El alcalde de Ponferrada, Marco Morala, durante la visita al pueblo de Manzanedo de Valdueza (León), el día después de la riada que afectó gravemente a la localidad
Ponferrada se recompone tras la riada y despide a sus dos vecinas Concepción y Begoña, “conocidas y queridas”
El alcalde Marco Morala reconoce que ha vivido su "peor momento" en la política y destaca la "lealtad" que está habiendo entre administraciones.
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La resaca de la riada del pasado sábado todavía se hace notar en Manzanedo de Valdueza y Bouzas, en la zona de Ponferrada.
El agua ya ha bajado, pero el barro, las piedras y los restos arrastrados por la avenida siguen ocupando caminos y carreteras y recuerdan la violencia con la que el temporal golpeó estos núcleos de Ponferrada.
Dos días después de aquella tarde trágica, la ciudad ha comenzado a poner en marcha la maquinaria para intentar recuperar, poco a poco, una normalidad que en estas pedanías todavía parece lejana.
Ahora toca limpiar, retirar toneladas de lodo y escombros, comprobar los accesos y reparar los daños.
Pero también toca acompañar a quienes han perdido a alguien. Y en Ponferrada, este lunes, el dolor tiene dos nombres: María Concepción Garrido Álvarez y María Begoña Pérez Álvarez, las dos vecinas de 62 años que murieron como consecuencia de la riada.
Las dos tenían muchas cosas en común. Ambas estaban casadas y ambas dejan dos hijos.
Eran mujeres conocidas en sus pueblos, familias arraigadas en la zona, vecinas cuya ausencia se hará notar mucho más allá de estos días de luto.
El alcalde de Ponferrada, Marco Morala, las recuerda como “familias conocidas” y reconoce que la pérdida de ambas ha marcado por completo la respuesta municipal a la emergencia.
“Ninguna pérdida material se acerca al dolor y al vacío que provoca la pérdida de nuestras dos vecinas”, señala el regidor a EL ESPAÑOL Castilla y León.
El funeral por María Concepción Garrido Álvarez se celebrará este lunes, a las cinco de la tarde en la basílica de La Encina de Ponferrada.
La capilla ardiente permanece instalada en el nuevo tanatorio La Encina de la capital berciana. En el caso de María Begoña Pérez Álvarez, se rezará una oración en el propio tanatorio a las 17.45 horas.
Mientras las familias afrontan la despedida, en Manzanedo y Bouzas continúa otra batalla, que es la de devolver la vida cotidiana a unas localidades que quedaron parcialmente aisladas tras la avenida.
El Ayuntamiento ha activado un contrato de emergencia para acelerar las labores de limpieza y desescombro.
Las primeras máquinas ya han comenzado a trabajar y los operarios continuarán durante los próximos días con la retirada del barro, las piedras y los restos que la corriente depositó en las zonas afectadas.
“Se lleva desde ayer limpiando tanto Bouzas como Manzanedo de Valdueza y se va a continuar”, explica el alcalde.
La declaración de emergencia pretende precisamente “agilizar lo máximo posible esta limpieza y retirada de escombros”.
El acceso rodado a Manzanedo y Bouzas permanece restringido. Solo pueden entrar los residentes, los trabajadores que participan en las obras, los servicios de emergencia y aquellas personas que cuenten con autorización expresa del Ayuntamiento.
La prioridad es la de despejar las vías, pero hacerlo sin poner en riesgo a nadie.
La Policía Municipal se encarga de mantener los cortes y la señalización en las carreteras del Morredero a Manzanedo y del Morredero a Bouzas.
La ingeniera municipal, María del Mar Pardo Sánchez, coordina las operaciones de limpieza y desescombro y realiza el seguimiento de los trabajos.
Los técnicos municipales ya han recorrido las zonas afectadas y, por el momento, no consideran necesario activar el plan municipal de protección civil.
No existe ahora mismo un riesgo para la población que obligue a ponerlo en marcha. Pero eso no significa que la emergencia haya terminado. Queda mucho barro por retirar, muchas piedras que apartar y muchos accesos que revisar antes de que estas localidades puedan recuperar plenamente su rutina.
"Lo importante es la persona"
Morala insiste en que la primera respuesta del Ayuntamiento estuvo centrada en las personas.
“Desde el primer momento, en primer lugar fue acompañar a las familias y a los vecinos, lo importante es la persona”, afirma.
Es una idea que repite durante toda la conversación: antes que las carreteras, los vehículos dañados o los costes de reparación están las dos vidas que se llevó la riada.
La magnitud de los daños materiales todavía no puede cuantificarse. El barro dificulta conocer el alcance real de las pérdidas y también hay vehículos afectados.
El Ayuntamiento ha mantenido ya una conversación con el Consorcio de Compensación de Seguros para tratar de facilitar a los damnificados la información y los trámites necesarios.
«A día de hoy, hasta que no concluya la retirada de dicho material, es realmente difícil y complicado hacer una estimación previa», explica el regidor.
Los heridos, por su parte, fueron dados de alta ayer a primera hora de la mañana y se encuentran en buen estado de salud.
El alcalde recuerda con especial crudeza el momento en el que recibió la primera alerta. Era el sábado.
Una llamada de la Policía Municipal avisó de que se estaba produciendo la riada en Bouzas. El regidor se dirigió inmediatamente hacia allí junto a los bomberos.
Pero durante el trayecto llegó una segunda llamada: en Manzanedo había dos personas desaparecidas.
“Ya directamente bajamos hasta Manzanedo”, relata.
Lo que encontró allí fue una escena que todavía hoy cuesta asimilar.
“Presencié absolutamente todo lo que se vivió en esta pedanía», recuerda. Después llegaron las horas más difíciles: localizar a las víctimas, acompañar a sus familias y permanecer junto a unos vecinos que acababan de ver cómo una avenida de agua, barro y piedras rompía de golpe la tranquilidad de su pueblo.
“Fueron momentos realmente duros, difíciles, complejos, los más duros como alcalde», reconoce.
Y es precisamente en esos momentos, sostiene, cuando un alcalde debe estar al lado de sus vecinos.
“Yo entiendo que son los momentos en los que más nos necesitan”, afirma.
Una respuesta de varias administraciones
La reconstrucción no dependerá únicamente del Ayuntamiento. El Consistorio ha reclamado desde el primer momento la colaboración de las distintas administraciones para afrontar una situación que excede los medios municipales.
El alcalde destaca que la respuesta institucional está siendo coordinada.
La Policía Nacional ha estado presente desde el primer momento, mientras que la Diputación de León ha aportado maquinaria para ayudar a abrir carreteras que habían quedado cortadas.
La Junta de Castilla y León también participa en las actuaciones y colaborará en el contrato de emergencia destinado a acelerar la recuperación de Manzanedo y Bouzas.
“Yo creo que estamos para trabajar en beneficio del ciudadano, en beneficio de las personas, por encima de nuestras propias siglas o de nuestros particulares intereses políticos”, defiende el alcalde, que reclama «unidad y lealtad institucional».
Ponferrada ha decretado tres días de luto oficial y ha convocado un minuto de silencio, además de una junta de portavoces extraordinaria para aprobar una declaración institucional.
Volver a la normalidad, aunque nada vuelva a ser igual
La palabra que más se repite estos días es normalidad.
El Ayuntamiento quiere que las carreteras y los servicios municipales recuperen su funcionamiento "en el plazo más breve posible".
Para conseguirlo habrá que avanzar paso a paso: primero retirar los restos de la riada, después garantizar que los accesos son seguros y, finalmente, evaluar y reparar los daños.
Manzanedo de Valdueza y Bouzas permanecen parcialmente aislados y las restricciones de acceso son el recordatorio visible de que la riada no terminó cuando dejó de correr el agua.
Sus consecuencias siguen allí, en las carreteras cubiertas de barro, en los vehículos dañados, en los caminos que habrá que reconstruir y, sobre todo, en las casas de dos familias que ya no volverán a ser las mismas.
“Los daños materiales se recuperarán”, resume el alcalde. “Pero la sensación de dolor y vacío de las dos vecinas fallecidas no va a ser posible llenar, olvidar”.
Por eso, más que hablar de futuro, el regidor prefiere hablar de presente.
“Estamos ahí, hemos estado desde el minuto cero. Estamos trabajando para que estas pedanías recuperen la normalidad”.
La maquinaria ya está en marcha. Las carreteras empezarán a despejarse. El barro acabará desapareciendo. Los servicios volverán poco a poco. Ponferrada comenzará a recomponerse.