Opinión

La conferencia de presidentes

6 agosto, 2021 12:38

La Constitución Española establece que España es una única nación indivisible, pero en las negociaciones entre los constitucionalistas se acordó el reconocimiento de las nacionalidades y regiones, condición exigida por los nacionalistas vascos y catalanes para apoyarla. El ministro de UCD Manuel Clavero impuso el “café para todos”, para contrarrestar las exigencias de los nacionalistas.

Sin embargo, se establecieron dos vías para acceder al autogobierno: la rápida, por el artículo 151 y la lenta, por el 143. Por la primera accedieron el País Vasco y Galicia, atribuyéndose el carácter de nacionalidades históricas que no se reconocen a Castilla y León, Navarra o Aragón. Pero es que, además, todos sabemos que ni vascos ni catalanes aceptarán nunca que el resto de los españoles tengan un nivel competencial similar al suyo.

En el año 2004 se constituyó la Asamblea de presidentes como órgano de coordinación entre el Gobierno de España y los gobiernos autonómicos y de las ciudades de Ceuta y Melilla, exigiendo la lealtad institucional a todos sus integrantes. El Reglamento se aprobó en 2014 siendo modificado en 2017, y establece que la conferencia se reunirá anualmente previa convocatoria por el presidente, con veinte días de antelación y comunicación del orden del día. Desde su Constitución se ha reunido tan sólo en seis ocasiones, (2004, 2005, 2007, 2012 y 2017), porque las 17 pseudo reuniones no presenciales convocadas en 2020 con ocasión de la pandemia no pueden ser consideradas como tales. El Reglamento establece que las reuniones se celebrarán en el Senado, aunque podrán celebrarse también en las CCAA y en Ceuta y Melilla.

El pasado 31 de julio “súperSánchez” presidió en Salamanca la  conferencia de presidentes con el ánimo de marear la perdiz y hacer  creer que todas las autonomías iban a tener el mismo tratamiento en la distribución de los fondos europeos y así disimular la inversión de 1.700 millones de euros en el aeropuerto del Prat, y ello a pesar de que el presidente de la Generalidad había anunciado que no acudiría a la reunión de Salamanca, !faltaría más!, reunirse él con el resto de los presidentes. Más hábil estuvo como siempre el lendakari, que después de anunciar su ausencia obtuvo como compensación una donación próxima a los 300 millones. Por cierto, la reunión se convocó sin respetar los 20 días que exige el reglamento ni remitir el orden del día. A pesar de ello, el lunes siguiente se reunió la mesa de negociación con los golpistas catalanes, para demostrar que ellos se reúnen de igual a igual con el Gobierno de España, y por supuesto, reafirmarse en su exigencia de amnistía y autodeterminación.

Pero es que, además, la reunión salmantina no fue esa aclamación a las tesis del “presimiente”, como ha afirmado el impresentable presidente cántabro y han amplificado los medios afines y subvencionados, sino que, no sólo Ayuso como ha dicho risitas, la nueva portavoz del Gobierno, ni tan sólo los presidentes populares, sino que algunos presidentes socialistas, Armengol y Lambán por ejemplo, mostraron su desacuerdo con las propuestas presidenciales. Garcia Page y Fernandez Vara, como siempre, nadando y guardando la ropa.

Y si esto fuera poco, ahora nos enteramos de que “superSanchez” ha incrementado en seis puntos el porcentaje de Cataluña en el PIB español diciendo que aporta el 25% del PIB español cuando en realidad es el 19,  y por el contrario ha incluido entre las inversiones en la Comunidad de Madrid, el dinero gastado en pagar las pensiones, los ERTES, la PAC, el IMV, y los avales ICO, y no se les cae la cara de vergüenza, aunque sí se le caerán los escasos votos socialistas en aquella comunidad. Por si fuera poco, se insiste en la necesidad un impuesto especial para “los ricos de Madrid”.

Lógicamente, Isabel Díaz Ayuso ha vuelto a manifestar su protesta afirmando que lealtad institucional no es sinónimo de sumisión a las propuestas de Moncloa denunciando el montaje de esta última conferencia de presidentes.

Orgulloso de su gestión, una vez más, “superSanchez” se ha tomado unas nuevas vacaciones para reponerse de su fatiga provocada por el “acoso de las americanas en las calles de Nueva York”, y le tenemos disfrutando del Palacio de la Mareta, palacio por cierto cedido al Patrimonio del Estado por el denostado Rey Juan Carlos.

La verdad es que el futuro no pinta nada nuevo. Hemos pasado de la nación de naciones de Zapatero a la España multinivel de “su Sanchidad”, y si por el camino le aplicamos un 155 encubierto a la rebelde Comunidad de Madrid, mejor que mejor.

Hasta la semana que viene.