Diego Carbajosa durante su viaje a Perú junto a representantes del Ayuntamiento de Acora en Puno.

Diego Carbajosa durante su viaje a Perú junto a representantes del Ayuntamiento de Acora en Puno. Cedida

Segovia

Diego Carbajosa, el segoviano que trajo de Perú a tres pastores para salvar la ganadería de su familia, con 125 años

El nieto de la familia decidió que la tradición no se podía perder: "Los pastores tienen vivienda, suministro básico, acompañamiento, formación y estabilidad laboral, vienen de ganar unos 200 euros al mes. Aquí tienen un plan de vida”.

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El sonido de los cencerros vuelve a escucharse en la comarca de Sepúlveda. La cuarta generación de la familia Sanz ha retomado la actividad de ganadería ovina en una tierra que siempre fue referente de este sector, aunque durante unos años pareciera condenada al silencio de la desaparición.

Durante más de 125 años, desde el siglo XIX, los Sanz vivieron de las ovejas en un pequeño pueblo segoviano. Pedro, el bisabuelo; Jeremías, el abuelo; y Federico, el tío, fueron pastores en una Castilla y León donde el ovino era toda una seña de identidad. Pero hace tres años, con la jubilación de Federico a los 71, el rebaño se vendió.

Con él se iba mucho más que una profesión. También se marchaban la experiencia, el conocimiento transmitido de generación en generación y un oficio milenario que hoy se extingue a marchas forzadas en muchos pueblos de Castilla. Así lo dicen los datos.

España ha perdido más de diez millones de ovejas en los últimos 25 años. Cada semana se jubilan pastores y no hay relevo. La edad media del sector ronda los 65 años. El ovino, menos automatizado que otros modelos ganaderos, exige presencia diaria, noches en vela durante las parideras y una dedicación que ya casi nadie está dispuesto —o puede— asumir.

Ahí es donde entra Diego Carbajosa Sanz, el nieto de la familia. Tiene 40 años, es ingeniero industrial y lleva 17 viviendo fuera de Segovia. Ha trabajado y vivido en Francia, Holanda, Londres, Colombia y Galicia. Habla con un acento que delata muchos kilómetros a sus espaldas, pero también decisiones.

En Galicia formó familia, emprendió y levantó Talento Grupo Internacional, una empresa que hoy es referente nacional en selección de personal extranjero: más de 3.300 personas incorporadas legalmente a empresas de 38 provincias y sectores tan diversos como el transporte, la sanidad o la ingeniería.

Diego junto a su tío en la explotación ganadera

Diego junto a su tío en la explotación ganadera Cedida

Pero mientras ayudaba a otros a cubrir vacantes imposibles, Diego no dejaba de pensar en la que fue su casa. “Estábamos perdiendo el oficio. Cerramos una ganadería con más de cien años de historia. Y eso, en Castilla y León, es mucho más que un negocio”, explica.

La pregunta era evidente: si traía talento de fuera para salvar empresas, ¿por qué no hacerlo para salvar el campo?

La respuesta lo llevó lejos. Muy lejos. Al altiplano andino, en Perú, a más de 4.000 metros de altura. Allí, en zonas donde la ganadería ovina sigue siendo forma de vida, Diego no mandó currículum ni hizo videollamadas. Fue en persona, no hay una entrevista mejor. Habló con alcaldes, conoció a decenas de familias, explicó el proyecto cara a cara.

Entrevistas a 9.600 kilómetros

De unas 80 familias, tres dieron el paso, un paso de 9.600 kilómetros.

Tras meses de trámites, permisos, informes y papeleo (incluso con permiso incluido del alcalde de Acora, a principios de enero llegaron a España los primeros pastores: Nelson, Edwin y Joel. Procedentes de zonas rurales de Perú, pastores de oficio, con familias al otro lado del océano.

El 8 de enero pisaron suelo español. El 15, las primeras ovejas volvieron a salir al campo en la zona de Sepúlveda.

Los pastores viven en dos casas alquiladas en el pueblo, con todo preparado desde su llegada. “Lo primero fue empadronarlos, llenar la nevera y que estuvieran tranquilos”. Tienen coche, salario, cuenta bancaria y acompañamiento constante. Aún están solos, sin sus familias, algo que Diego considera el mayor obstáculo del proyecto.

Diego compartiendo mesa junto a dos de los pastores que han llegado a España

Diego compartiendo mesa junto a dos de los pastores que han llegado a España

“Estamos intentando que no tengan que esperar un año para la reagrupación familiar. Si queremos repoblar pueblos de 30 habitantes, no tiene sentido obligar a alguien a vivir solo, lejos de los suyos, en un entorno nuevo y duro”.

Para él, la familia es la clave del arraigo. “Cuando tus hijos van al colegio y tu mujer se integra en el pueblo, empiezas a sentir que ese lugar es tu casa”.

Hoy el rebaño ronda las 400 cabezas, destinadas a cordero lechal con sello de calidad. Diego ha alquilado casas en el pueblo, ha preparado las instalaciones, ha comprado vehículos y ha recuperado la actividad con el asesoramiento constante de su tío Federico, jubilado pero aún imprescindible.

El proyecto no va solo de ganadería. Va de personas. Los pastores tienen vivienda, suministro básico, acompañamiento, formación y estabilidad laboral. “Vienen de ganar unos 200 euros al mes. Aquí tienen un plan de vida”, explica Diego. Pero hay una barrera que pesa más que cualquier trámite: la distancia con la familia.

La ley obliga a esperar un año para la reagrupación familiar. Un año solo, en un pueblo de apenas 30 habitantes, con frío, idioma nuevo y una vida que empieza de cero.

“Así es muy difícil crear arraigo”, reconoce. Sin embargo, el impacto potencial es enorme, entre los hijos de Nelson y Edwin, cinco menores podrían incorporarse a la escuela de la zona, donde apenas hay niños.

Diego durante su viaje a Perú

Diego durante su viaje a Perú Cedida

“Si hablamos tanto de la España vaciada, aquí está la solución delante de nosotros”, afirma. “Trabajo, vivienda, integración y familias. No es ideología, es sentido común”.

Llegar a 10.000 ovejas

El plan es ambicioso y a largo plazo: llegar a unas 10.000 ovejas en la comarca en los próximos años, incorporar hasta 20 pastores y asentar alrededor de 100 personas en distintos pueblos de la zona. A medida que se jubilen ganaderos, entre cinco y diez solo en los próximos cinco años, ir ocupando ese vacío.

Y esta repoblación no es solo economía rural, es también prevención de incendios, mantenimiento del paisaje, fertilización natural del campo y continuidad cultural.

“El pastoreo es uno de los oficios más antiguos que existen. No podemos permitirnos perderlo porque este pasado verano se comprobó que son esenciales para evitar incendios”, insiste.

Además, defiende que la migración procedente de Hispanoamérica puede favorecer “una integración más rápida”, al compartir idioma, una base cultural y religiosa similar, así como valores comunes en un alto porcentaje. Este segoviano recuerda el papel histórico de las remesas enviadas por emigrantes españoles tras la posguerra.

“Frente a otros modelos migratorios, se plantea la conveniencia de priorizar zonas donde la integración haya demostrado ser más efectiva, evitando conflictos sociales ya observados en otros países europeos”, apunta.

Reunión con los vecinos y autoridades del distrito de Ácora,

Reunión con los vecinos y autoridades del distrito de Ácora,

Diego no oculta que el proyecto debe ser viable económicamente. Pero tampoco duda de su motivación: “Dentro de 30 años me gustaría decir que ayudamos a cambiar la vida de personas y a salvar una tierra”. Por eso anima a otros a hacerlo, pero a hacerlo bien: con presencia en origen, selección responsable y compromiso real con quienes llegan.

La historia emociona especialmente a su familia. Su madre, originaria de la zona, fue una de las grandes impulsoras. Su tío Federico, ya jubilado, sigue echando una mano. Incluso hay familiares que se plantean incorporarse al proyecto. “Al final esto nos recuerda de dónde venimos”, dice Diego. “Es volver a empezar, pero con otra mirada”.

La historia de la familia Sanz es la demostración de que el campo aún tiene futuro si alguien decide, de verdad, “apostar por él”, asegura Carbajosa. Y ahora, en la zona de Sepúlveda, ese futuro vuelve a oler a lana, a tierra húmeda y a ovejas recién paridas.