El presidente de la Junta y candidato del PP a la reelección, Alfonso Fernández Mañueco, el pasado domingo en Segovia

El presidente de la Junta y candidato del PP a la reelección, Alfonso Fernández Mañueco, el pasado domingo en Segovia Rubén Cacho ICAL

Opinión Puntadas con hilo

La caravana de Mañueco

"Los dineros o las bonificaciones entregadas a los ciudadanos de forma lineal y sin considerar sus niveles de renta o mérito, son estatalismo y parecen chirriar con el ideario de los populares".

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El Partido Popular de Castilla y León está organizando una 'caravana electoral' con la que el presidente Fernández Mañueco recorre pueblos y ciudades de Castilla y León, atrezo donde presenta propuestas y programa de gobierno ante las próximas elecciones autonómicas del 15-M. Mañueco se ha subido al carro del denominado 'street marketing' o marketing callejero.

Esa estrategia marketiniana no es novedosa. Es muy común en el mundo empresarial programar campañas publicitarias agresivas de “fuerza de ventas” para las cuales usa herramientas de marketing sorprendente y callejero, también conocido como “marketing guerrilla”.

No es que Mañueco se haya echado al monte, ni que de súbito haya huido hacia la clandestinidad urbana como la guerrilla montonera en el peronismo. El rábano enseguida se toma por las hojas y quienes tienen la piel muy fina dirán que se ha tildado a Fernández Mañueco de guerrillero. No, no es así. Por salmantino, Mañueco debe apostar por lo campero y si transmontase lo ha de hacer embozado bajo sombrero de ala y capa con botones charros. Compondría una escena muy española y castiza, como las que Concha Piquer cantaba en las “Coplas de Luis Candelas”.

En la caravana electoral de los populares, se cumplen algunas de las reglas de oro del 'street marketing', como la utilización de espacios públicos para promocionar productos o servicios de forma creativa o impactante. España, siempre ingeniosa, ya inventó esas estrategias hace décadas. No lo tomen por majadería. Sara Montiel también hizo “marketing callejero” cuando en la película 'La Violetera' susurraba: "Cómpreme usted este ramito, pa’ lucirlo en el ojal".

En la caravana de Mañueco es 'marketing callejero' en estado puro, no solo la utilización de varios vehículos, sino la impactante presencia de un tractor. Ojiplático queda el espectador con el cambio de los clásicos fondos de escenario como pancartas o photocall por un vehículo agrícola. Si te retratas delante del tractor de la caravana popular y lo subes a Instagram, puedes simular que, en vez de estar en Segovia, haces parada y fonda en Castrillo de los Polvazares. Y así te marcas el farol de hacer comido un cocido maragato con sus tres vuelcos en Casa Maruja, sin tener que esperar un año para conseguir reserva de mesa.

En la caravana de marras está presente un coche, una furgoneta, un tractor, un microbús escolar y un autobús. Si un peatón transita despistado por el lugar, puede creer que está ante la publicidad de una empresa de desguaces. Google, que es un matón, tiene entre sus enlaces destacados Desguace La Caravana en Puerto Lumbreras, allá en Murcia. Menos mal, porque si se ubicara en Martín Muñoz de las Posadas, algunos populares estarían ya pidiendo friegas de alcohol de romero.

Más allá de la escenografía, la caravana tiene meollo. La miga del pan es muy llamativa en el caso de un partido como el PP. Hay que sentarse en el 'rincón de pensar', como los niños que hacen trastadas en el cole. Varias de las medidas que simbolizan los vehículos distan de ser acordes con los idearios del liberalismo político y económico, que debiera promover la libre competencia y la economía de mercado, sin tanta subvención. Lamentablemente en España los verdaderos liberales caben en un taxi.

Los dineros o las bonificaciones entregadas a los ciudadanos de forma lineal y sin considerar sus niveles de renta o mérito, son estatalismo y parecen chirriar con el ideario de los populares. La dependencia y la sumisión a 'papá Estado' – muy del gusto del Yolanda Díaz- no debiera fomentarlas el PP.

La prestación de los cinco mil euros por cada nacimiento, la ayuda directa para pago de la cuota de autónomos – sea cual sea la productividad de su trabajo o negocio-, la matrícula gratis para los estudiantes de primer curso universitario, o los viajes regalados en el Buscyl, no toman como base la renta disponible de las familias o los méritos académicos. Hay un cierto vaho cubanito.

Da la impresión que los populares buscan el voto con demasiada ansiedad. Se están distanciando del liberalismo económico e ideológico. El colmo de los colmos es que el Partido Popular se rinda al estatalismo de propinillas y paguitas. Para eso ya está Izquierda Unida.