Sergio Iván González tocando con la A.M. del Cristo Yacente de Salamanca.

Sergio Iván González tocando con la A.M. del Cristo Yacente de Salamanca. Cedida.

Salamanca

Sergio y el reto de dirigir a 60 músicos en Semana Santa: "La gente piensa que es fácil, pero es un sacrificio de todo el año"

Sergio Iván González, director de la Agrupación Musical del Cristo Yacente, el profesor de guitarra que guía los pasos de la Misericordia, explica el sacrificio de una banda que aún debe pedir permiso para tocar.

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Hoy es Jueves Santo, una de las fechas por excelencia del calendario cofrade.

Hoy, la sección musical de la Real Cofradía Penitencial de Cristo Yacente de la Misericordia y de la Agonía Redentora tocará en la procesión de la Seráfica Hermandad de Nazarenos del Stmo. Cristo de la Agonía.

Después de haber completado ayer solemnemente su estación de penitencia por las calles de Salamanca. Detrás de las partituras que envuelven con notas al Cristo Yacente de la Misericordia y hoy de la Hermandad Seráfica, hay un motor humano que rara vez se detiene.

Lo encabeza Sergio Iván González, un profesor de guitarra que, por amor a su hermandad, cambia las cuerdas por el metal de la trompeta para dirigir la única formación musical de Salamanca que sigue vinculada directamente a su cofradía.

En esta charla, Sergio nos abre la puerta de la banda para hablarnos del cansancio que no se siente hasta que acaba la procesión, del ritual de pedir permiso para tocar y de cómo la música es capaz de unir vidas, crear familias y sostener la fe cuando el termómetro baja de los cero grados.

"Música, sudor y fe"

Pregunta:- El año pasado terminasteis con Amor y Paz y fuisteis corriendo a la madrugada. ¿Cómo se aguanta ese ritmo?

Respuesta:- Se nota mucho. Por mucho que ensayes dos o tres horas, no es lo mismo que tocar seis horas seguidas, descansar apenas dos y volver otras cinco.

Es un ejercicio físico que pasa factura al final de la semana. La música, la mayoría de las veces, es frustración; te vas a casa con mal cuerpo porque algo no sale. Pero luego ves sus caras cuando llegan los resultados y es lo más emocionante.

P.- El Miércoles Santo a medianoche suele hacer un frío que encoge el ánimo. ¿Cómo lo vivís vosotros desde dentro?

R.- Curiosamente, ese día no pasamos tanto frío en el cuerpo porque el hábito nos permite ir más abrigados que el uniforme normal. El problema son los pies: vamos con zapatillas de esparto y sin calcetines, ahí sí se pasa frío.

Y luego está la careta (capucha del hábito), que nos dificulta escucharnos unos a otros. Pero la simbiosis con la cofradía es tan grande que para ese momento casi no hace falta motivación. Lo difícil es motivar durante todo el año para llegar hasta ahí.

El curioso ritual del "permiso"

P.- Existe una tradición casi secreta para que podáis salir a tocar...

R.- Sí, poca gente lo sabe. A principios de los 2000, tras algunos intentos fallidos de introducir instrumentos de viento, se acordó que antes de cada Miércoles Santo la sección musical debe pedir permiso a la Junta de Gobierno para desfilar.

A día de hoy, aunque la calidad esté más que comprobada, se sigue votando. Es una tradición: la decisión de si suena el viento o no recae en los hermanos.

Más que una banda, una familia

P.- Dices que de las bandas surgen incluso matrimonios. ¿Es tan fuerte el vínculo?

R.- Mucho. Al final, lo más fácil es enganchar a gente nueva a través de amigos o parejas. En la cofradía surgen muchas relaciones de amistad y de amor; hay gente que hoy está casada y tiene hijos y se conocieron aquí ensayando.

Ya no es solo lo que aportas musicalmente, sino todo lo que la banda te da a nivel personal.

P.- ¿Qué le dirías a alguien que quiera entrar en la banda ahora?

R.- Que hace falta compromiso. Hay gente que piensa que esto es fácil y no entiende el sacrificio de ensayar todo el año. Mantener un repertorio de 60 marchas sin saber leer música es complejo, tiene un mérito doble.

El momento de entrar a una banda es 15 días después de que pase Semana Santa, no en noviembre cuando ya entra el hambre de procesión.