Iñigo Tina y su perra Bruma, en un albergue en el Hospital de Órbigo tras culminar la etapa de ayer.
Iñigo Tina (33), el exconcursante de GH que camina por los animales: "Es mucha carga emocional"
El exconcursante de televisión recorre las dehesas, llanuras y páramos de la comunidad junto a su perra Bruma en un viaje al límite de las fuerzas y cargado de emoción para salvar a los animales rescatados de un santuario.
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El Camino de Santiago no se anda solo con los pies; se camina con las entrañas. Lo sabe bien Iñigo Tina, creador de contenido alavés y rostro conocido por su reciente paso por un popular programa de televisión, quien ha decidido cambiar los focos del plató por el barro, el polvo y el silencio infinito de la ruta jacobea.
Tras ganar notoriedad en la pequeña pantalla, este joven tenía claro que quería aprovechar la visibilidad para abanderar una causa noble.
"Yo quería demostrar un poco que se pueden hacer cosas buenas e intentar incentivar a la gente para precisamente eso, hacer que utilizar estas herramientas que tenemos para también aportar algo positivo", explica sobre el origen de un reto que busca recaudar fondos para el santuario Todos los Caballos del Mundo.
El refugio realiza una doble labor social, sanando a animales maltratados que después sirven de terapia para personas con autismo, cáncer o mujeres que han sufrido violencia de género.
El pacto con sus seguidores es tan sencillo como demoledor: cuando pise la plaza del Obradoiro, realizará una flexión física por cada euro donado en la plataforma digital.
En esta aventura de sol, soledad y asfalto, Iñigo no camina solo. A su vera avanza Bruma, su perra, una fiel compañera de cuatro patas de la que no se ha separado en cuatro años, salvo por el encierro del concurso.
"Al final Bruma es como una extensión mía", confiesa con orgullo, consciente de haber elegido la ruta del norte de manera honesta, humilde y sin medias tintas, asumiendo la dureza del trayecto desde la primera noche, cuando le tocó dormir a la intemperie bajo la lluvia.
"A la noche, pues escuché algún jabalí por ahí merodear. Yo tenía a mi perra, pero es verdad que dije ostras, como todas las noches sean así se va a hacer esto muy largo", relata sobre los primeros compases de la ruta.
El paso por las tierras de Castilla y León ha supuesto un verdadero torbellino de emociones y un reencuentro con sus propias raíces, pues la sangre burgalesa de su madre le hace sentirse parte de este territorio, familiarizado desde niño con el rigor de un clima que pasa sin transiciones del invierno helado al calor asfixiante del verano castellano.
La inmensidad de las etapas palentinas y leonesas trajo consigo el inevitable desgaste físico y anímico. Entre Castrojeriz, Frómista y Sahagún, bajo un cambio drástico de temperaturas y cargando con una mochila de dieciséis kilos donde el equipaje de su perra ocupa el espacio principal, las dudas hicieron acto de presencia.
El dolor físico y el peso de la responsabilidad por la salud de Bruma minaron las fuerzas en las jornadas más monótonas.
"Voy muy preocupado por mi perra. Llevo mucha carga emocional y responsabilidad encima porque voy cada día mirándole cómo va, porque si ella se lesiona o le pasa algo, la aventura se acaba", reconoce con franqueza.
Sin embargo, la comunión con el animal en etapas de más de treinta kilómetros y el apoyo invisible pero constante de las redes actúan como el mejor combustible: "Es coger el móvil un momento y ver tantos mensajes de gente animándote a seguir, a seguir, a seguir, que te sube la adrenalina y tiramos palante".
Castilla y León también ha mostrado su cara más hospitalaria, equilibrando la balanza frente a un entorno donde el turismo a veces desdibuja el espíritu original de la ruta.
El impacto de las grandes catedrales, la monumentalidad de Burgos y la deslumbrante luz de la seo de León al final del polígono industrial sobrecogieron al caminante, que valora enormemente el patrimonio nacional.
En el corazón de León, perdiéndose por el Barrio Húmedo y compartiendo confidencias con los paisanos que le reconocían en tabernas clásicas como El Gaucho, Iñigo ha descubierto la inmensa bondad y la solidaridad de las gentes de la comunidad.
Trabajos en el santuario y protectora 'Todos los Caballos del Mundo'. destinataria de los fondos recaudados en la peregrinación de Iñigo Tina.
"Me estoy últimamente emocionando mucho pensando e incluso echando alguna lágrima porque veo mucha bondad y mucha solidaridad. Hay mucha gente que está dispuesta a ayudar, pero que en su día a día no tienen esos momentos o esas oportunidades de ser buena gente, y el hecho de ayudarnos a nosotros abre esa puerta a que la gente muestre su mejor cara", confiesa emocionado.
Ahora, con las próximas metas fijadas en Hospital de Órbigo, Astorga y las tierras bercianas de Ponferrada antes de encarar el ascenso hacia Galicia, el horizonte de Santiago se vislumbra más cercano.
Iñigo ya imagina ese instante final, el derrumbe emocional al pisar las piedras del Obradoiro tras haber compartido tanto esfuerzo en la trastienda digital, editando vídeos de madrugada con el cuerpo exhausto.
"El momento de pisar la plaza yo creo que me voy a derrumbar y voy a llorar un montón. De hecho, me emociona pensarlo", admite. Su sueño no es solo saldar su deuda ante la fachada de la catedral, sino contagiar esa energía y juntar a un grupo de personas haciendo flexiones con él por una causa justa.
Iñigo avanza con paso firme en la recaudación hacia cifras que jamás imaginó, el viaje ya es un éxito rotundo que demuestra la inmensa generosidad humana que se esconde tras los senderos del Camino.