El rector de la Universidad Pontificia de Salamanca, Santiago García Jalón entrega la medalla de oro de la Universidad a María San Gil Noain. ICAL.
María San Gil arremete contra el Gobierno: "Preocupa más que salgan terroristas de la cárcel que dar respuesta a las víctimas"
La expolítica del PP realiza estas declaraciones antes de recibir la Medalla de Oro de la UPSA por su defensa de la libertad y afirmar que "Salamanca fue un paréntesis de luz entre funerales y donde eché mis raíces morales".
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Emoción, memoria y un profundo agradecimiento. La Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA) ha investido este martes con su Medalla de Oro —la máxima distinción honorífica que concede la institución académica— a la exalumna y expolítica del PP María San Gil.
En un acto solemne celebrado en el recinto universitario, la comunidad académica y la sociedad civil han rendido tributo a su figura por su fe, su defensa incansable de la libertad y la democracia en el País Vasco y su constante preservación de la memoria de las víctimas del terrorismo.
El evento, presidido por el rector magnífico de la UPSA, Santiago García-Jalón de la Lama, ha congregado a una destacada y nutrida representación de la vida política local, autonómica y nacional, así como a miembros de las asociaciones de víctimas del terrorismo, la Fundación NEOS y la Asociación Nacional de Propagandistas Católicos (ACdP).
Monseñor Rouco Varela saludado por el dominico Ricardo de Luis Carballada, al fondo, el exministro y miembro de la Fundación Neos, Jaime Mayor Oreja. ICAL.
Entre las personalidades presentes destacaron el alcalde de Salamanca, Carlos García Carbayo; el presidente de la Diputación provincial, Javier Iglesias; el vicepresidente primero de la institución provincial, David Mingo; el exministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, y el cardenal monseñor Antonio María Rouco Varela.
La única ausencia notoria fue la del gran canciller de la UPSA y obispo de las diócesis de Salamanca y Ciudad Rodrigo, monseñor José Luis Retana, cuya asistencia fue excusada por el propio rector debido a compromisos previos ineludibles de la agenda diocesana.
"Siento que la universidad es un lugar para formarse una opinión fundada"
En las declaraciones previas ante los medios de comunicación en rueda de prensa, la homenajeada se mostró visiblemente conmovida:
"Llego embargada de emoción. Volver a esta universidad en la que tuve el privilegio de estar cinco años premiada con la Medalla de Oro es una distinción en la que nunca había pensado. Nadie creemos que nos merecemos nada, pero cuando el rector me lo comunicó me quedé absolutamente estupefacta", confesó San Gil.
La expolítica vasca rememoró su paso por la extinta carrera de Filología Bíblica Trilingüe (Latín, Griego y Hebreo), donde coincidió con el actual rector cuando este redactaba su tesis doctoral.
El alcalde de Salamanca, Carlos García Carbayo presente en el acto, acompañado por el presidente de la Diputación, Javier Iglesias.
"Estudiar el mundo clásico nos forja como personas y nos ayuda a enfrentarnos a los avatares que cada uno tiene que afrontar después. Salamanca fue donde eché mis raíces morales para luego defender la democracia, la libertad y dar voz a las víctimas", expresó.
Asimismo, San Gil vinculó su formación humanista con su actual labor en la ACdP y NEOS: "La fe y el pensamiento no pueden quedarse encerrados entre cuatro paredes; tienen que tener una voz pública en la escena política y social".
Preguntada por el clima político y la lucha contra la banda terrorista ETA, San Gil reclamó que el principio de "memoria, verdad y justicia" siga siendo el pilar fundamental de la vida pública:
"Las víctimas del terrorismo son los verdaderos héroes de nuestra democracia. Desgraciadamente, hoy muchas se sienten abandonadas. Vemos más preocupación porque salgan determinados terroristas de la cárcel sin merecérselo que por dar respuesta a lo que exigen las familias, cuando aún quedan más de 350 asesinatos por resolver".
Por su parte, el rector Santiago García-Jalón reivindicó el valor pedagógico y testimonial de la premiada: "La universidad no es solo un último escalón académico, sino un lugar para formar una opinión fundada con argumentos y contribuir al progreso social. María dio ejemplo en su momento y sigue dándolo hoy con su actitud".
Laudatio: "Coraje, paz y una fuerza vital intacta"
Durante la ceremonia académica, la 'laudatio' corrió a cargo de la profesora emérita de la UPSA, Rosa María Herrera, quien recordó con afecto la llegada a la capital del Tormes de aquella joven "despreocupada y feliz", así como a maestros de la época como el padre José Oroz Reta, Enrique Paniagua, Alfonso Ortega o el padre Maximiliano García Cordero.
Herrera rememoró el dolor con el que sus antiguos profesores y compañeros seguían la trayectoria política de San Gil en el País Vasco —donde fue concejal y teniente de alcalde en San Sebastián, diputada en el Parlamento Vasco y presidenta del PP vasco— durante los años más duros de la violencia terrorista.
"Nos parecía profundamente injusto que aquella jovencita tuviera que afrontar condiciones tan duras, pero fue y sigue siendo capaz de enfrentarlas con buen ánimo, coraje y paz al mismo tiempo", elogió Herrera, destacando asimismo su dedicación a su familia (su marido Íñigo y sus hijos Íñigo y Luisa) y su perseverancia en la batalla cultural y social.
Salamanca: "Un paréntesis entre funerales"
Durante su intervención de agradecimiento, María San Gil articuló un emotivo discurso salpicado de anécdotas y recuerdos de su etapa universitaria.
Evocó cómo llegó a Salamanca sorprendida por la majestuosidad de la sede académica y recordó entre risas cómo el decano, el padre D. José Oroz Reta, les gastó una broma al decirles que "llegaban tardísimo" el año en que ella terminó siendo la única matriculada de su promoción.
"Venir a Salamanca supuso para mí cambiar de mundo, un paréntesis de luz entre funerales en una época convulsa. Solo al salir del País Vasco fui consciente de la asfixiante presión en la que vivíamos", confesó la galardonada, definiendo a la institución pontificia como "una auténtica escuela de saber, valentía y libertad".
San Gil tuvo palabras de conmovedor recuerdo para su compañero Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA en 1995 cuando ella se encontraba a su lado: "Su brutal asesinato nos dejó la responsabilidad ineludible de mantener vivo su legado y nos demostró que un pueblo sin memoria es un pueblo manipulable".
Finalmente, dedicó un especial reconocimiento al exministro Jaime Mayor Oreja, presente en la sala, a quien calificó como un "referente moral indiscutible que ha marcado profundamente mi vida".