Tamara Olarte, peluquera burgalesa especializada en cabello rizado ICAL
El auge del cabello rizado: de estigma a identidad
La peluquera burgalesa Tamara Olarte impulsa desde su salón Oh! Arte un modelo centrado en la salud capilar y el acompañamiento del cliente.
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Hubo un tiempo en el que el cabello rizado se ‘domaba’. Se alisaba, se escondía o se corregía hasta hacerlo desaparecer bajo un ideal estético uniforme. Hoy, sin embargo, ese mismo rizo empieza a reivindicarse como identidad, como rasgo propio y como una forma de reconocerse frente al espejo.
En este contexto, el 2 de mayo, Día Mundial del Pelo Rizado, deja de ser solo una fecha simbólica para convertirse en el reflejo de un cambio social más profundo: el paso de intentar transformar el cabello a comprenderlo.
En ese cambio, silencioso pero imparable, se enmarca el trabajo de Tamara Olarte, la peluquera burgalesa que ha convertido su salón, Oh! Arte, en un espacio especializado en el tratamiento de la textura natural.
Tamara Olarte, en la puerta de su peluquería especializada en pelo rizado ICAL
Su recorrido profesional comenzó en Burgos, con formación reglada y experiencia en distintos salones, pero pronto sintió que el sistema le daba respuestas insuficientes.
"Cada vez que iba a Madrid a formarme, me hacía replantearme todo", recuerda. Y es que el sector se enfrenta a un desfase evidente: mientras la demanda de texturas naturales crece, la formación pública en España sigue trabajando con una programación del año 1994. Por eso, Tamara optó por especializarse en dermotricología, una disciplina que analiza el funcionamiento del cabello y el cuero cabelludo desde la salud y la ciencia, no solo desde la estética.
El paso de ‘corregir’ el cabello a comprenderlo
El auge del conocido como ‘método curly’ ha sido uno de los motores de este cambio, aunque Olarte matiza el concepto. Prefiere hablar de textura natural, de respetar lo que el cabello es en esencia. Para ella, no se trata de seguir una moda de productos, sino de entender la química y la estructura capilar. “Después de años de alisados y keratinas nos hemos dado cuenta de que no somos eso. Nadie quiere un pelo castigado; queremos un cabello sano, con vida”, afirma.
Ese giro no es solo estético. Supone abandonar la idea de ‘perfección’ asociada al cabello liso inamovible, muchas veces irreal y conseguido solo a través de tratamientos químicos, para dar paso a una visión más orgánica. Y mientras el mercado se satura de productos milagrosos, en su salón se habla de pH, de porosidad y de elasticidad. "No buscamos el rizo perfecto de Instagram, buscamos salud. Que el cabello tenga una forma bonita es solo la consecuencia de que esté sano por dentro", afirma. Incluso el encrespamiento deja de ser enemigo para entenderse como parte natural del comportamiento del pelo.
En este nuevo paradigma, el trabajo del profesional cambia. Ya no se trata solo de cortar o colorear, sino de diagnosticar, explicar y acompañar. El salón recibe a clientas que han tenido malas experiencias previas en peluquería por un sistema que no las entendía. "Cuando te dicen que hace diez años que no se sientan en una peluquería porque nadie entiende su pelo, se te cae el alma a los pies", admite Tamara. Para muchas, volver a su rizo es volver a la infancia, a una versión de sí mismas que habían olvidado. “Les enseñas cómo cuidarlo y vuelven diciendo que es otro pelo”, resume con orgullo Tamara. Por ello, en Oh! Arte la asesoría personalizada se ha convertido en una pieza clave. Entender el cabello, su comportamiento y sus necesidades es el primer paso antes de cualquier tratamiento.
Un proyecto que trasciende Burgos
El trabajo de Olarte ha empezado a recibir reconocimiento dentro del sector. En 2023 ganó Expobeauty Barcelona con trabajos realizados en su día a día en el salón y fue finalista en el Style & Colour Trophy de L’Oréal, además de ser nominada como peluquera revelación en distintos certámenes. “Es un reconocimiento a una forma de trabajar que nace desde la clienta, desde lo real”, explica.
Ese crecimiento se ha materializado también en la ampliación reciente de su salón, impulsada tanto por la demanda como por la necesidad de evolucionar el proyecto. “Había cosas que ya no podía desarrollar por falta de espacio”, señala. Su alcance, además, supera el ámbito local. Clientas de Madrid, Santander o Valladolid acuden a Burgos en busca de este tipo de servicio especializado, aún minoritario. "No es una moda", insiste, "es que ahora buscamos a profesionales que sepan realmente lo que tienen entre manos, no un servicio generalista".
Lejos de la presión por la perfección, Tamara Olarte interpreta este auge como parte de un proceso de aceptación personal. "Estamos en un momento en el que nos estamos empezando a querer más, a aceptar lo que somos", señala. En ese proceso, apunta, no todas las personas están en el mismo punto. “Hay personas que tienen que llegar a su momento y, si tienen la mínima curiosidad, que empiecen a informarse y a buscar un profesional que les pueda dar una pauta para comenzar”.
Es precisamente esa búsqueda de autenticidad la que dota de todo su sentido al 2 de mayo, Día Mundial del Pelo Rizado. La fecha ya no es un recordatorio de cómo ‘domar’ una melena rebelde, sino el símbolo de una victoria colectiva: la de entender, por fin, que el cabello no es algo que haya que corregir, sino entenderlo como parte de la identidad.