Ni el olvido de las instituciones ni la falta de visión los frenan: la gesta hasta Burgos de cuatro amigos del Camino de Santiago

Ni el olvido de las instituciones ni la falta de visión los frenan: la gesta hasta Burgos de cuatro amigos del Camino de Santiago

Salamanca

La gesta de los cuatro amigos del Camino de Santiago: 170 kilómetros de superación y un fin de etapa con sabor a Burgos

Pablo Sánchez (65), Pablo de la Puente (61), Julián González (72) y Antonio Bernal (50), todos con visibilidad reducida culminan su etapa del Camino de Santiago reivindicando una inclusión real y demostrando que "la esencia del peregrino" no se pierde ni con una visión limitada.

Más información: Los cuatro jinetes de la ONCE llegan a Cirueña: "Nos hemos desviado 28 kilómetros y solo hay un bar en el pueblo"

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El Camino de Santiago es un organismo vivo que te quita y te da a partes iguales. Si la llegada a Logroño estuvo marcada por la incomprensión de un albergue que los rechazó por ser ciegos y llevar maletas, el tramo final hasta Burgos ha sido el bálsamo que Pablo Sánchez, Pablo de la Puente, Julián González y Antonio Bernal necesitaban.

Los 'cuatro jinetes' de la Once han coronado su objetivo, dejando atrás 170 kilómetros de superación, tecnología y una humanidad que desborda cualquier limitación visual.

Albergues con alma y encuentros fortuitos

La recta final comenzó en Viloria, un lugar donde el tiempo parece haberse detenido. Allí, Mariajo regenta uno de esos pocos albergues que conservan la "esencia del peregrino", donde no hay tarifas fijas y se paga "la voluntad".

"Es la esencia del camino: espiritualidad y paz", relata Pablo Sánchez, líder espiritual del grupo.

Entre paellas compartidas y risas, los cuatro amigos convivieron con personajes que parecen sacados de una novela: Julio y Fito, el hombre y el perro que recorren España tras abandonar Alemania; una holandesa cuyo marido trabajó en el programa Artemis de la NASA; y un coreano que, sin hablar una palabra de español o inglés, les regalaba una sonrisa constante.

En Espinosa, el grupo encontró el calor de las sopas castellanas de Antonio, un hospitalero que cambió el estrés de Madrid por la paz del camino y que les hizo "recordar los momentos de la niñez" con la sencillez de un plato tradicional en instalaciones impecables y adaptadas.

El horror de los Montes de Oca y el amanecer rojo

No todo ha sido paz. El paso por los Montes de Oca dejó una huella profunda en la sensibilidad del grupo. Bajo un amanecer "increíble de tonos rojos y grises", los jinetes de la Once ascendieron por un terreno duro que escondía la memoria más oscura de España.

Allí, donde se han recuperado los cuerpos de más de 150 asesinados por la represión franquista, el silencio se hizo espeso.

"Es un horror que no debe repetirse. Me recuerda a la lápida de mi pueblo con los nombres de los represaliados sin causa", reflexiona Pablo, citando a Julio Anguita: "Malditas las guerras y quienes las provocan".

En mitad de ese estremecedor recorrido, el "Juglar del Camino" les devolvió a la realidad con fruta, café y relatos de vida junto a su furgón, un oasis de humanidad en un tramo marcado por la tragedia histórica.

Ritmo de Rock & Roll hasta la Catedral

El último gran esfuerzo comenzó en Atapuerca, tras descansar en el albergue INpulso, un lugar que Pablo describe como "ideal para el descanso, con un trato humano excepcional".

Con la meta de Burgos a la vista y el hambre de quien sabe que le espera un premio, el grupo apretó el paso.

La última etapa no fue fácil: terreno pedregoso y difícil hasta alcanzar el Cerro de San Vicente. Pero una vez coronado el obstáculo, los cuatro amigos pusieron "ritmo de rock & roll".

Sin paradas para café, impulsados por la inercia de la meta y la reserva de un lechazo que les esperaba a las 14:30 h, los jinetes de la Once entraron en Burgos con la precisión de un reloj suizo.

El regreso a casa y la mirada puesta en Santiago

Tras el festín merecido en Burgos, cada uno ha tomado el tren de regreso a sus respectivos hogares en León, Salamanca y Zamora.

Dejan atrás el barro, el caos ferroviario que casi deja fuera a Pablo de la Puente en el inicio, y la incomprensión de quienes no entienden que una maleta es autonomía para quien no ve.

"El ánimo está alto", aseguran. Ya buscan fecha para la siguiente etapa. Santiago de Compostela está hoy 140 kilómetros más cerca, pero la verdadera victoria de Pablo Sánchez, Pablo de la Puente, Julián y Antonio no ha sido llegar a Burgos, sino demostrar que no hay oscuridad lo suficientemente densa como para apagar las ganas de vivir y de caminar.