Opinión

La memoria Taurina o el discernir el engaño de los pitones...

17 septiembre, 2021 16:10

La memoria Taurina es el título de una exposición fotográfica que se expone en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca que vale la pena visitar. Un trabajo de Antonio Amorós Mayoral y de Raúl Alonso Sáez que pone en valor una parte de la memoria del siglo XX.

Cuando alguien que no es insensible al legado de la memoria en general y al taurino en particular, recurre a sus recuerdos y parece que lo hacemos en el plano de lo vivido y lo soñado. Ambos planos pueden ser en blanco y negro o color. Lo soñado es aquello donde el paso del tiempo se transforma en blanco y negro. El color se enmarcaría en el presente.

Año tras año parece que no evolucionamos. Día tras día se mete a todos en el mismo saco de forma que todos parecen culpables e inocentes, afirman o contradicen, solucionan y estropean. Es como si viviéramos en constante confusión. En lenguaje taurino parece que están sacando a la corrida todos los sobreros para que parezca confusa, para que no sepamos a que diestro mirar ni a que toro valorar.

Los ciudadanos asistimos pacientes a que alguien nos enseñe a separar el grano de la paja, el engaño de los pitones, que nos han puesto y nos ponen para que no nos fijemos en los temas verdaderamente importantes que acongojan a este país, cada día más, e incapaz ya de sorprenderse. Se trata de la secular práctica que consiste en suscitar falsas discusiones que distraigan la atención de otras verdaderas o de otros asuntos que no interesa que sean tenidos en cuenta como el día a día de las familias y los ciudadanos.

España es un país de verdades evidentes que se obvian para no violentar postulados, que alguien eleva a dogma por interés siempre personal, y de verdades a medias que se lanzan para provocar reacciones controladas que distraigan la atención o que siembren entre las gentes una determinada idea o un determinado olvido. 

Olvidar es ignorar lo aprendido. Los casi cuarenta años de democracia, más de los que duró la dictadura en todo el territorio español, y parece que no nos han enseñado a caer en trampas dialécticas tras las que poca cosa se oculta. En estas fechas deberíamos pensar en que la memoria es cada día más peligrosa para algunos y más beneficiosa para la sociedad en general que necesita referentes para analizar el día a día de la vida pública.

Los ciudadanos estamos cansados de que se nos engañe tan abiertamente. La verdad es evidente como el que sufre el cambio del pelo de la dehesa por un traje del color que sea. No se puede tapar la verdad con de aventuras  inciertas, ni pagar los errores de otros.

La muestra es una antología fotográfica que pretende ser un recorrido por la historia de la Tauromaquia, es un discurrir por el siglo XX, por sus días para muchos dorados, no sólo en sus lances sino en momentos para el recuerdo: el festejo popular, la fiesta grande, la mujer, el público, el retrato taurino o detalles que se graban en la memoria.

No todo como en la vida se ciñe al ruedo. La exposición recoge lo que sucede en el entorno, en el antes y el después de lo que sucede en la plaza de toros. Como en el día a día de cualquiera que se levanta para trabajar. La Tauromaquia necesita de la ayuda de todos en estos tiempos en que se ataca lo más profundo de nuestras raíces y cultura sin reflexión ni raciocinio.

Es descorazonador comprobar un día sí y otro también, que el hombre, es capaz de inventar o crear instrumentos de convivencia o bienestar general, y puede, al mismo tiempo, darles la vuelta, prostituirlos y depravarlos en su exclusivo beneficio con daño para los demás.

La mayor parte de las palabras de cualquier idioma tienen un cierto grado de ambigüedad; y hay un especial peligro en ella, para algunos, en el caso de una palabra como correcto, que no significa nada que podamos señalar con el dedo o captar por cualquiera de los sentidos, hasta ahora ligada a conceptos como ética, moral o justicia.

En otros tiempos para herir a alguien bastaba con un palo, y para matarlo, lanzarlo al precipicio sin más artilugio. El daño moral ni se planteaba. Hoy asistimos a un mayor refinamiento, y hace que nada de eso sea reprochable. La evolución constante de la raza humana hace que hoy cualquiera pueda imponer, insultar, hacer callar, herir y matar con el mayor refinamiento y sin el menor remordimiento, lo que no hace que nada de eso no sea reprochable pues la verdad es la misma.

Vivimos la satisfacción del ser humano con la superficie de las cosas, la cultura que se nos impone está creada para ello. El olvido del pasado, de nuestras raíces, se transforma en olvido del presente, porque el presente se destruye a sí mismo con la ignorancia.

Podemos poner en duda la dignidad de la vida misma, viviendo de espaldas a ella. Se habla de toros sin saber lo que es oler el aliento y la piel del toro delante. Lo que se puede sentir sosteniendo la mirada a tan digno animal, lo que es el calor de un asta de toro viva en la palma de la mano, pocos se atreverían a hablar después de tan hondo apretón de pareceres y saberes.

La plaza de toros no es, pues, una entidad fija, es un escenario donde el tiempo va representando el espectáculo de la vida y la muerte. La arena y sus límites pueden estar dados por la geografía, pero el arte y la historia de un pueblo, la del hombre, es algo que va surgiendo y mudándose en vista de las tareas que su vida le ofrece en cada momento.

En la arena, espacio que por unos momentos conserva todos nuestros innatos valores, dos seres se miran frente a frente, uno tiene la fuerza y otro tiene la magia. Uno de los dos gana, los dos saben cuando desfallece la fuerza y cuando desfallece la magia, los dos torean con la vida y con la muerte, los dos saben cuando han de caer en manos de su noble adversario.

Toreo al natural..., es decir, ofreciendo medio-pecho, según ponderan los cánones, adelantando la muletilla breve, cargando la suerte con el embroque, embarcando suavemente la embestida y ligándola con ganancia de terrenos. Y además, desde la naturalidad, tal cual demanda la interpretación de esta suerte, cuando se interpreta con pureza.

Toreo al natural..., se dice, y no se debería explicar pues el toreo al natural contiene todos los valores y todas las esencias del arte de torear. Embrujar al toro con el arte del natural, con redondos y ceñidos ayudados para cuadrar al toro, para que el artista ejecute la suerte a tan bizarro animal. La faena exige técnica por la ejecución de los cánones, inspiración para derramar arte y embrujo, diálogo porque el buen diestro no  para de hablar, valentía para saber conservar la sangre brava frente al astado. Se es como se torea.

Toreo al natural..., toreo a la muerte misma.