Opinión Así aparecía Guerra como el malo y González como el bueno, de forma que uno amansaba las masas revolucionarias y el otro apaciguaba a las élites económicas más de derechas, para entre ambos desarrollar su proyecto de España.        No olvidemos que ese PSOE luchó contra la ETA, pero también se manchó las manos de sangre con los GAL; que construyó una España más moderna, pero deshonró su nombre metiendo la mano hasta en la pensión de los huérfanos de la guardia civil y en el paro de los ERES de los andaluces.        Si miramos un poco hacia atrás, veremos que el único momento en que la derecha fue capaz de desbancar al PSOE del gobierno fue cuando se olvidaron de siglas, de liderazgos, de potentes ideologías, buscaron un mínimo común denominador y diseñaron un proyecto de España nuevo, cuando se constituyó el PP desde la implosión de AP, PDP, PL, etc y, con un nuevo líder, José María Aznar, se diseñó un proyecto de vida en común para los españoles que se presentó y fue ratificado por los votos.       No olvidemos que Aznar venció no para reconstruir la economía, que lo hizo, sino para regenerar la política, que traicionó; que nos impulsó a las cotas más altas de la política internacional, pero se equivocó con su apoyo político (no militar) a la guerra de Irak; que se comprometió a reforzar la democracia y se dedicaron a montar chiringuitos de corrupción.        Es esta España nuestra, nadie puede escupir sin que le caiga el salivazo en la cara, resultando imprescindible que surjan nuevas figuras que estén dispuestas a liderar el cambio político, de la política, de la forma de hacer política, que esté dispuesto a la regeneración política que todos anuncian, que todos abanderan y que ninguno practica.

Añoranzas aún no perdidas

6 diciembre, 2020 21:26

En otros momentos de la joven democracia española ya gobernó el PSOE con un planteamiento de "poli bueno – poli malo". Así aparecía Guerra como el malo y González como el bueno, de forma que uno amansaba las masas revolucionarias y el otro apaciguaba a las élites económicas más de derechas, para entre ambos desarrollar su proyecto de España.

        

No olvidemos que ese PSOE luchó contra la ETA, pero también se manchó las manos de sangre con los GAL; que construyó una España más moderna, pero deshonró su nombre metiendo la mano hasta en la pensión de los huérfanos de la guardia civil y en el paro de los ERES de los andaluces.

        

Si miramos un poco hacia atrás, veremos que el único momento en que la derecha fue capaz de desbancar al PSOE del gobierno fue cuando se olvidaron de siglas, de liderazgos, de potentes ideologías, buscaron un mínimo común denominador y diseñaron un proyecto de España nuevo, cuando se constituyó el PP desde la implosión de AP, PDP, PL, etc y, con un nuevo líder, José María Aznar, se diseñó un proyecto de vida en común para los españoles que se presentó y fue ratificado por los votos.

      

 No olvidemos que Aznar venció no para reconstruir la economía, que lo hizo, sino para regenerar la política, que traicionó; que nos impulsó a las cotas más altas de la política internacional, pero se equivocó con su apoyo político (no militar) a la guerra de Irak; que se comprometió a reforzar la democracia y se dedicaron a montar chiringuitos de corrupción.

        

Es esta España nuestra, nadie puede escupir sin que le caiga el salivazo en la cara, resultando imprescindible que surjan nuevas figuras que estén dispuestas a liderar el cambio político, de la política, de la forma de hacer política, que esté dispuesto a la regeneración política que todos anuncian, que todos abanderan y que ninguno practica. Es preciso que savia nueva, con un proyecto sólido y firme para España, dé un paso adelante, esté dispuesta a servir, a cumplir los compromisos, a dotar de coherencia y solvencia la actuación política, que huya del plexiglás y la imagen, para desarrollar planteamientos éticos, transparentes, temporales y, tras haber dado a la sociedad todo lo que ellos portan, sean capaces de volver a sus posiciones sin pedir, ni obtener nada a cambio que no sea el reconocimiento y agradecimiento por el tiempo prestado.

        

La derecha española precisa asumir su propia destrucción para, manteniendo las estructuras sólidas ideológicas comunes, construir una nueva casa común, con lideres nuevos, con gente con una mochila personal que aportar, con personas con experiencia profesional y ganas de devolver a la sociedad lo recibido de ella, de servir, sin servirse. Debe de ser consciente de que no tiene tiempo que perder, que la acción es urgente, de rápida implantación, dolorosa, de grandes sufrimientos, pero vital no ya para la derecha, sino para España, que debe de ser su único motor y objetivo.

        

No nos olvidemos de la izquierda, que debe de ser consciente de que el cambio que propugnamos para la derecha les resulta de igual aplicación, pues la transparencia, la honradez, la seriedad, la solvencia, la preparación y el servicio deben de ser también en ella objetivos que alcanzar, que la necesidad de gente nueva, con ideas nuevas y, sobre todo, con un ansia de servicio nueva, son imprescindibles, pues la política o se transforma de forma radical y deja de ser el corral de estercolero al que acuden los marranos, las vacas, las cabras y los gansos más impresentables del orbe y se convierte en la sede de la inteligencia, del servicio, del altruismo, la preparación y el rigor profesional que todos los "perritos sin alma" hemos deseado desde que el mundo es mundo.

        

Salimos de un período de autoritarismo y enfrentamos la democracia con ilusión, grandeza de espíritu y ansias de libertad, pero con el tiempo y el desarrollo de la clase política como una clase diferente, como una casta, contemplamos con tristeza lo que pudo haber sido y lo que es, añorando hacer de España lo que todos queremos y de nuestra clase dirigente la élite que hoy no disfrutamos.