Una madre con sus hijos en la ciudad de Burgos

Una madre con sus hijos en la ciudad de Burgos Ricardo Ordóñez ICAL

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De 2.400 euros por el tercer hijo a 1.320 al año para la guardería: Castilla y León refuerza el apoyo fiscal a las familias

La Junta impulsa una batería de deducciones que se incrementan en el medio rural y cuando los menores tengan una discapacidad de al menos el 33%.

Más información: Mañueco anuncia 36 nuevas medidas tributarias: menos IRPF e "impuesto cero" en transmisiones al medio rural

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Un primer hijo suma 1.050 euros en la declaración. El segundo, 1.550. El tercero y los siguientes, 2.400. Si el menor tiene una discapacidad de al menos el 33%, esas cantidades se duplican. Y, cada año, hay hasta 1.320 euros más por hijo para pagar guardería, comedor u horario ampliado.

Esas son las cifras que el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, y el vicepresidente primero y consejero de Desregulación, Familia y Ayudas Sociales, Carlos Pollán, pusieron sobre la mesa el pasado 1 de septiembre al presentar las novedades fiscales para 2027.

No son un eslogan: son importes que, si se confirman en las Cortes, empezarán a notarse en la renta que las familias presentarán dentro de un año y medio.

El anuncio forma parte de un paquete más amplio −36 nuevas rebajas tributarias y un ahorro estimado de 920 millones de euros en 2027−, pero el núcleo más tangible para quien tiene niños en casa es este: más dinero por nacer o adoptar, más facilidades para conciliar y un plus si la familia vive en un pueblo.

El apoyo a las familias

Criar no es barato. Pañales, ropa que se queda pequeña en meses, cuna, silla de coche, cuotas de la escuela infantil, comedor, extraescolares. La Junta lleva años usando el tramo autonómico del IRPF como herramienta de política familiar, y ahora sube un peldaño las deducciones por nacimiento o adopción.

De 1.050 euros por el primero a 2.400 por el tercero y siguientes, con la vista puesta en llegar, al final de la legislatura, a 1.200, 1.700 y 2.500 euros. La diferencia respecto a lo que ya existía no es revolucionaria en el primer hijo, pero sí se nota al crecer la familia.

Quien tenga tres hijos se encuentra con un salto claro en el tercer nacimiento. Y si ese niño o niña tiene reconocida una discapacidad igual o superior al 33%, la deducción se duplica: 2.100, 3.100 o 4.800 euros, según el orden.

El mensaje político es explícito: la fiscalidad no trata igual a todas las familias, y las que asumen más carga −más hijos o una discapacidad− reciben más.

Hay un matiz práctico que conviene no pasar por alto. En Castilla y León convive esta deducción con el Bono Nacimiento, una ayuda directa en tarjeta que también escala según el orden del hijo y la renta, y que se duplica si hay discapacidad. Ambas vías no se pueden cobrar a la vez.

Cada familia tendrá que hacer números: a algunas les compensará más la ayuda inmediata; a otras, restar de la cuota del IRPF cuando llegue la declaración. Es una elección, no un acumular sin límite.

Conciliar también cuenta

El otro número clave no es un pago único al nacer, sino una deducción recurrente: hasta 1.320 euros por hijo y año para gastos de guardería, comedor y horario ampliado. Ahí está el día a día.

El padre o la madre que entra a las 8:00 horas a trabajar y sale a las 17:00 no puede recoger a las 14:00. El comedor no es un capricho; el horario extra de la escuela infantil, tampoco.

La norma autonómica ya contemplaba una deducción potente para menores de cuatro años en centros autorizados de conciliación.

El anteproyecto la mantiene, la destaca y, sobre todo, la declara compatible con el Bono Concilia, la subvención de 750 euros para gastos de cuidado de niños pequeños cuando ambos progenitores −o el único, en hogares monoparentales− trabajan.

Esa compatibilidad es la medida concreta que más cambia la cuenta de muchas parejas. Hasta ahora, quien cobraba una ayuda pública de conciliación podía ver recortada o condicionada la ventaja fiscal.

Si el texto sale adelante como se ha presentado, una familia podrá sumar la ayuda directa y, además, minorar la cuota del IRPF por los mismos conceptos de cuidado, siempre dentro de los límites y requisitos (alta laboral, centros inscritos, meses completos, etc.).

No es magia: hay que guardar facturas, cumplir edades y no superar, en conjunto con otras ayudas, el gasto real. Pero el diseño apunta a que conciliar deje de ser solo un eslogan y se traduzca en menos IRPF a pagar o en más devolución.

El pueblo paga menos

Castilla y León no se entiende sin sus pueblos, y el paquete anunciado por la Junta lo refleja con un recargo rural del 40% en las deducciones por nacimiento.

En municipios de hasta 20.000 habitantes −el umbral se amplía desde los 10.000 anteriores y cubre, según el Ejecutivo, el 97% de los municipios− el primer hijo pasa a 1.470 euros, el segundo a 2.170 y el tercero y siguientes a 3.360. La meta de legislatura es 1.680, 2.380 y 3.500.

También aquí se duplica si hay discapacidad de al menos el 33%. La lógica es demográfica.

Un niño que nace en un pueblo de mil habitantes no solo es un hijo; es una plaza escolar que se mantiene, una línea de autobús que se justifica, un comercio que no cierra. Por eso el mismo nacimiento cuenta más a efectos fiscales si la familia reside en el medio rural.

Ese enfoque se completa con el llamado 'impuesto cero' en determinadas transmisiones: primera vivienda habitual, inmuebles para actividad económica, explotaciones agrarias prioritarias o operaciones de agrupación y segregación de fincas rústicas.

La idea es que heredar la tierra del abuelo o comprar la casa del pueblo no se lleve por delante el ahorro de una familia joven.

En sucesiones y donaciones, además de la casi eliminación ya vigente entre padres, hijos y cónyuges, se abre una bonificación del 3% sobre los primeros 100.000 euros por heredero entre hermanos, tíos y sobrinos.

El argumento es el de siempre en la España interior: que un impuesto no decida si una explotación familiar sigue o se vende a un fondo.

Familias numerosas y discapacidad

El anuncio no parte de cero. Quien ya tiene título de familia numerosa sigue pudiendo aplicar 600 euros con tres hijos, 1.500 con cuatro, 2.500 con cinco y 1.000 euros más a partir del sexto. Si el cónyuge o un descendiente tiene una discapacidad igual o superior al 65%, se suman 600 euros.

A eso se añaden mejoras en las deducciones por discapacidad del propio contribuyente −hasta 325 o 700 euros según grado y edad− y una nueva deducción específica para descendientes con discapacidad.

El conjunto dibuja una pirámide: más hijos, más descuento; más necesidades de cuidado, más descuento; más rural, más descuento. Encima, el tipo mínimo autonómico del IRPF bajará del 9% al 8,75% en 2027, con el compromiso de llegar al 8% al terminar la legislatura.

Es una rebaja que beneficia a todos los contribuyentes, tengan o no hijos, pero que en un hogar con varios mínimos por descendiente y varias deducciones autonómicas puede marcar la diferencia entre pagar o que Hacienda devuelva.

Hay más capas pensadas para quien está formando familia: una cuenta ahorro-vivienda joven que permite deducir hasta 1.500 euros al año durante cinco años (7.500 en total; 15.000 si es una pareja) y tipos reducidos en transmisiones para la primera vivienda habitual.

También una deducción de hasta 150 euros por cuotas de gimnasio y deporte, extensible a padres e hijos. No resuelve la hipoteca, pero suma en una declaración donde cada casilla cuenta.

Un camino por delante

El anteproyecto debe pasar por el Consejo Económico y Social, el Consultivo y las Cortes. Hasta que no se publique el texto articulado, los matices serán los que decidan cuánto llega realmente a cada hogar. Aun así, el recado político es nítido.

Mañueco lo resumió en una frase en la rueda de prensa de presentación de las medidas: gobernar es hacer "más fácil" la vida de las personas. Pollán habló de un territorio "pensado para las familias".

Traducido a números, eso es 1.050, 1.550 y 2.400 euros al nacer; el doble si hay discapacidad; un 40% extra en el pueblo; y 1.320 euros cada año para que el niño esté atendido mientras los padres trabajan.

Para una pareja de Valladolid con un bebé, son algo más de 1.000 euros en la renta y, si usan escuela infantil, hasta 1.320 más. Para una familia de un pueblo de León que espera el tercer hijo con una discapacidad reconocida, la cifra se dispara.

Esa es la apuesta: que el IRPF autonómico no sea solo un impuesto, sino una herramienta para que tener hijos en Castilla y León salga un poco menos caro y para facilitar la conciliación de las familias en las nueve provincias de la Comunidad.