George Dan en una imagen de archivo junto a su pasión, las motos Cedida
Las incógnitas de la muerte de Dan, el motero hallado tras 111 días en una zona ya rastreada: “No se suicidó, lo mataron”
“Nada cuadra”: los amigos del joven rumano de 46 años cuestionan la versión oficial, piden justicia y que no se deje de investigar su fallecimiento. Fue encontrado en Venta de Baños el mismo día que se celebraba una concentración.
Más información: Confirmado: el cadáver encontrado en un terraplén es el de George, el motero desaparecido en agosto
La mañana del pasado 14 de diciembre en Venta de Baños (Palencia) fue extraña. No era un domingo cualquiera. Desde hacía semanas faltaba Dan, un joven de 46, rumano, y que había encajado perfectamente en el pueblo.
Un grupo de amigos, muchos de ellos moteros, habían estado moviendo cielo y tierra para organizar una concentración ese día con un solo objetivo, querían que no se olvidara a George Dan Romila, su amigo que estaba desaparecido desde finales de agosto. Nadie sabía dónde estaba, aunque se había montado un operativo de búsqueda, tanto oficial como en redes sociales.
A mediodía, en la plaza, se leía un manifiesto. No pedían culpables ni señalaban a nadie. Solo justicia y que se siguiera buscando. “Que no se cierre esto como una desaparición voluntaria”, repetían.
Algunos llevaban chalecos de moto, otros solo fotos impresas, carteles hechos a mano y la ilusión de pensar que "se había ido a su tierra". Llevaban 111 días esperando una noticia.
Mientras hablaban, a menos de un kilómetro de allí, un hombre que caminaba por un camino de servicio junto a la autovía se fijó en algo entre los árboles.
Era un terraplén complicado, cubierto de vegetación, pegado a la bifurcación de las autovías A-62 y A-67. A las 12.30 llamó a emergencias. Dos horas después, la Guardia Civil confirmaba el hallazgo de un cadáver.
En una perversa casualidad era George Dan, su amigo.
“Estábamos allí, leyendo el manifiesto, y aparece el cuerpo. El mismo día. A la misma hora. ¿Casualidad? Llámalo como quieras”, recuerda uno de sus amigos. “Pero a nosotros se nos quedó grabado para siempre”. “Yo no creo en las casualidades”, afirma otra amiga en la conversación mantenida con EL ESPAÑOL Castilla y León.
Sin enemigos
Cuando intentan reconstruir quién era Dan, todos coinciden en un punto que para ellos resulta clave: no tenía enemigos. “Es que no se peleaba con nadie”, dicen. “Ni de malas palabras”.
Era de los que pasaban desapercibidos, de los que evitaban los conflictos y se marchaban antes de que una discusión subiera de tono. En el trabajo era respetado y fuera de él llevaba una vida tranquila y normal.
“No debía dinero, no se metía en líos, no tenía dobles vidas”, repiten.
George tenía 46 años, llevaba casi dos décadas en España y más de catorce integrado en el mismo grupo de amigos. Rumano de nacimiento, discreto hasta el extremo, trabajador incansable, "era muy minucioso", apunta un compañero, y todo un apasionado de las motos.
No tenía familia directa en España, salvo un primo que reside en Aranda de Duero, desde allí se ocupa el bufete de abogados de buscar justicia. Sus padres, Clara y Paul, viven en Rumanía, en una zona cercana a la frontera con Ucrania. El idioma, la distancia y la falta de recursos económicos han sido desde el principio una barrera añadida en toda esta historia repleta de incógnitas.
Agentes de la Guardia Civil durante la búsqueda del cuerpo
“Era más español que muchos de aquí”, dicen. Vivía solo, no tenía familia cercana salvo un primo en Aranda. Sus padres, en Rumanía, apenas hablaban español. “Ellos son las otras víctimas”, insiste su entorno.
Habían pasado más de tres meses desde la última vez que supieron de él. La noche del 25 al 26 de agosto había discutido con su pareja. Según afirman, durmió fuera de casa, en un hotel.
Al día siguiente no fue a trabajar. Nunca volvió. Su coche apareció aparcado en un lugar donde, aseguran, jamás lo dejaba. Dentro estaban el bocadillo y la ropa preparada para la jornada siguiente. “Si te vas a suicidar, no haces el bocadillo del día siguiente”, dice uno de sus amigos. “Y menos siendo como era Dan, que vivía para su trabajo”.
Y es que, desde el principio, la versión que más dolió fue la que hablaba de una desaparición voluntaria. “Nos lo dijeron casi de entrada”, recuerdan. “Por la edad, por el perfil. Pero nosotros sabíamos que eso no podía ser. No encajaba en absoluto con él”.
George estaba ilusionado, había comprado coche y moto, había arreglado problemas económicos, hablaba de planes de futuro, incluso uno para el siguiente fin de semana, recuerda uno de sus amigos. “Era un tío callado, tímido, pero con ganas de vivir. No era depresivo, ni nunca lo fue”.
Durante 111 días se habló de búsquedas, de drones, de helicópteros, de perros. Pero el cuerpo apareció a unos 500 metros de su casa, junto a un camino por el que pasean vecinos a diario, a pocos metros de una finca en funcionamiento, pegado a una autovía que requiere mantenimiento constante. “A cinco metros de un camino. No en mitad del monte. A cinco metros”, repiten. “Es imposible que nadie lo viera, que nadie lo oliera”.
Durante más de tres meses, la Guardia Civil coordinó un dispositivo que, según la versión oficial, incluye patrullas, drones, helicópteros, perros del servicio cinológico, motoristas del Seprona y rastreos fluviales con GEAS.
George D.R. desapareció en Venta de Baños el pasado 26 de agosto
Sin embargo, el cuerpo aparece finalmente en un punto que genera estupor. A 500–600 metros en línea recta de su vivienda. A pocos metros de un camino frecuentado por paseantes y dueños de perros. A unos 250 metros de una granja en funcionamiento.
Junto a una autovía, en una zona donde trabajan regularmente equipos de mantenimiento. El cadáver estaba al aire libre, no enterrado. Para sus amigos, la pregunta es inevitable.
¿Cómo pudo permanecer allí 111 días sin ser localizado ni detectado por el olor, la fauna o las labores de mantenimiento?
Cuando se confirmó la identidad, llegó el segundo golpe. George tenía un disparo en la cabeza. Antes incluso de que se conocieran los resultados de la autopsia, una declaración oficial desde la subdelegación del Gobierno afirmó que no parecía haber terceras personas implicadas.
“Eso nos reventó”, confiesan. “No nos dejaron ni hacer el duelo. Al día siguiente ya estaban diciendo que no había nadie más”.
Dudas, muchas dudas
Tras la aparición del cuerpo, sus amigos hablan de una breve sensación de alivio: la incertidumbre había terminado. Pero duró poco. Al día siguiente, las declaraciones oficiales y el silencio posterior devolvieron la angustia. Sin respuestas claras, sin explicaciones, sin poder entender qué pasó realmente.
También cuestionan que los perros de búsqueda no marcaran antes el punto. “Nos dijeron que habían pasado perros especialistas y que no salió nada. Pero luego aparece allí. Eso es lo que no entendemos. O no estuvieron donde dijeron, o alguien no está contando todo”.
El cuerpo fue trasladado a Madrid para pruebas forenses y allí sigue. El caso quedó bajo secreto de sumario. Sus padres aún no han podido enterrarlo. “Están a tres mil kilómetros, sin idioma, sin medios. Y nosotros somos su familia aquí”, explican.
Las dudas no han hecho más que crecer en este puzle. “Dan no tenía armas. No era cazador. No era violento. Era diestro y el tiro no cuadra. El sitio no cuadra. El tiempo no cuadra. Nada cuadra”. Nadie acusa formalmente a nadie, pero el malestar es evidente. “No decimos quién ha sido. Decimos que esto no es normal”.
Desde entonces, sus amigos se reúnen cada semana, aunque echan de menos el poco apoyo que se ha recibido desde Venta de Baños, el municipio donde residía en los últimos años.
Ellos son los que mantienen viva la historia en redes sociales, hablan con periodistas, llaman a puertas políticas, incluso han escrito a la Embajada de Rumanía. “Nuestra misión es que esto no se enfríe”, dicen. “Porque como se enfríe, se acabó. Se lo llevan al fondo de un cajón y ya está. Otro más”.
Dan en una imagen cedida por sus amigos
Su objetivo no es el morbo. Es uno solo, que el caso no caiga en el olvido. Temen que, con el paso de los meses, la investigación se enfríe, que el informe forense tarde, que el expediente acabe en el fondo de un cajón. “No queremos venganza. Queremos saber qué pasó”, sentencian.
George Dan apareció el mismo día que sus amigos pedían que no dejaran de buscarlo. Para ellos, ese detalle resume toda la historia. “Nos dijeron que ya no había prisa. Y es verdad, prisa no. Ahora tenemos impaciencia porque lo único que queremos es saber qué pasó porque es posible que el asesino no esté en la zona de Venta de Baños”.
Comparaciones
Este grupo de amigos no ha podido evitar comparar lo ocurrido con otros casos recientes que aún pesan en la memoria colectiva, como el de Esther López, la joven de Traspinedo cuyo cuerpo apareció semanas después de su desaparición en una zona que ya había sido rastreada.
“Es lo primero que se nos vino a la cabeza”, admite uno de ellos. “Un sitio por el que ya se había pasado, que se había mirado, y aun así el cuerpo aparece después”. La sensación, dicen, es la misma.
“No estamos diciendo que sea lo mismo”, aclaran, “pero el patrón duele, porque te hace pensar que hay cosas que se pasan por alto y que luego ya no tienen arreglo”.
Carteles creados por los amigos de Dan pidiendo justicia
“Si George hubiera sido mujer, esto no se habría tratado igual”, dice uno de sus amigos. Otros van más allá y añaden otro factor que, creen, ha pesado desde el principio: su origen. “Era hombre, rumano y sin familia aquí. Y eso, nos guste o no, cuenta”.
No hablan de conspiraciones, sino de prioridades. “No pedimos trato especial”, insisten, “pedimos el mismo interés, la misma profundidad, las mismas preguntas que se hacen cuando la víctima encaja en otro perfil”.
Mientras no haya respuestas, George Dan seguirá siendo el ausente en cada comida motera, en cada ruta, en cada conversación. Y su nombre, al menos para ellos, no va a desaparecer tan fácilmente.
Y menos aún en este fin de semana que se organiza en Valladolid la cita motera a la que Dani nunca faltaba. Estos días reparten su imagen, pegatinas y, sobre todo, le recuerdan para que se haga justicia.