El grito desesperado de David, empresario de Briviesca, tras 6 robos en 6 meses y su padre atropellado: “Nos están obligando a cerrar”

El grito desesperado de David, empresario de Briviesca, tras 6 robos en 6 meses y su padre atropellado: “Nos están obligando a cerrar”

Burgos

El grito de David, empresario de Briviesca, tras 6 robos en 6 meses y su padre atropellado: “Nos están obligando a cerrar”

La empresa Campomar Suministros denuncia una escalada de inseguridad en la localidad, critica la falta de vigilancia nocturna y alerta de que la situación ya pone en riesgo no solo el negocio, sino también la integridad de las personas.

Más información: A prisión un vecino de Benavente por robar en la Casa de la Encomienda, un quiosco, una panadería, una barbería y varios bares

Publicada
Actualizada

La indignación ya ha superado el enfado. En Campomar Suministros, en Briviesca, hablan directamente de miedo, impotencia y hartazgo. Lo que comenzó como una sucesión de robos ha terminado, según denuncia la familia, con un episodio todavía más grave: el atropello al padre de David, responsable del negocio, cuando los presuntos ladrones huían tras un nuevo asalto.

El estallido de David, difundido públicamente a través de un vídeo en redes sociales, no es solo la reacción a un robo más. Es el retrato de una familia y de una empresa al límite. “Nos están obligando a cerrar”, resume en un mensaje cargado de rabia, desesperación y cansancio después de, asegura, haber sufrido seis robos en seis meses.

La cronología de los hechos, siempre según el relato de la empresa, ha sido devastadora. El jueves se produjo un primer robo. Apenas unas horas después, en la madrugada del sábado, los ladrones regresaron. Pero esta vez, denuncian, no solo se llevaron maquinaria. En la huida, atropellaron al padre de David, que se encontraba en la zona junto a su hermano.

Ese momento ha marcado un antes y un después para la familia. Porque, según trasladan desde Campomar Suministros, lo ocurrido ya no puede reducirse a daños materiales o pérdidas económicas. “Esto ya no va de robos, va de personas”, vienen a denunciar. El herido tuvo que ser trasladado al hospital de Burgos, mientras la familia trataba de asimilar una escena que consideran insoportable.

David pone voz a una queja que, según afirma, arrastran desde hace tiempo: la falta de seguridad durante la noche en Briviesca. Asegura que, pese a contar con todas las medidas de protección posibles en la empresa, la sensación es de absoluto abandono cuando cae el sol. En su testimonio lamenta la ausencia de presencia policial nocturna en la localidad y denuncia que la Guardia Civil tardó alrededor de 40 minutos en llegar desde que dieron el aviso.

Su mensaje no está medido ni edulcorado. Está atravesado por la frustración de quien siente que ha llegado al límite. De quien ve peligrar no solo su negocio, sino también la integridad de su familia y de sus trabajadores. En ese grito, David expresa sin filtros el agotamiento de seguir levantando la persiana en estas condiciones, la impotencia de invertir, trabajar y generar empleo para acabar sintiéndose desprotegido.

Campomar Suministros insiste en que la situación se ha vuelto insostenible. La empresa, ubicada en la avenida Burgos de Briviesca, asegura que vive atrapada en una espiral de robos que ha destrozado cualquier sensación de normalidad. Ya no se trata, dicen, de reponer lo sustraído o de reforzar una cerradura más. Lo que está roto es la tranquilidad. La confianza. La idea de que abrir un negocio y pagar impuestos garantice, al menos, un mínimo amparo.

Por eso, el último vídeo lanzado por David no tiene nada de comercial. No busca promocionar productos ni atraer clientes. Busca denunciar. Sacudir. Poner el foco sobre una realidad que considera insoportable y que, a su juicio, afecta no solo a su empresa, sino a muchos otros negocios de la zona que viven con la misma inquietud.

La pregunta que deja en el aire es demoledora: cuánto más tiene que pasar para que alguien actúe. En Briviesca, denuncia, la inseguridad ya no se mide solo en robos. Ahora también se mide en heridos, en noches sin dormir y en empresarios que empiezan a plantearse si merece la pena seguir.

Porque cuando una familia llega a decir públicamente que siente que la están empujando al cierre, lo que se escucha no es solo una queja. Es un grito desesperado, que le ha llevado a colgar el cartel de 'Cerrado por inseguridad' en la puerta de Campomar.