A la izquierda, bañistas en el río Alberche bajo el Puente del Arco (Foto: Diputación de Ávila). A la derecha, el incendio arrasa Burgohondo (Foto: MeteoAvila).
Burgohondo, el paraíso natural del valle del Alberche convertido en símbolo de la emergencia nacional
El incendio ha arrasado más de 9.000 hectáreas, ha obligado a evacuar a unas 1.500 personas y ha cubierto de humo uno de los rincones naturales más queridos de la provincia de Ávila.
Más información: DIRECTO | Marlaska declara la emergencia nacional en Ávila por el incendio de Burgohondo: afecta a más de 9.000 hectáreas
Burgohondo siempre ha sido un lugar para respirar.
Un pueblo rodeado de montañas, atravesado por el río Alberche y acostumbrado a recibir cada verano a familias que buscan agua fresca, sombra y tranquilidad.
En sus playas fluviales se mezclan los vecinos de toda la vida con quienes regresan cada año a la misma casa rural, al mismo merendero o a la misma piedra desde la que se lanzaban al río cuando eran niños.
El Puente del Arco, los grandes lanchares de granito, los rápidos y los pequeños arenales forman parte de una estampa reconocible para varias generaciones.
Esa imagen, sin embargo, ha desaparecido bajo el humo.
Donde hasta hace unos días se escuchaban conversaciones, chapuzones y el sonido del agua, ahora resuenan helicópteros, aviones anfibios y sirenas.
Las carreteras por las que llegaban turistas están ocupadas por autobombas, vehículos militares y equipos de emergencia.
Burgohondo, uno de los paraísos naturales del valle del Alberche, en la provincia de Ávila, se ha convertido en el epicentro de un incendio que ya ha calcinado más de 9.000 hectáreas.
Un pueblo unido al río
El Alberche no es solo parte del paisaje de Burgohondo, sino también de la memoria de sus vecinos.
Alrededor del río han crecido negocios, zonas de baño, rutas de senderismo y una forma de entender el verano alejada de las prisas.
El Puente del Arco es uno de los lugares más conocidos del municipio, con sus grandes piedras, sus rápidos y sus rincones para sentarse a la sombra.
También están los caminos que recorren dehesas, bosques y gargantas, como la ruta del paraje de La Mata, que parte desde Puente Abajo y permite adentrarse en el entorno sin grandes dificultades.
Hay quienes llegan para pescar, quienes recorren el Alberche en piragua y quienes solo buscan una piedra junto al agua donde dejar pasar la tarde sin mirar el reloj.
Burgohondo también guarda siglos de historia en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, la antigua abadía que sigue siendo uno de los grandes símbolos del pueblo.
Y están sus melocotones, cultivados en las huertas del valle y ligados a la memoria de muchas familias, en una localidad que cada verano vuelve a llenarse de vida con la llegada de visitantes y vecinos que regresan a casa.
Son semanas importantes para las casas rurales, los bares, los restaurantes y los pequeños comercios.
Todo ese equilibrio ha quedado roto en apenas unas horas
😔 Tras una noche dura y de trabajos constantes que el #IFBurgohondo continúa activo. Estás imágenes son grabadas desde la AV-902 a la altura del km 12-13. #Ávila pic.twitter.com/v342JoZICY
— MeteoÁvila (@Meteoavila2) July 24, 2026
La llegada del fuego
Todo cambió poco después de las 13.00 horas del miércoles 22 de julio, cuando comenzó un incendio cuyas causas todavía se investigan.
Las llamas ganaron terreno con una velocidad inquietante, alimentadas por el calor, la vegetación seca y un viento imprevisible que puso muy difícil el trabajo de los equipos de extinción desde el primer momento.
La Junta elevó poco después el incendio a Índice de Gravedad Potencial 2 por la amenaza sobre masas forestales y zonas habitadas.
Las primeras evacuaciones llegaron a Puente Nueva, donde cerca de un centenar de personas tuvieron que dejar atrás sus casas sin saber cuándo podrían volver.
Muchos salieron con lo imprescindible: la documentación, las medicinas, algo de ropa y la angustia de mirar por última vez hacia sus viviendas mientras el fuego seguía avanzando.
Una parte de los evacuados pasó la noche en el polideportivo de Burgohondo, donde Cruz Roja instaló camas de campaña y atendió a quienes no tenían otro lugar al que acudir.
La incertidumbre se instaló entre los vecinos, pendientes de las llamadas, de los mensajes oficiales y de cualquier cambio en la dirección del viento.
El incendio continuó avanzando hacia Navaluenga y el Valle de Iruelas, una de las grandes joyas naturales de la provincia.
Los equipos de extinción trabajaron para evitar que las llamas alcanzaran una extensa masa de pinar y penetraran con mayor fuerza en la reserva.
El fuego obligó también a evacuar La Rinconada, el camping de Iruelas, el Camping del Burguillo y varias casas rurales de Las Cruceras.
Los habitantes de Burgohondo, Navaluenga y El Tiemblo recibieron en sus teléfonos una alerta de Protección Civil que les pedía permanecer en sus domicilios debido al humo.
Las persianas se bajaron y las calles quedaron en silencio en pleno mes de julio, cuando Burgohondo debería estar lleno de vecinos, visitantes y vida junto al río.
Más de 9.000 hectáreas devoradas por las llamas
El incendio había arrasado ya este viernes más de 9.000 hectáreas, según informó el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.
Detrás de esa cifra quedan montes ennegrecidos, caminos cortados, pinares dañados y parajes que forman parte de la memoria de quienes viven en esta tierra.
Todo ello en apenas dos días.
Marlaska advirtió de que la jornada era crítica por el calor, el viento y el riesgo de que las llamas continuaran ganando terreno.
Sobre el terreno trabajan medios terrestres y aéreos de distintas administraciones, junto a efectivos de la Unidad Militar de Emergencias.
El Ministerio para la Transición Ecológica ha movilizado seis aviones anfibios Canadair, dos para Castilla y León y cuatro para la Comunidad de Madrid.
A ellos se sumarán otras cuatro aeronaves solicitadas a través del Mecanismo Europeo de Protección Civil, dos procedentes de Grecia y otras dos de Italia.
El principal objetivo es proteger a la población y evitar que el incendio de Burgohondo confluya con los fuegos de Villa del Prado y San Martín de Valdeiglesias.
Esa posible unión de los frentes podría provocar un incendio todavía más extenso y difícil de controlar.
Una emergencia nacional
La dimensión alcanzada por los incendios llevó al ministro del Interior a declarar la emergencia de interés nacional en la provincia de Ávila y en la Comunidad de Madrid.
La medida se adoptó ante la amenaza sobre varios pueblos, el elevado número de evacuaciones y la necesidad de coordinar un dispositivo cada vez más amplio.
Desde ese momento, Fernando Grande-Marlaska asumió la dirección de la emergencia, mientras el jefe de la Unidad Militar de Emergencias quedó al frente de la coordinación operativa.
Unas 1.500 personas habían tenido que abandonar ya sus casas durante las primeras horas del incendio.
El presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, pidió prudencia y reclamó a la población que respetara las órdenes de evacuación y las indicaciones de los equipos de emergencia.
La inquietud se extendía por Burgohondo, Navaluenga, El Tiemblo, El Barraco y los pequeños núcleos situados alrededor del embalse de El Burguillo.
Tras cada desalojo quedaban familias que salían con lo puesto, sin saber cuándo podrían volver ni qué encontrarían a su regreso.
También había animales trasladados a toda prisa, negocios obligados a cerrar y vecinos contemplando desde lejos cómo las llamas se acercaban a los lugares donde han vivido, trabajado o veraneado toda su vida.
El paisaje que quedará
El verdadero alcance del incendio solo se conocerá cuando las llamas estén controladas y los técnicos puedan entrar en las zonas afectadas.
Será entonces cuando se mida la superficie de pinares, robledales, caminos, explotaciones y espacios recreativos que ha quedado destruida.
También habrá que calcular el golpe económico para un municipio que concentra durante el verano una parte importante de su actividad.
Burgohondo ha pasado en solo dos días de recibir visitantes a ordenar evacuaciones y confinamientos.
El humo ha ocultado las montañas y el olor a quemado ha sustituido al frescor del río.
El paraíso sigue debajo de esa nube gris, aunque sus vecinos todavía no sepan cuánto de él quedará cuando termine el incendio.