Cristal de escaparate roto por un ladrón.
Pillado 'in fraganti' en Salamanca: entra a robar, se corta con la ventana y acaba en prisión tras agredir a los agentes
El sospechoso, que intentó huir arremetiendo agresivamente contra las patrullas, llevaba encima joyas, documentación y tarjetas de los propietarios que acababa de sustraer.
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Entrar a robar cortándose con los cristales, salir arremetiendo a empujones contra las patrullas y terminar directo en la cárcel. Ese ha sido el recorrido de un hombre detenido en Salamanca tras ser cazado con las manos en la masa mientras desvalijaba una casa.
Tras pasar a disposición judicial, el juez no ha dudado y ha enviado al sospechoso directamente a prisión preventiva.
El detonante de la intervención fue el aviso de un vecino espabilado que se topó con una mochila sospechosa en su propio felpudo.
Al echar un vistazo alrededor, las patrullas de la Policía Local vieron rápido de dónde salía el enredo: una ventana rota en una casa cercana y un reguero de sangre fresca salpicado por el cristal y el patio. Teniendo la sospecha clara de que el intruso seguía dentro, pidieron refuerzos a la Policía Nacional.
La corazonada no falló: al escuchar ruidos en el inmueble y cercar el edificio, los agentes llegaron a ver la silueta del hombre asomándose por una ventana del piso de arriba.
Cuando los dueños llegaron a toda prisa para abrir la puerta, el ladrón intentó jugársela a una carta desesperada. Salió en tromba desde la planta alta y se abalanzó con gran violencia sobre los policías para abrirse paso, obligando a los agentes a reducirlo a la fuerza en el pasillo.
Encima llevaba un botín a medio empaquetar: prendas deportivas, gafas de sol, tarjetas de crédito, documentación personal y varias joyas familiares con inscripciones grabadas que los propietarios identificaron al instante.
El recorrido no terminó ahí. Por culpa de los profundos cortes que se hizo él mismo al romper la ventana para colarse, tuvo que ser evacuado bajo custodia a un centro médico.
Lejos de amansarse, el detenido mantuvo un comportamiento agresivo en todo momento, encarándose con los agentes, dedicando amenazas graves a sus familias e incluso rompiendo parte del equipamiento del coche patrulla durante el traslado al calabozo.