Opinión

Mítines y confinamientos

28 enero, 2021 15:24

Las elecciones catalanas más que otra cosa están produciendo ruido, yo diría que estruendo, por las anomalías que se están produciendo en las mismas.

Por un lado, su celebración en plena pandemia, lo que ha motivado que el Govern catalá haya acordado sin éxito su aplazamiento, ya que la justicia, también catalana, no ha aceptado esta decisión.

Por otro lado, la campaña que empieza hoy jueves va a tener una característica única hasta ahora, como es que los actos electorales se celebren on line, o sea, mítines no mitineros; sin asistentes, sin ruido, sin aplausos, sin vítores, o sea, en silencio, una forma de mitinear desconocida hasta ahora.

Ante toda esta novísima novedad, han empezado también las disputas, como ha sido que ERC y Junts hayan pedido no asistir a mítines en otros municipios pese a haberlo autorizado e incluso recomendado. Esto es, por un lado, se esgrimió que ir a un mitin era un derecho fundamental por lo que se podía saltar el confinamiento municipal y, por otro, ante la polémica y el escándalo desatado entre la comunidad científica y las redes sociales se ha dado marcha atrás y ahora se recomienda no asistir, cuando, como decimos anteriormente, los mítines no van a ser tales.

Todo este lío del confinamiento me recuerda otras relegaciones históricas por motivos políticos, que no sanitarios, aunque también se basaban en higiene ideológica, tal fue el caso del confinamiento de junio de 1962, como consecuencia del llamado Contubernio de Múnich, en el que tres de sus destacados participantes Fernando Álvarez de Miranda, Joaquín Satrústegui y Jaime Miralles, fueron confinados en Fuerteventura por el régimen franquista.

Este mismo régimen confinó pocos años después, 1969, a Gregorio Peces-Barba en el municipio burgalés de Santa María del Campo. Yo que era miembro de su despacho, le visité en más de una ocasión y Gregorio con el fin de aprovechar el tiempo terminó su tesis doctoral sobre Jacques Maritain, lo que no le vino nada mal.

En fin, eran otros confinamientos que sólo los mayores recordamos. Lo de ahora es otra cosa y, desde luego, no tiene nada que ver con estas reclusiones políticas, aunque también sean los políticos quienes los acuerdan, administran, regulan y desregulan, como ahora se está viendo en Cataluña.

Ante este maremágnum, lo que está claro es que habrá que recordar lo de cada uno en su casa y Dios en la de todos. Esperemos que sirva para algo y aunque con confusión, rectificaciones y contradicciones, salgamos de este inmenso y trágico lío en el que estamos sumergidos.