El padre Alberto Holgado durante la procesión de San Bartolomé en Aldeadávila de la Ribera (Salamanca).

El padre Alberto Holgado durante la procesión de San Bartolomé en Aldeadávila de la Ribera (Salamanca). Cedida.

Salamanca

Alberto Holgado, el sacerdote al oeste de la España vaciada: "La misa es el último lazo social que queda en muchos pueblos"

Sacerdote, maestro de Educación Primaria y recién graduado en Ciencias Políticas por la UNED, el padre Alberto Holgado combina la fe, la educación y la política para servir a nueve pueblos de la España rural.

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Jesús Alberto Holgado Santos, para sus feligreses más tradicionales 'don Alberto' y Alberto a secas para sus alumnos, maneja cada día un Peugeot gris perla del año 2004 por las carreteras solitarias del oeste salmantino.

Atendiendo a nueve pueblos: Aldeadávila de la Ribera, Corporario, Masueco, Zarza de Pumareda, Cabeza del Caballo, Fuentes de Masueco, La Peña, La Vídola y Las Uces. Párroco, maestro y recientemente graduado en Ciencias Políticas, es un símbolo de resistencia frente a la despoblación y el abandono rural.

"Atender nueve pueblos no es sencillo —confiesa—, pero con organización y la comprensión de los vecinos fieles todo es posible".

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WhatsApp Image 2026-04-08 at 10.06.08 PM (1) El padre Jesús Alberto Holgado con su hermano y sobrina en la puerta de la residencia parroquial de Aldeadávila de la Ribera (Salamanca).

Los pueblos que atiende, pequeños y envejecidos, son un fiel reflejo de la permanentemente nombrada –especialmente en época electoral- España vaciada. Holgado es consciente de los retos.

"Cada pueblo quiere su misa, pero no se puede. Algunos tienen misa cada quince días, otros deben acudir a templos cercanos. La gente entiende poco a poco. La parroquia es más que fe; es el último tejido social. El único punto de encuentro que aún queda".

Nueve pueblos, un solo sacerdote y mucha organización

En municipios como Cabeza del Caballo (Salamanca), la misa dominical es mucho más que un acto religioso. Es el momento del reencuentro, la única ocasión para verse.

"Durante la pandemia viví funerales solo con los enterradores y sin familia presente. Eso te abre los ojos: la Iglesia es compañía cuando todo falla".

La realidad de los pueblos y pedanías es dura. La retirada de servicios, la pérdida de jóvenes y la concentración de población en pocos núcleos hacen que cada misa sea una pequeña victoria.

"Cada domingo, ocupar un banco del templo es demostrar que la comunidad sigue viva. El reto es grande, pero aquí nadie quiere dejar su parroquia".

Este párroco, con la voz pausada y cercana, ha sabido compaginar su labor pastoral con la enseñanza y la formación. Diplomado en Magisterio, da clase de Religión en colegios públicos de la comarca.

"Es la mejor manera de llegar a los niños y a sus familias. Pero observo un cambio profundo: los alumnos son cada vez menos atentos y comprometidos. Falta la educación en valores que siempre ha dado la familia".

Holgado sugiere que la familia ha perdido su papel principal en la educación: "No se puede dejar solo a la escuela en este trabajo. Y la sociedad actual, saturada de estímulos digitales, distrae a los chicos".

Maestro, cura y graduado en políticas: una visión amplia

Alberto sorprendió a su entorno al decidir estudiar Ciencias Políticas y de la Administración por la UNED. "Empecé casi por desahogo, quería estudiar algo que me alejase por un rato de la rutina pastoral", reconoce.

"Pero la carrera me ha cambiado la forma de ver la sociedad y la política".Egresado con el Trabajo de Fin de Grado 'Estudio del auge y consolidación de la extrema derecha global'.

Para él, la política debe ser para servir, no para servirse. "Hoy es habitual que primen los intereses personales y la confrontación. Los medios también tienen sesgo, cada uno con su ladillo ideológico, pero la verdad debe prevalecer para evitar seguir fracturando a la sociedad".

Esta mirada renovada enriquece su tarea pastoral, que conecta con las inquietudes sociales de sus vecinos.

Su experiencia no se limita a su comarca. Ha pasado varios veranos colaborando en una parroquia marginal en Villavicencio (Colombia).

"Es una realidad muy distinta. Allí la fe es expresión pura del corazón. La gente que no tenía casi nada me daba lo poco que tenía con un cariño inmenso".

Esa vivencia le hizo valorar el papel de la comunidad y la fe viva, frente a la rutina europea. "Es un aprendizaje continuo recorrer esos mundos tan cercanos y a la vez tan distantes".

J. Alberto Holgado con su hermano y sobrina posando en la entrada de la Casa Parroquial, su vivienda habitual. Antiguo Palacio del Marqués de Caballero en Aldeadávila de la Ribera (Salamanca).

El dolor y la soledad que trajo la pandemia

Pese a todo, Holgado no pierde la esperanza.

"La pandemia fue la prueba más dura que he vivido. Perdí a mi madre en confinamiento, sin poder acompañarla en sus últimos momentos. Celebré funerales en los que estaban los enterradores y yo, sin nadie más. Eso te toca el alma. Aunque fue duro, aprendí que acompañar en silencio también es acompañar".

Sus días son intensos y agotadores. Suma visitas a nueve pueblos, misas, clases, reuniones pastorales y la formación continua. Sus noches se resumen en lecturas, preparación de clases y hasta hace una semana, trabajos de la universidad.

A pesar de las dificultades, su mensaje es firme: "Mientras haya quien toque las campanas, habrá parroquia. Y mientras haya parroquia, habrá comunidad".

Con esa fe y tenacidad, don Alberto mantiene vivo un pedazo del alma de lo que queda de esa España que se resiste a desaparecer.