Opinión

Socialización de la mentira, el hambre y el delito

13 diciembre, 2020 20:43

El socialismo, pretende y busca la igualdad de las ciudadanos por medio de la apropiación de los medios y métodos de producción, lo que finalmente supone una igualación por abajo; es decir, acabar con los más pudientes para ser todos menos pudientes. Es una fórmula.

En la sociedad capitalista, el socialismo se "populiza" y busca la defensa de un Estado del bienestar que permita igualar a los ciudadanos en los mejores servicios posibles, normalmente a costa de liquidar los servicios privados a los que se criminaliza.



De este modo, se inventan la política de la solidaridad (adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros) con la que sustituir la clásica caridad (actitud solidaria con el sufrimiento ajeno), para con ello dar curso a una imagen de progresía y apoyo al necesitado que no es más que la generación de un negocio lucrativo de la caridad que se prestaba, se podía haber gestionado, y se desarrolla como un sentimiento y actuación gratuita y no lucrativa. Si en lugar de políticas solidarias practicásemos políticas de caridad, a buen seguro que llegarían a los que las precisan y no a las arcas o sacas de los que se lucran con el mal ajeno.

Se inventa la política de la igualdad que, en lugar de desarrollar modelos y formas de actuar igualitarios y de respeto a la diferencia, se dedica a demonizar al varón, por el sólo hecho de serlo, a dividir a los ciudadanos en objeto de la igualdad y detritus de la misma, permitiendo actuaciones de evidente discriminación entre sexos, en pos de una presunta o supuesta discriminación positiva (discriminación, al fin y al cabo), entre etnias, denigrando a los nacionales o incluso algunas etnias, frente a otras migrantes -según cuales- que reciben lo que les es negado a otros en pos de una falaz y retorcida discriminación en razón de la raza, que no es real.

Se acusa de casta a los dirigentes políticos que desarrollaron la democracia en este país, por la existencia de alguno -Pujol- que, pese a ser reconocido como desviador de fondos, no le pasa nada, frente a otros, pocos, que son detenidos y cursan como ladrones -gurtel, Urdangarín, etc-, a buen seguro por merecimientos propios. Estos pocos les sirven para hablar de casta y de diferencia ante la Ley, pero ellos tienen en sus filas asesinos condenados, defraudadores e injuriadores condenados, estafadores confesos, malversadores de fondos y terroristas condenados con las manos manchadas de sangre y pretenden dar lecciones de limpieza en una evidente socialización del delito, en un todos somos delincuentes, pero sólo son perseguibles los que piensan, opinan o son designados por nosotros, que somos los únicos demócratas, pues no trajimos la democracia, pero democratizamos el delito y la hambruna.



Se les llena la boca de libertad, pero están deseando manipular los medios de comunicación, organizar sistemas de control de pensamiento social, perseguir los bulos que ellos no generan para desarrollar los propios como auténticas verdades inexistentes y mentir, para lo que afirman la existencia de la postverdad, que no es más que una mentira contada, un bulo descarado del autorizado, que se desarrolla como la única verdad.

Defender la unidad de España, como patria común de todas personas y las tierras que la conforman; los símbolos de esa Nación, respetando los de las diferentes comunidades que la integran; el idioma que no sólo nos une, sino que nos proyecta al mundo; la libertad para desarrollar un proyecto de vida común; el poder desarrollar una vida religiosa que no se imponga a nadie, pero que tampoco debe sufrir persecución y que nos permita mejorar como personas, como sociedad y como país; el admitir la disidencia desde el respeto y la disputa desde la lealtad, son comprendidas, hoy, como ideas fascistas o de extrema derecha, sin considerar que todas ellas son las que han permitido que nos desarrollemos como sociedad igualitaria, democrática y libre, frente a los extremismos de derechas y de izquierdas que sólo buscan y desean el totalitarismo más cruel.