Huracán Melissa en Cuba
Tinieblas en la revolución cubana
"Derrochamos luz con cientos de millones de bombillas para adornar la Navidad, los cubanos no tienen luz ni para alumbrar sus casas ni, lo que es peor, sus frigoríficos".
No es ninguna metáfora, sino la pura realidad: Cuba está más tiempo a oscuras que con luz artificial. Sus apagones están a la orden del día, sobre todo de la noche, y mientras aquí, con el “opresivo” capitalismo, derrochamos luz con cientos de millones de bombillas para adornar la Navidad, los cubanos no tienen luz ni para alumbrar sus casas ni, lo que es peor, sus frigoríficos, ya que no pueden conservar la escasa, pero indispensable, comida que logran conseguir no sin ímprobo esfuerzo.
Su Nochebuena la han pasado sin luz, como tantas y tantas noches. ¿Qué dicen de todo esto nuestros hermanos cubanos? Veamos, una amiga cubana me dice lo siguiente: “Me parece genial que escribas sobre el tema. Incluso de cómo ello ha afectado las rutinas y horarios de vida cotidiana del cubano, con las consabidas afectaciones psicológicas y físicas. Yo, por ejemplo, cuando hay corriente eléctrica estoy ansiosa y estresada haciendo todo a galope, ya cuando se la llevan me entra una resignación y una paz relajante!!! jajajajaja. Estoy marchitándose entre tanto desastre, 66 años esperando un futuro mejor... que nunca llegó!!! ya no aspiro a un paraíso celestial, pido, reclamo y exijo a Dios, mi paraíso terrenal!!!, y que se manifieste así su misericordia. Disculpa tanta amargura, no me reconozco, yo he sido siempre muy positiva y no me estoy reconociendo”.
José E. González Marín, escribe un sobrecogedor texto que no me resisto a reproducir:
“¿Cómo se sobrevive a la oscuridad cuando ya no es solo ausencia de luz, sino una forma de desgaste del alma? ¿Cómo se mantiene la cordura cuando cada noche se convierte en un espejo de la misma desesperanza, y cada amanecer apenas logra disipar las sombras que se nos han metido dentro?
Hoy no quiero hablar de cifras ni de partes técnicos. Quiero hablar de lo que no se mide: del cansancio que se acumula en los huesos, del silencio que se instala en las casas cuando se va la corriente y con ella se va también la voluntad. Porque esta oscuridad no es solo física. Es una niebla espesa que se cuela por las rendijas del alma, que apaga las ganas, que enferma. Como decía alguien en redes hace poco: “No es el apagón lo que más duele, es la repetición sin sentido, la sensación de que no hay mañana que valga.”
Cada día es el mismo ciclo: una leve mejoría que apenas nos permite respirar, seguida de un retroceso brutal que nos deja peor que antes. Y así vamos, como zombis, arrastrando los pies por calles donde los portales se han vuelto cocinas y los balcones, refugios de humo y resignación. No exagero cuando digo que esto es una muerte lenta. Una muerte sin ruido, sin titulares, sin duelo. Una muerte que se disfraza de rutina.
La comida se pudre en los refrigeradores, pero también se pudre la esperanza. Las noches se alargan como un castigo, y el calor se vuelve un enemigo íntimo. Dormimos mal, comemos peor, pensamos con dificultad. ¿Cómo puede estar lúcida una mente que vive en la penumbra? ¿Cómo se sueña cuando todo lo que uno ve es sombra?
Y sin embargo, seguimos. Porque algo en nosotros se niega a apagarse del todo. Porque incluso en la oscuridad, hay quien enciende una vela, quien comparte un café tibio, quien canta bajito para no rendirse. Porque aunque el sistema eléctrico colapse, hay una red invisible de afectos que todavía resiste”.
Y ante esta terrible situación, ¿qué hace nuestro Gobierno llamado progresista y de izquierdas, con comunistas en su seno? Está muy bien la solidaridad con Palestina y los gazatíes, pero ¿acaso el pueblo cubano, no ya su régimen, no se merece también nuestro apoyo y nuestra ayuda? Fueron parte de España y hablan nuestro idioma, además de tener vínculos de todo tipo con nuestro país. Ya sabemos que la Ley Burton prohíbe muchas ayudas e inversiones, pero, a pesar de todo, nuestra solidaridad debería estar presente y nada de esto se oye, ni siquiera se dice. Algo incomprensible que no solo la historia juzgará con severidad.