay personas mayores que solo quieren entrar en WhatsApp, ver las noticias o llamar por teléfono, sin que cada actualización cambie todo”, explica.
El FocusPhone también se plantea como una herramienta para entornos profesionales. En algunas empresas, los teléfonos de trabajo generan distracciones o difuminan los límites entre vida laboral y personal.
Un dispositivo con aplicaciones limitadas puede facilitar un entorno digital más controlado y centrado en tareas concretas.
En ese contexto, el terminal permitiría a las empresas ofrecer a los empleados un móvil estrictamente profesional, reduciendo distracciones y favoreciendo la desconexión digital fuera del horario laboral.
Compras desde Holanda
FocusWave se ha constituido como sociedad limitada y opera desde Trescasas, un municipio cercano a la capital segoviana.
Desde allí gestionan la venta del teléfono a través de su página web, donde el cliente configura las aplicaciones antes de recibir el dispositivo. El precio del teléfono, con personalización incluida, ronda los 145 euros.
A pesar de ser un proyecto reciente, los fundadores aseguran que ya han realizado sus primeras ventas, incluso fuera de España. “Ya hemos vendido algunos teléfonos y también a nivel internacional”, explica Barbero. “Hemos tenido pedidos en Holanda y en Inglaterra”.
Según su experiencia inicial, en algunos países europeos existe incluso mayor concienciación sobre el uso saludable de la tecnología. Para los creadores de FocusWave, el problema no es el smartphone en sí, sino la forma en que está diseñado el ecosistema digital.
Barbero lo resume así: “El móvil puede ser una herramienta fantástica y a la vez uno de los mayores lastres de nuestra generación”.
El teléfono reúne hoy una enorme capacidad tecnológica. “Tienes en la mano prácticamente todo el conocimiento de internet: mapas, pagos, información… puedes hacer casi cualquier cosa”.
Pero junto a esa potencia conviven aplicaciones diseñadas para captar la atención del usuario durante horas. “Hay muchísimas redes sociales y videojuegos que no son realmente sociales. Están pensados para que dediques tu tiempo a ellos”.
Por eso, sostiene que el desafío actual consiste en aprender a utilizar la tecnología con mayor conciencia.
“Tenemos que darnos cuenta de que el teléfono es una herramienta muy buena, pero tenemos que aprender a usarla mejor”.
La propuesta de FocusWave se basa en una idea sencilla: educar en el uso del smartphone no consiste únicamente en imponer límites que los jóvenes intentarán saltarse.
Según sus creadores, ofrecer dispositivos adaptados a cada etapa puede ser una alternativa más realista.
La filosofía de la empresa sostiene que un entorno digital más simple, sin estímulos constantes ni aplicaciones diseñadas para captar atención, puede facilitar el aprendizaje de hábitos tecnológicos más saludables.