Alfonso Fernández Mañueco junto a Alberto Núñez Feijóo

Alfonso Fernández Mañueco junto a Alberto Núñez Feijóo Europa Press

Opinión Puntadas con hilo

Ramo de espinas para el PP

"Con todos los desastres del sanchismo asolando a troche y moche, el antiguo y gran 'granero' de votos populares-Castilla y León- no esprintó".

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La gran triunfadora de la noche de ayer resultó ser Édith Piaf. No, no resonaba ningún himno partidario en las “sedes” de seguimiento del escrutinio de las urnas, tras la jornada electoral en Castilla y León, donde los partidos políticos arremolinaban a su “clá” para propinar las consabidas salvas de aplausos a su candidato a presidir el gobierno autonómico.

La autocrítica no es el atributo fetén de nuestra clase política. La introspección es una asignatura de la ética donde se analiza la autorreflexión como el camino hacia la excelencia. Precisamente lo virtuoso no es una de las grandes fortalezas de los gestores de la cosa pública. La búsqueda de la excelencia tampoco. No pidamos entonces que el olmo fructifique peras. La clase política tiene una visión muy diferente al resto de los ciudadanos, meros soldados rasos. Nunca aprecian la botella medio vacía, sino en todo caso medio llena cuando no repleta hasta el corcho. Y todos tan contentos.

La Piaf es la que firmó más discos anoche. Todos querían tararear “La vida en rosa”, la melodía más icónica de la cantante francesa, un chute de energía para ver la vida con un optimismo a prueba de bombas, incluso en los más graves contratiempos.

Todos los candidatos a presidir la Junta de Castilla y León, hasta el representante de Soria ¡Ya! a quien las urnas habían desvestido como a un ecce-homo, parecían embriagados con la melodía de Piaf. Los contendientes henchían pecho con optimismo inquebrantable.

Pero… la letra de “La vida en rosa” escribe también “aquí está el retrato sin retoque”. Y la cruda realidad y sin maquillaje Lancome es que el Partido Popular de Alfonso Fernández Mañueco obtuvo un triunfo raquítico, magro, enclenque, escuálido. El PP debería haber conseguido una victoria mucho más rotunda. Con todos los desastres del sanchismo asolando a troche y moche, el antiguo y gran “granero” de votos populares-Castilla y León- no esprintó.

Es bien cierto que Fernández Mañueco renovó las listas electorales, pero los populares no han sido capaces de movilizar el voto emocional contra el sanchismo, que bien aprovechado hubiera supuesto un enorme filón para sumar apoyos. El intento de hacer girar la campaña del PP en torno a su gestión al frente de la Junta de Castilla y León no ha sido el cohete “Sputnik”. Se ha comprobado.

La noche electoral deparó sorpresas. Carlos Martínez, alcalde de Soria y candidato del PSOE a la presidencia de la Junta, demostró que el “suelo” electoral socialista en Castilla y León es muy firme y ganó un par de escaños más en el parlamento autonómico. No ha ganado los comicios, pero invierte la tónica de Aragón o Extremadura donde su formación política se derrumbó. Se impuso con claridad en su tierra soriana y aun cuando no lleva al PSOE a la victoria – que parece un imposible en Castilla y León tras casi cuarenta años de gobierno de los populares- es un balón de oxígeno para el socialismo de Sánchez.

Vox ha crecido en respaldo electoral, pero escasamente. Los augures demoscópicos apostaban por respaldo popular mayor. Parecía que ese voto emocional que busca castigar a las políticas de Pedro Sánchez iban a capitalizarlo los de Abascal, mucho más que el PP. La campaña de Abascal a “pie de calle” ha sido muy llamativa sobre todo en los municipios rurales. Sin embargo, Vox queda lejos de las expectativas de voto que se presumían al alza.

El Partido Popular está en la casilla de salida, como si nos retrotrajésemos a 2022. Sin el concurso o abstención de Vox, Fernández Mañueco no podrá conformar un gobierno estable. Da la impresión que los de Abascal no tienen intención de coaligarse con el PP. Si Vox no supera en votos al PP, ni en Castilla y León ni en España en las elecciones generales, no habrá el “sorpasso” que ansían los abascalianos.

Sin ese adelantamiento Vox estará condenada al “bisagrismo político” y como se ha observado en la historia de las democracias liberales europeas los partidos bisagra acaban asfixiados por el “abrazo del oso” del partido con mayor respaldo popular. Entiéndase el susodicho abrazo como metáfora y no como insulto.

El Partido Popular ha ganado las elecciones, como ayer exclamaba Mañueco. Pero la “vía dolorosa” comienza a partir de ahora. PP y Vox en Castilla y León están sumidos en una relación de ambivalencia emocional, con predominio del aborrecimiento sobre el amor. La victoria no regala a Mañueco un buqué de rosas con cinta de raso, sino un áspero ramo de espinas.