Orquesta, Pikante, de la que sus integrantes residen en Arévalo en temporada.

Orquesta, Pikante, de la que sus integrantes residen en Arévalo en temporada. L. Falcão.

Ávila

Arévalo, la nueva Vilagarcía de las orquestas en el corazón de España

La llegada de decenas de músicos convierte a Arévalo en el nuevo epicentro de las orquestas del centro de España y genera un impacto económico superior a los 150.000 euros anuales.

Más información: La mejor verbena siempre la elige el pueblo

Publicada

Cada tarde, cuando el reloj se acerca a esa hora taurina de las cinco –como si fuera al son de un pasodoble-, Arévalo empieza a cambiar de ritmo. Camiones, autobuses y furgonetas cargados de instrumentos abandonan la localidad.

Dentro viajan músicos, cantantes, técnicos y bailarines rumbo a plazas y escenarios de Castilla y León, Madrid, Extremadura, Asturias, Cantabria o Castilla-La Mancha. Horas después, de madrugada, regresarán al mismo punto. Ese punto es Arévalo.

“Venimos de Arévalo, es nuestra sede”, dicen cuando están lejos de la localidad. Una frase que resume un fenómeno que ha ido creciendo casi en silencio y que ha convertido a esta villa de La Moraña en uno de los principales centros de operaciones de las orquestas del centro peninsular.

La comparación con Vilagarcía de Arousa, referente histórico de las grandes formaciones gallegas, surge de manera inevitable.

Salvando las distancias, Arévalo reúne hoy algunas de las condiciones que necesita este sector: buenas comunicaciones, servicios, alojamiento, hostelería y una posición geográfica que permite llegar con relativa rapidez a numerosos mercados.

Una ciudad que también hacen los músicos

Entre quienes han encontrado en Arévalo algo más que una base para trabajar está Isaías Di Marco, bajista de Pikante, compositor y productor. Ha vivido en Cádiz, Sevilla, Madrid, el País Vasco y Galicia, pero asegura que en la villa morañega ha encontrado un lugar en el que se siente plenamente integrado.

“Cuando entras en Arévalo hay un cartel que dice que es un ‘Pueblo Mágico de Castilla’ y, sinceramente, creo que hace honor a ese nombre. La gente es muy amable, nos ha acogido con mucho cariño y nos hace sentir parte de la localidad», explica.

Isaias Di Marco y Paula Madero, integrantes de Pikante.

Isaias Di Marco y Paula Madero, integrantes de Pikante. Cedida.

Para Isaías, la convivencia entre profesionales de distintas formaciones ha generado además una actividad musical que va mucho más allá de las verbenas.

Junto a otros compañeros impulsó unas ‘jam sessions’ en un establecimiento hostelero de la localidad, encuentros en los que músicos de orquestas, charangas y otras formaciones podían compartir escenario.

La respuesta, asegura, fue “extraordinaria. Se creó un espacio donde cualquiera podía tocar, expresarse y encontrarse con un público que iba a escuchar música por el simple placer de hacerlo, no solo durante una verbena”, señala.

La intensa temporada de actuaciones obligó a poner aquellas reuniones en pausa, aunque la intención es recuperarlas cuando la agenda lo permita.

Su relación con la localidad ya es también personal. “Desde que me mudé aquí siempre digo que soy arevalense de corazón. Estoy muy feliz viviendo en Arévalo”, afirma.

La carretera como razón de peso

En el mundo de las orquestas, la carretera forma parte del oficio. Cada desplazamiento implica combustible, mantenimiento, desgaste y horas de conducción. Por eso, disponer de una base bien situada puede convertirse en una ventaja decisiva.

Arévalo cuenta con esa condición. Su conexión con la A-6 facilita los desplazamientos hacia Madrid y buena parte de Castilla y León. Desde la localidad se puede acceder en menos de dos horas a ocho capitales de provincia y en menos de tres horas a otras seis.

Para una formación que encadena actuaciones durante buena parte del verano, la diferencia es considerable: salir por la tarde, actuar a cientos de kilómetros y regresar de madrugada a una localidad situada en el centro de ese mapa.

Así lo explica Cristian Rey, director musical, técnico de sonido y responsable del Grupo-Orquesta Nebraska. Tras la pandemia, la formación comenzó a trabajar en exclusiva con Prim Espectáculos y Euroconciertos, con Castilla y León como principal zona de actividad.

Cristian Rey, técnico de sonido y gerente de Nebraska.

Cristian Rey, técnico de sonido y gerente de Nebraska. L. Falcão.

“Fue entonces cuando empezamos a quedarnos a vivir en Arévalo los meses de verano. Es una zona muy estratégica para nosotros, porque está muy céntrica para todas las fiestas que abarcamos, principalmente Salamanca, Zamora, Segovia, Ávila, Madrid, Asturias o Cantabria”, señala.

Nebraska desplaza durante los cuatro meses fuertes de la temporada a un equipo de trece personas que hace vida en Arévalo. “Tenemos todas las comodidades, como piscina y supermercados, y nos tratan muy bien, convirtiéndonos en unos vecinos más durante esta temporada de verano”, añade.

Sesenta profesionales que dejan huella

El fenómeno supera ya la simple presencia de algunas formaciones. Durante aproximadamente seis meses, alrededor de sesenta músicos, cantantes y técnicos viven en Arévalo vinculados a distintas orquestas.

Alquilan viviendas, compran en los establecimientos locales, comen en restaurantes, repostan, utilizan talleres y recurren a los servicios de la localidad. Y algunos han dado un paso más: atraídos por la cercanía, el ambiente y la calidad de vida, han terminado empadronándose y permaneciendo en Arévalo durante todo el año.

Es una actividad todavía estacional, pero empieza a producir efectos que van más allá de los meses de verano.

Pablo Alexander, director musical, músico y cantante de La Huella y mánager general de Nuevas Producciones, resume una de las razones de esta elección: “Para nosotros es comodidad, sobre todo logística”. Arévalo permite reducir kilómetros y facilita los desplazamientos después de cada actuación.

Pablo Alexander, músico y cantante de La Huella, en Arévalo.

Pablo Alexander, músico y cantante de La Huella, en Arévalo. L. Falcão.

Pero la relación con la localidad no termina en la carretera. “Son tantos años que en verano Arévalo es nuestra casa, literalmente”, explica. En esa frase está quizá la dimensión más humana del fenómeno.

Los músicos ya no perciben la localidad únicamente como el lugar al que regresan después de una verbena. Es también donde descansan, comen, hacen compras, se encuentran con compañeros y comparten una parte de su vida.

Más de 150.000 euros para la economía local

Toda esa presencia tiene también una traducción económica. El movimiento generado por las orquestas supera los 150.000 euros anuales para la economía de Arévalo, según los datos manejados en este reportaje. No existe un único sector beneficiado.

El impacto se reparte entre gasolineras, alquileres, restaurantes, supermercados, talleres, comercios y otros servicios.

Es un consumo cotidiano y descentralizado, pero sostenido durante buena parte de la temporada por decenas de profesionales que han convertido Arévalo en su base. Y en una localidad de tamaño medio, esa actividad tiene una relevancia que trasciende las cifras.

De Galicia a La Moraña

Paula Madero, cantante gallega de la orquesta Pikante, llegó inicialmente a Arévalo por motivos laborales. Lo que iba a ser una residencia temporal terminó convirtiéndose en una decisión personal.

“Llegué para pasar la temporada con la orquesta, pero al ir renovando año tras año me di cuenta de que quería quedarme. Arévalo tiene un encanto especial y aquí encuentro todo lo que necesito para mi día a día”, explica.

Su familia continúa en Galicia, pero su vida profesional y cotidiana está ahora en la localidad morañega.

Antes de incorporarse a Pikante ya había actuado varias veces en Arévalo. «Actuamos en muchísimos pueblos a lo largo del año, pero Arévalo siempre se me quedó en la memoria. Tenía algo diferente”, recuerda.

Para Paula, la calidad de vida también pesa. “Un buen gimnasio, supermercados, sitios donde tomar un café con tranquilidad y un entorno agradable. Arévalo cumple con todo eso y, además, la gente nos ha acogido de una manera extraordinaria. Me siento como en casa; de hecho, hoy puedo decir que esta es mi casa”.

Pikante, La Huella, Nebraska y otras formaciones

Entre las orquestas que han elegido Arévalo como lugar de residencia o punto de operaciones figuran Pikante, La Huella y Nebraska, además de otras formaciones y charangas. No buscan únicamente un techo.

Necesitan un lugar desde el que organizar desplazamientos, descansar, preparar equipos y, sobre todo, vivir durante una temporada que exige una movilidad constante.

Ese último elemento puede ser el más importante. Cuando un músico decide empadronarse, Arévalo deja de ser una parada entre dos actuaciones y comienza a formar parte de su proyecto de vida.

Una referencia festiva en La Moraña

La relación entre Arévalo y las orquestas tiene además otra dimensión: la propia fuerza de sus fiestas. Rodo Téllez, cantante y líder de La Huella, considera que la localidad se ha convertido en un referente festivo de La Moraña.

Su programación combina eventos taurinos, conciertos y grandes espectáculos de orquestas capaces de atraer público de numerosos municipios del entorno.

La Huella, orquesta con sus componentes residiendo en Arévalo en temporada.

La Huella, orquesta con sus componentes residiendo en Arévalo en temporada. L. Falcão.

“Arévalo tiene la mejor fiesta de la comarca y es un referente”, sostiene. Su posición geográfica refuerza además esa capacidad de convocatoria. La cercanía con otros núcleos importantes, entre ellos Medina del Campo, amplía el radio de influencia de sus actividades.

“Por cercanía es un referente en todo. En eventos taurinos, en conciertos, en programación de orquestas… no lo hay igual”, resume.

¿La nueva Vilagarcía?

La comparación no nace únicamente de fuera. Javi Fernández, cantante y líder de Pikante y natural de Vilagarcía de Arousa, conoce de primera mano aquel modelo de concentración de profesionales y formaciones.

A su juicio, Arévalo “se ha consolidado como uno de los principales centros neurálgicos del sector en el centro peninsular”.

“Han existido otros lugares de referencia, igual que en Galicia ocurre con determinadas zonas donde se concentran muchas formaciones, como es el caso de Vilagarcía de Arousa, pero ahora mismo Arévalo reúne unas condiciones muy difíciles de igualar”, explica.

Para Javi, además de las comunicaciones y los servicios, existe un factor difícil de medir: el trato humano.

“Lo que realmente marca la diferencia es el trato de la gente. Arévalo es una localidad cercana, acogedora y muy amable. Con el paso del tiempo acabas conociendo a vecinos, comerciantes y hosteleros, y eso hace que te sientas muy cómodo”, señala.

Arévalo, por tanto, no pretende convertirse en Galicia. Está construyendo su propio modelo a partir de una ventaja que no puede trasladarse de un lugar a otro: su posición en el mapa. Madrid, Valladolid, Ávila, Zamora, Salamanca y Segovia quedan dentro de un radio razonable.

También numerosos destinos de Castilla y León y otros mercados de comunidades próximas.

Una oportunidad que llega de madrugada

El fenómeno todavía está creciendo y, precisamente por eso, abre una oportunidad para la localidad. Arévalo dispone ya de los elementos que han atraído a las orquestas: vivienda, comunicaciones, hostelería, comercio, servicios y calidad de vida.

La consolidación de esta actividad podría reforzar todavía más su papel como centro de operaciones de las formaciones musicales del centro de España.

Las oportunidades, a veces, no llegan anunciadas. Llegan de madrugada. En un autobús, en un camión cargado de instrumentos o en una furgoneta que regresa después de una actuación. Y algunas terminan quedándose. Porque eso es, en definitiva, lo que está ocurriendo en Arévalo.

Los músicos llegaron buscando una base estratégica para trabajar y algunos han terminado encontrando un lugar donde vivir. Entre castillos, iglesias mudéjares, gastronomía y carreteras que conectan buena parte del país, la villa morañega está construyendo una identidad nueva.

La de una localidad que cada verano también vive al ritmo de las orquestas y que, casi sin proponérselo, se ha convertido en uno de los grandes puntos de encuentro de la música de verbena en el centro de España.