Pedro J. Ramírez, presidente ejecutivo y director de EL ESPAÑOL, durante su intervención en la inauguración del I Foro Económico Español en Castilla y León.

Pedro J. Ramírez, presidente ejecutivo y director de EL ESPAÑOL, durante su intervención en la inauguración del I Foro Económico Español en Castilla y León. Sara Fernández

Opinión Puntadas con hilo

La España “desquiciada”

"El director de El Español lanzó una idea inspirada en el debate de la Controversia de Valladolid: España necesita discutir a fondo los problemas, con voluntad de consenso y escuchando al adversario"

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Ortega y Gasset analizó en 1921 la crisis política y social de su tiempo en “La España invertebrada”. El ensayo debió inspirar a Pedro J. Ramírez, presidente y editor del diario El Español, para lanzar un diagnóstico de la situación actual de nuestro país: La España “desquiciada”.

Con estos términos críticos, ingeniosos, abrió el I Foro Económico Español en Castilla y León que tuvo lugar este pasado lunes en Valladolid.

El maestro de periodistas resaltó el drama nacional que se ha escenificado en la acampada de la madrileña Puerta del Sol, donde un sector de la sociedad desea imponer su criterio con la “bulla”- como gustan decir los sevillanos- para sustituir así la democracia representativa por un camping sobre asfalto.

España se abre por sus costuras, entre los campamentos de los invasores de Ceuta y los anti desahucio que se han apropiado de la castiza y madrileña Puerta del Sol.

Pedro J. dio en el clavo, porque “desquiciar” es sacar una puerta de sus quicios. Y ha querido la casualidad que el ejemplo se haya hecho realidad en Puerta del Sol. Por causa de un desahucio y un arrendamiento.

Ya lo decía nuestro catedrático de Derecho Procesal cuando este letrista intentaba ventilar su dura mollera en la Universidad de Valladolid. Don Carlos de Miguel motejó a la entonces vigente “Ley de Arrendamientos” – urbanos- como “Ley de Enredamientos”.

Enredada hallase ahora España.

En Sol acampan estos días -convocados por el “Sindicato de Inquilinas”- algunos que comparten “aire de familia” con los socios del gobierno de Pedro Sánchez, entendiendo por tales a formaciones de la izquierda política y no a la “derechona” indepe de Junts o PNV.

Maricarmen es el pretexto que esperaba la ultraizquierda para intentar adueñarse de la calle, ahora que parece que pierden a chorros los votos.

Ha sido Maricarmen, como pudiera haber sido Marilola o Pepeluis. Por gracia del destino, Maricarmen se ha convertido en una bandera.

Los campistas de Sol atan la mosca por el rabo y por paradoja quieren meter el dedo en el ojo al gobierno de España, sostenido precisamente por partidos de la ideología política de los acampantes.

No es de extrañar que Pedro J. Ramírez pusiera título a esta opereta bufa. Torrente ya tiene argumento para una desternillante peli.

Ortega y Gasset en su “España invertebrada” escudriñaba los particularismos de España. Ha pasado un siglo y seguimos en la casilla de salida.

La peculiaridad es de manual: la coalición del gobierno ya no necesita oposición, la lleva incorporada en su misma entraña. Yolanda Díaz cuando quiere es Mari Carmen – no Maricarmen la anciana desahuciada, sino la de “sus muñecos”- y otras veces es doña Rogelia.

Es gobierno y oposición al poder, es una “performance”, un desquicie.

Se acaba de publicar que Maricarmen regresará a su casa. El cacareado “fondo buitre” inmobiliario ha aceptado un acuerdo de buena voluntad, aun cuando la legislación vigente amparaba su actuación contra la arrendataria.

El símbolo de la acampada volverá a su hogar. Maricarmen dormirá bajo el techo de su cobijo durante décadas y los “simbolizados” se quedan al raso, no vaya a ser que la solución estropeé la consigna de dar puntapiés en la espinilla del gobierno de Sánchez (y de los “suyos”).

Maricarmen ya tiene más seguidores que Morante y Lamine Yamal juntos.

A prudente distancia de la “performance” de Sol, en el I Foro Económico Español en Castilla y León, los reunidos hablaban de empleo, industria, progreso, cultura, futuro.

En el Museo Patio Herreriano de Valladolid empresarios, agentes sociales y representantes institucionales expusieron propuestas que invitaban a reflexionar y no solo a gritar.

Castilla y León aspira a convertirse en polo tecnológico, apoyándose en dos activos que no requieren un “decretazo” como la solución de arrendamientos urbanos: la cercanía de la Comunidad castellano y leonesa con Madrid y el talento.

Los intervinientes en el Foro dibujaron un mapa sin adornos: inversión más ágil, industria, formación, tren, electricidad y facilidades de acceso a la vivienda que no rompan el “ascensor” social.

El propio Pedro J. recordó los buenos mimbres de Castilla y León: una década a la cabeza de PISA, potencia en automoción, agroalimentaria, aeronáutica, químico-farmacéutica, turismo interior y energías renovables.

El director de El Español lanzó una idea inspirada en el debate de la Controversia de Valladolid: España necesita discutir a fondo los problemas, con voluntad de consenso y escuchando al adversario.

España, sin la “épica” de las tiendas de campaña, no precisa de los decibelios ni la falta de método que sobran en Sol. Esta gran nación de Occidente requiere pactos, dialogo y gestión. Pedro J. deseó una próxima reunión anual en Castilla y León.

Debe ser posible encontrar entonces una España menos desquiciada, donde no se repita la “boutade” de que quien protesta contra el gobierno sea además quien lo sostiene parlamentariamente.

¡Que vuelva el marqués de las Marismas y lo interprete!