Antonio, Julián y Pablo en las primeras etapas del Camino de Santiago Francés.

Antonio, Julián y Pablo en las primeras etapas del Camino de Santiago Francés. Cedida.

Salamanca

Antonio, Julián y los dos Pablos: el desafío de los cuatro jinetes de la ONCE en una nueva etapa hacia el Camino de Santiago

Antonio, de 50 años, perdió la visión en un accidente hace una década; mañana retoma la ruta jacobea guiado por su GPS, sus gafas inteligentes Ray-Ban de Meta y sus amigos.

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Para muchos, el Camino de Santiago es una experiencia espiritual o deportiva; para Pablo de la Puente de 61 años, Pablo Sánchez de 65, Antonio Bernal de 50 y Julián de 72 años, es un acto de soberanía personal.

Mañana arranca desde Los Arcos (Navarra) una nueva aventura para este grupo de amigos de León, Salamanca y Zamora que, con el apoyo de la tecnología y una voluntad inquebrantable, recorrerán 140 kilómetros hasta Burgos demostrando que la verdadera visión nace del corazón.

Este grupo de amigos vinculados todos por un camino primitivo que promocionó la ONCE hace ya más de una década y procedentes de distintos puntos de Castilla y León, se calzan las botas en Los Arcos para retomar una nueva etapa del camino hacia la tumba del apóstol que ya les ha llevado a cubrir más de 160 kilómetros en etapas anteriores.

Julián, Pablo y Antonio hermanados en un tramo del Camino de Santiago.

Julián, Pablo y Antonio hermanados en un tramo del Camino de Santiago. Cedida.

Por delante, ocho jornadas y 140 kilómetros de polvo, asfalto y flechas amarillas hasta llegar a Burgos, un tramo donde la amistad será el único GPS infalible.

El origen de este grupo es una historia de reencuentros. Pablo, uno de los veteranos de la ruta, y Antonio se conocieron hace años precisamente en el primer Camino organizado por la ONCE. Desde entonces, la semilla de la aventura quedó plantada.

Antonio, cuya vida dio un vuelco total hace una década tras un accidente de coche que le dejó una prótesis en un ojo y la retina del otro "plegada y partida", es la viva imagen de la resiliencia.

Julián, Antonio (con sus gafas inteligentes) y Pablo tomando unas cañas después de una etapa del Camino

Julián, Antonio (con sus gafas inteligentes) y Pablo tomando unas cañas después de una etapa del Camino Cedida.

"Los humanos tenemos el poder de recuperarnos sobre cualquier cosa", explica.

Tras dos años sin salir de casa y otros tantos hundido en el sofá, el Camino fue el resorte que le devolvió la autonomía.

Una logística a contracorriente

La expedición de estos cuatro amigos no entiende de las prisas del peregrino convencional. Mientras los grupos de turistas coreanos o los senderistas más madrugadores calientan motores a las cinco de la mañana con frontales, ellos esperan a que el sol esté bien alto.

"De noche todos los gatos son pardos", comentan con un humor afilado que es su mejor equipaje. Necesitan la luz del día para identificar los relieves y los obstáculos que los bastones no siempre alcanzan a prever a tiempo.

Los peregrinos con baja visibilidad atravesando uno de los tramos más duros: Antonio tuvo que ir palpando con las varas para saltar los pivotes sin ver nada.

Los peregrinos con baja visibilidad atravesando uno de los tramos más duros: Antonio tuvo que ir palpando con las varas para saltar los pivotes sin ver nada. Cedida.

Esta necesidad de luz solar les obliga a una planificación milimétrica y a menudo sacrificada. Suelen llegar a los albergues dos o tres horas después que el resto, por lo que las llamadas previas a los hospitaleros son clave.

No piden privilegios, solo una litera en la parte inferior para evitar riesgos innecesarios. "A veces te dicen que no están preparados para personas con discapacidad, pero nosotros solo queremos dormir abajo, el resto lo hacemos nosotros", aclara Pablo.

Tecnología de vanguardia frente al "brochazo" amarillo

El Camino Francés es famoso por su señalización, pero para alguien con visión reducida, una flecha amarilla es a veces solo un "brochazo de pintura" indistinguible del entorno. Para paliar esto, el grupo se apoya en la última tecnología.

Los peregrinos en mitad de una etapa del Camino Francés.

Los peregrinos en mitad de una etapa del Camino Francés. Cedida.

Antonio, por ejemplo, utiliza las gafas inteligentes de Meta, equipadas con inteligencia artificial, que le describen detalladamente lo que tiene a un metro de distancia.

Es la misma autonomía que aplica en su casa, donde una placa vitrocerámica controlada por voz mediante Alexa ha sustituido a la peligrosa tarea de acercar la cara al fuego con una lupa para ver la potencia.

Sin embargo, ni la IA más avanzada puede sustituir el instinto.

Pablo Sánchez y Antonio en la Plaza Mayor de Salamanca habituados con los chalecos para el Camino.

Pablo Sánchez y Antonio en la Plaza Mayor de Salamanca habituados con los chalecos para el Camino.

Recuerdan con risas y tensión a partes iguales etapas como la bajada del Monte del Perdón, un auténtico "campo de minas" de piedras sueltas donde los tobillos corren peligro constante, o aquella noche en Pamplona donde terminaron rescatados por un taxi tras seguir a un peregrino que resultó ser un vecino que simplemente iba a su garaje.

Un "globo sonda" contra la soledad

Más allá del reto físico, este viaje es una reivindicación. Vestidos con chalecos reflectantes patrocinados, los cuatro amigos quieren ser un espejo para otros compañeros que, por miedo o falta de apoyo, permanecen en sus domicilios.

"Hay mucha gente aburrida en casa que, si viera que nosotros vamos, se animaría", comenta Antonio.

Antonio con sus gafas inteligentes Rayban de Meta y Julián, en lo alto de una etapa del Camino Francés.

Antonio con sus gafas inteligentes Rayban de Meta y Julián, en lo alto de una etapa del Camino Francés. Cedida.

El grupo, que ya ha vivido momentos críticos como caminar por carreteras estrechas de los Pirineos bajo la lluvia, sabe que el Camino es "un logro que te marca un objetivo y te enriquece".

Mañana, desde Los Arcos, volverán a demostrar que, aunque el tren a veces falle y los políticos "quiten servicios" en las estaciones de Castilla y León, sus piernas no van a fallar.

El objetivo es Burgos; el premio, ese brindis con cerveza y huevos con chistorra que sabe a gloria después de haber vencido, un día más, a la oscuridad.