Opinión

El tren brujo

7 marzo, 2021 19:52

  Estamos en el tren brujo montados, que se compone, por si no te acuerdas, de dos fases: una, en la que veías a tus padres y a la gente disfrutar, y otra, en la entrabas en un túnel oscuro y repleto de brujas y fantasmas, en el que podías recibir algún que otro escobazo. Cuando salías todo era alegría, pero no pasaban unos minutos y te veías nuevamente en el terror y el miedo de la oscuridad.

        Hace un año estábamos en la zona feliz del tren brujo, algunos sabían dónde íbamos, pues yo mismo criticaba que se permitiese ir a Italia a ver un partido de fútbol o que se reunieran en actos políticos un par de miles de personas o que se celebrase el dichoso 8M en el que se provocó una bomba sanitaria sin precedentes, no por el acto en sí, sino por el número de personas convocadas e infectadas; pero, todos reíamos, hasta que entramos en el túnel, un túnel tenebroso que muy pocos conocían y que nos paralizó.

        Se comenzaron a dar consignas sin sentido ni razón, se dejaron morir a miles de personas para nadie asumir la responsabilidad, veíamos cómo nos hundíamos en el nicho o en la ruina económica y nadie hacía nada más allá de impedirnos salir a la calle y, por tanto, impedir que nos contagiásemos.

        Cuando, como era lógico, los niveles de contagio bajaron, salimos o comenzamos a salir del túnel y ver la zona feliz. Hasta tal punto vimos la primera luz, que se afirmó, sin empacho, que habíamos vencido al virus y todos podíamos disfrutar; pero, el tren no había cambiado su rumbo, seguíamos en la misma vía y pronto volvimos a entrar en el túnel.

        Una y otra vez entrábamos y salíamos del túnel, cuando estábamos fuera nos metían miedo por si volvía el túnel y cuando entrábamos en él nos seguían metiendo miedo y nos arruinaban un poco más, hasta llegar a situaciones de postguerra.

         Algún viajero comprobó que los maquinistas estaban pertrechados en la máquina, disfrutaban de confort, vivían magníficamente y no buscaban soluciones al tren brujo, les pidieron ayuda, les exigieron responsabilidad, les  interpelaron para que aportasen rutas nuevas, planes de acción, modelos de recuperación y ellos les contestaron que si Franco era muy malo, que si la derecha no les dejaba trabajar, que si la noche es fría, .... Nos tomaron como lo que siempre pensaron que éramos, "perritos sin alma" que da igual lo que digan, lo que vivan, lo que hagan, son prescindibles.

        Un loco gritaba: mientras seguimos en estas vías unas veces será feliz y al rato túnel y muerte, tenemos que cambiar las vías, hacer ascensos o descensos que, con control, nos permitan viajar sobre el túnel o abrir nuevos caminos a su lado; pero, si seguimos sin hacer nada, una y otra vez volveremos a caer en la luz y la muerte. Desde la máquina se burlaban de él, le insultaban o le criminalizaban e incluso le denominaban fascista, pero seguíamos entrando y saliendo del túnel para, cada vez que entramos en el túnel, morir más viajeros y hundir más la economía.

        Los viajeros miraron a la derecha que se autoproclama libertadora de la opresión del maquinista y contemplamos que, entre ellos, están a tortas, más pendientes de quién puede ser revisor o el guardagujas que de buscar un nuevo maquinista o jefe de estación, que ellos no hacen nada distinto de lo que hacen los otros y que no asumen que la única forma de acabar con el tren brujo es hacer una nueva vía por encima, por un lado o por otro, pero que nos permita evitar el túnel, entre otras razones por no saber cómo hacer esas otras vías, por carecer de un proyecto de ferrocarril.

        Si no cambiamos de vías, hoy estaremos en desescalada, pero será inevitable entrar en el túnel de nuevo.

        Si llegamos a la orilla del rio y no hacemos un puente, tantas veces como intentemos cruzar el rio nos mojaremos y nos ahogaremos en el intento.