Opinión

Un nuevo año que podrá ser un año nuevo

3 enero, 2021 19:42
Y pasamos la línea que marca el paso de uno a otro año, lo hicimos como nunca lo habríamos hecho antes, con limitaciones que jamás hubiéramos sospechado, con el alma cansada y el corazón con jirones que no cicatrizan, como aquel guerrillero que, herido, alcanza la guarida de sus compañeros a la que ya ninguno volverá o en la que aquellos que volvieron ya jamás serán los mismos.



Tras la línea, aún, como decía, con el cuerpo y el alma rotas, como el pabilo encendido, se observa una trémula lucecita de esperanza en un futuro mejor que se antoja próximo por una vacuna y algún medicamento que puedan salvar vidas; pero, temblorosos, esperamos que esa niebla se levante y, desgraciadamente, deje ver el campo de batalla, el baldío, yermo, estéril terreno que el virus y la economía dejan tras de sí, así como hercúleo trabajo que nos espera y las tiránicas condiciones de subsistencia en las que habrá de desarrollarse, por una sociedad egoísta, onanista y plegada al placer sin capacidad de sacrifico, esfuerzo y responsabilidad que, con facilidad, escuchará y consumirá, ya lo hace, la bilis falaz y miserable de presentar al empresario y a aquel que desea trabajar como un canalla explotador esclavista.



El año nuevo será un año de cambios políticos, sociales y religiosos, en los que se intentará destruir al Dios de todos, del amor, de la dignidad del hombre, de la igualdad y de la semejanza del ser humano como hijo del Altísimo, para dar valor a la creencia de aquella fe en la que el varón es superior, que el cielo es una gran orgía con cuantas vírgenes precises, en la que Dios te exige matar al que no piense como tú.



Un año en el que se hablará de la economía ecológica, de la transición ecológica e igualitaria de género; pero que, en lugar de apoyar a las empresas, de liberar los fondos en manos de los ciudadanos que son los que crean riqueza, se depredarán para la consecución de visiones opacas únicamente válidas para el morcón dirigente; en lugar de organizar una economía colaborativa que ponga al ser humano en el centro de la misma, se dispendiará el poco peculio que se genere en gastos superfluos, improductivos y que encubren un latrocino vital importante que nos hundirá en la miseria, como beneficio del descerebrado y miserable déspota.



El futuro es ilusionante, esperanzador y claramente positivo, siempre que reconozcamos la dureza, el esfuerzo y la pasión de encarar tiempos nuevos en los que desarrollar proyectos limpios, transparentes, serios y solventes, en los que se exige trabajo y no el plexiglás de la mediocridad mediática, con poca visibilidad a corto plazo, pero que nos obliga a cumplir una misión de la que disfrutarán otros, como hizo Yavéh con Moisés y Josué, en la que al final descubramos la tierra prometida



Algunos se reirán, otros tratarán de impedir que cumplas tu misión, otros te llamarán loco y muchos te tildarán de peligroso antisistema por pedir para el sistema: transparencia, rendición de cuentas, servir y no servirse, responsabilidad y ejemplaridad, para evitar la desafección del ciudadano de la vida política y la consideración de esta como una carcoma que nos roba, nos miente y nos utiliza en su servicio.



Serán años y tiempos nuevos, repletos de sacrifico, esfuerzo, valores y revalorización del ser humano y la espiritualidad en la que, aquellos que no estén preparados, o se perderán en la maleza o se convertirán en verdugos de aquellos que luchan por los demás.



Que el nuevo año lo afrontemos, desarrollemos y cerremos con salud, con fuerza para luchar contra las adversidades y cooperación, comprensión y ayuda al que tenemos más cerca; pues, si nos empeñamos en crear crispación, generar competitividad y vivir en el egocentrismo, no nos llevarán al sumidero, nos iremos nosotros solitos de cabeza.