Feria Medieval de Torre de Mancorvo.

Feria Medieval de Torre de Mancorvo.

Portugal

Torre de Moncorvo y su Feria Medieval: donde el hierro todavía tiene alma

Esta villa del Duero celebra este fin de semana su tradicional Feria Medieval. Para ello, ha confeccionado un programa lleno de actividades y, no menos, muestra y comercio de las más variadas artesanías.

Más información: La importante Feria Medieval de Torre de Moncorvo regresa del 17 al 19 de abril

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Hay pueblos que se empeñan en leer la historia en los libros y otros, como Torre de Moncorvo, que prefieren sacarla a la calle para que respire. En este rincón del Duero portugués, donde el río ya huele a vino y la piedra manda, cada abril se rompe el sello del tiempo. No es una recreación de cartón piedra; es, sencillamente, el siglo XIII reclamando su lugar en estos tiempos inciertos de guerras y maldades humanas.

Este caluroso fin de semana (del 17 al 19 de abril de 2026), la villa se olvida de los relojes digitales. Bajo el lema ‘Aromas y Sabores’, Moncorvo rinde cuentas a su pasado bajo el reinado de D. Dinis, aquel ‘Rey Agricultor’ que igual te plantaba un pinar que te escribía una trova de amor.

El rugido del yunque

Lo que hace diferente a esta feria no es el mercado, sino la gente. Aquí no llegas y te dan un folleto; si quieres, te dan un traje, que los hay y de indudable belleza. Cruzar al casco histórico y ver a los vecinos —los mismos que ayer estaban en el banco de la plaza o la farmacia— vestidos de clérigos, nobles o artesanos, le da una verdad que no tienen los grandes eventos masivos. Los 3.000 vecinos se mudan la piel: los pendones cuelgan de los balcones y farolas y el aire empieza a oler a cuero viejo, carbón mineral y pan recién salido del horno de leña.

El corazón de la fiesta late entre la Iglesia Matriz y el Chafariz Filipino. Y late a golpe de martillo. El hierro es la obsesión de Moncorvo y aquí el mercado de artesanía –este año de mayor amplitud- se mezcla con herrerías reales que sueltan chispas de verdad. Es hipnótico quedarse embobado mirando cómo el metal cede ante el fuego mientras, de fondo, suenan las chirimías y el bullicio de los músicos que bajan desde todo el norte de Portugal.

Si el hambre aprieta, la gastronomía transmontana no hace prisioneros. Es el momento de sentarse en una taberna a por el cordero Terrincho o unas migas con peces de río, regado todo con el vino del Duero que allí sabe distinto. Si buscas mesa con fundamento, apunta nombres como O Lagar o el Canto da Terrincha; son paradas donde el sabor no entiende de modas modernas.

Un consejo: No te vayas sin probar las Amêndoas Cobertas, a la vista de todo el público frente a la Igreja Matriz. Es un dulce artesanal que lleva siglos endulzando la zona y que resume bien lo que es Moncorvo: paciencia y tradición.

Feria Medieval de Torre de Moncorvo

Feria Medieval de Torre de Moncorvo

Entre la mística y la tierra

Mientras los más pequeños corretean en burritos (los ‘taxis’ de la época) o participan en juegos tradicionales, los adultos pueden perderse entre pitonisas, videntes y músicos callejeros. Pero Moncorvo no se acaba en el recinto ferial. Si tienes un hueco, asómate al Museu do Ferro o al Centro de Estudios Judaicos. Y si levantas la vista hacia la Serra do Reboredo, verás el espectáculo blanco de los almendros en flor, el prólogo perfecto antes de que los viñedos empiecen a verdear las laderas.

Al final, la Feria Medieval de Moncorvo no busca ser la más grande de Portugal, sino la más íntegra. Es un refugio de autenticidad donde el único ritmo que importa es el de la próxima justa de caballeros o el de una canción compartida en una mesa de madera.

Te vas de allí con el olor del humo del carbón pegado a la chaqueta y la extraña sensación de que el tiempo, por una vez, se ha quedado quieto. Y en el mundo en que vivimos, conseguir que el reloj se pare durante tres días es, posiblemente, el mayor de los lujos. Si buscas poesía en la historia y verdad en la mesa, Moncorvo te está esperando.