Ricardo Vila posa junto a uno de sus perros en San Facundo

Ricardo Vila posa junto a uno de sus perros en San Facundo Cedida

León

Ricardo Vila, el alcalde minero de un pueblo de 16 vecinos que ha logrado traer 25.000 turistas al año y tener playa fluvial

El milagro se encuentra en San Facundo, un municipio de El Bierzo, donde lleva siendo regidor desde hace más de 30 años. "Yo siempre decía que quería hacer de esto una ciudad sin dejar de ser pueblo y lo he logrado”, afirma Ricardo Vila.

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Es un rincón casi secreto del Bierzo Alto. Quizás no aparezca ni en los mapas, pero sí en la memoria y en el corazón de todo aquel que lo ha visitado.

Aquí lo que más suena, o mejor dicho resuena, es el agua que procede de la montaña, que es su motor. Estamos en un lugar que rompe con todos los esquemas de la España rural.

Se llama San Facundo, pertenece al municipio de Torre del Bierzo (León) y apenas cuenta con 16 habitantes censados durante todo el año. Sin embargo, recibe más de 25.000 visitantes anuales, organiza eventos gastronómicos multitudinarios y presume de servicios que muchos pueblos más grandes envidiarían.

¿Cómo se hace? El milagro tiene un nombre.

Al frente de esta anomalía está Ricardo Vila, un exminero convertido en referente de gestión rural sostenible. Lleva desde 1991 liderando la pedanía, aunque su historia con el pueblo empezó mucho antes, prácticamente desde que tenía uso de razón.

“Yo siempre decía que quería hacer de San Facundo una ciudad sin dejar de ser pueblo”, explica Vila. La frase podría sonar grandilocuente si no fuera porque, en la práctica, la ha cumplido.

El alcalde con su lado minero en un montaje

El alcalde con su lado minero en un montaje Cedida

Ricardo es de esos alcaldes que no llegan a ministros, que no cobran millonadas, pero que sí trabajan por su pueblo, aunque sea pequeño.

En este pueblo de 16 habitantes, repito, 16 habitantes, menos de una plantilla de fútbol, hay wifi, alumbrado de calidad, consultorio médico, restaurante en funcionamiento desde los años 80 y hasta una playa fluvial en plena montaña. Todo pensado para vivir mejor.

Porque ese ha sido siempre el objetivo, de Ricardo, “que la gente tenga calidad de vida”, afirma a EL ESPAÑOL Castilla y León.

“No se trata de tener metro o grandes avenidas. Se trata de que la gente viva bien”, resume el alcalde, aludiendo a su frase de ser “una ciudad”.

Y sí, por este pueblo pasan más de 25.000 visitantes. “Este año podemos superar las 30.000, porque nos han declarado Pueblo Mágico de España”, afirma.

Con consultorio médico

Castilla y León vive con preocupación la falta de atención sanitaria en el mundo rural. Pues bien, en San Facundo, otro de los milagros es su pequeño pero eficaz consultorio médico, impulsado por Ricardo Vila a comienzos de los años 2000.

“Lo que hacemos es evitar desplazamientos innecesarios. El médico y la enfermera acuden al pueblo una vez por semana, suficiente para el seguimiento habitual de los vecinos, la renovación de tratamientos y la atención básica”, explica.

Además, el sistema se complementa con el suministro de medicamentos directamente en la localidad, lo que facilita enormemente la vida diaria. “Más que un centro para urgencias, es un servicio pensado con humanidad”.

La biografía de este peculiar alcalde explica muchas cosas. Fue minero picador durante años, un trabajo duro que, según él mismo reconoce, “me enseñó a no rendirme”.

Por eso, “cuando pienso algo es porque creo que es posible”, afirma. Esa mentalidad ha sido clave para transformar un pueblo que, en los años 80, parecía condenado al olvido.

Innovador

Con apenas 16 años, ya impulsó la apertura del restaurante local, en una época en la que apostar por el turismo rural era poco menos que una locura. “Todo el mundo hablaba del turismo de playa que hacíamos. Nos decían que estábamos equivocados”, recuerda.

Pero, el tiempo le dio la razón. Y los números. Mucho antes de que se hablara de sostenibilidad o digitalización rural, San Facundo ya estaba dando pasos pioneros.

Por ejemplo, Ricardo nos relata orgulloso que se hicieron canalizaciones preparadas para fibra óptica hace más de dos décadas. Se preparó el sistema de tratamiento de agua respetuoso con el entorno y las infraestructuras soterradas para mejorar el paisaje.

Y claro, todo ello con presupuestos mínimos, que es lo que tiene recaudar de solo 16 vecinos. “La financiación es escasa, pero cuando el dinero se gasta bien, llega”, asegura Vila.

Y añade una reflexión que resume su filosofía: “Hoy en día, lo que más se cotiza son las ideas”. Y para eso no se necesita sacar adelante Presupuestos.

Uno de los fenómenos más llamativos ocurre cada mes de junio, cuando el pequeño núcleo se transforma radicalmente gracias al Encuentro Gastronómico de la Trucha. Más de 500 comensales y hasta 4.000 personas se dan cita en el entorno.

Ricardo posa junto a un cartel en el pueblo

Ricardo posa junto a un cartel en el pueblo

Una cifra que, en proporción, convierte el evento en uno de los más singulares de España. “Que una población como la nuestra junte a tanta gente… eso es lo verdaderamente importante”, defiende el alcalde.

Crecer con cabeza

A diferencia de otros destinos rurales, San Facundo no busca crecer sin límite. De hecho, Vila se muestra claro: “un aumento descontrolado podría ser perjudicial”. No quiere morir de éxito, lo que quiere es que la gente sea feliz.

Aquí se apuesta por un turismo “de calidad”, entendido en términos de vida, no de economía. “Queremos gente que valore, respete y entienda lo que hay aquí”, explica.

Si hay una palabra que define al alcalde berciano es la de “pasión”. Para él, no hay gestión posible sin creer profundamente en lo que se hace. “Puedes promocionar tu pueblo donde quieras, pero si la gente no ve que es verdad, no sirve de nada”. Por eso él se ha ido a todas las ferias de turismo, incluso internacionales.

Esa autenticidad es, probablemente, lo que ha convertido a San Facundo en un caso de estudio y en un ejemplo citado en foros de desarrollo rural. El siguiente objetivo es claro: “generar actividad económica estable”, apunta.

Entre los proyectos en marcha destaca la creación de un centro de interpretación del agua y una infraestructura que permita organizar eventos durante todo el año. La meta es crear uno o dos empleos fijos. Puede parecer poco, pero en un pueblo de 16 habitantes es una revolución.

Vila tiene también, para cuando él quiera, para escribir un libro, por eso va dejando frases de legado: “Más que España vaciada, vivimos en una España vacilada”. Amén.

No se muerde la lengua a la hora de criticar las trabas burocráticas y la falta de apoyo real a quienes quieren invertir en el mundo rural. Pero, lejos de resignarse, sigue viajando, promocionando y defendiendo su modelo. Porque, como él mismo dice: “Si no sales de casa, no logras nada.”

A sus 60 años, sin intención de retirarse mientras la salud se lo permita, Vila no habla de sí mismo como protagonista. “Las personas pasamos y las cosas quedan”, reflexiona.

El pueblo más pequeño puede convertirse en referente si hay visión, constancia y honestidad. San Facundo, su patrón que da nombre, estaría orgulloso de este milagro.