Madrid
Madrid como tu amante: es para un rato
Comparto un poco lo que dice Sabina, “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”.
Es otoño en Madrid y eso significa que me pone muy feliz dar un paseo por el centro porque hace sol, pero no calor. Es la mejor época en la capital; por fin una ciudad donde todavía existe la ropa de entretiempo, que es una cosa que se ha perdido tanto en el norte como en el sur. Una trenca de ante, unos vaqueros anchos y los botines de tachuelas.
Desde que me fui de Madrid, probablemente sea la ciudad que más echo de menos y, en contraposición, en la que más me costaría volver a vivir. Ya nada es como antes, es otra historia. No mejor, no peor, diferente. Comparto un poco lo que dice Sabina, “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”.
Madrid es para una época concreta de la vida (de los 18 a los 30 es perfecta) o para ganar mucho dinero y, entonces sí, vivir aquí siempre. Cuando digo mucho, es mucho, no un sueldo de tres mil euros al mes. También te digo que hay que estar bastante centrado en la vida porque si no, puede acabar contigo. Poco a poco y con sutileza.
Cuando llegas a estudiar la carrera es muy guay porque es una ciudad a estrenar y hace mucha ilusión descubrir cosas nuevas. En esa época era imposible aburrirse, algo fundamental para mí. Suelo abandonar las ciudades cuando me cansan, porque llega un momento en que creo que ya lo he visto todo y no puede sorprenderme nada. Y entonces me voy. Me pasa también con la gente, es horrible.
En el momento en que empiezas a trabajar, también es muy divertido porque (al menos en mi caso por mi trabajo) empiezas a alimentarte de los eventos a los que te invitan. Durante esa época, en mi nevera solo había cerveza (mucha), vino blanco (bastante), pavo y jamón ibérico que me daban mis padres para sobrevivir. El resto era arroz y pasta. Mi sueldo iba íntegro a socializar en bares, pagar el alquiler y abastecer la moto de gasolina. Es clave estar en el momento y lugar adecuados durante estos años, marcará algunos de tus mejores recuerdos.
Pasan los años y, cuando la vida te empieza a importar de verdad, te das cuenta de que estás envuelto en una vorágine de eventos que te dan igual. Conciertos a los que vas por inercia y te encuentras con que, un mismo miércoles, tienes el desfile de una nueva colección de ropa que no puedes pagar, la inauguración de una exposición de un artista que no vas a volver a ver en tu vida y una fiesta de presentación de cualquier cosa, no son más que excusas para salir entre semana hasta las mil y llegar al trabajo de empalmada. Ahí es cuando comprendes que Madrid ha podido contigo.
Cada vez que vuelvo me invade una nostalgia que me hace sonreír. Y me gusta. Y lo disfruto. Pero a los cuatro días de vivir frenéticamente la ciudad, solo quiero volver a mi casa.