Cultura

ENTREVISTA | Javier Bermejo: “El teatro y el cine en Castilla y León son inexistentes. Hay mucho abandono”

6 enero, 2021 09:00

Javier Bermejo nace el verano de 1984 en Sahagún (León). Formado en la Escuela Municipal de Artes Escénicas de León y en la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León, también fue becado para recibir clases en la Academia Teatral de San Petersburgo (Rusia). Actualmente trabaja en 'Divinas palabras' bajo la dirección de José Carlos Plaza, una coproducción del Centro Dramático Nacional y Faraute Producciones. También en compañías profesionales de Castilla y León (Teatro Corsario, La Quimera de Plástico o Valquiria Teatro) y Asturias (Quiquilimón) sobre textos de autores tanto clásicos como contemporáneos bajo la dirección de Juan Margallo, Margarita Rodríguez, Carlos Martínez-Abarca o Jesús Peña, entre otros. Siendo, además, candidato durante tres años consecutivos como Goya al mejor actor de reparto y revelación, son varias las películas y cortometrajes en los que ha participado, destacando por la emoción que supone rodar en su provincia, León, 'Media hora (y un epílogo)', en 2018, un drama trepidante con mucho suspense.



Javier, una persona sencilla, humilde, con las ideas muy claras y, sobre todo, que rebosa amabilidad, amigo de sus amigos y amante de su tierra, con su participación en el reparto de Divinas palabras, subtitulada Tragicomedia de aldea, una de las obras teatrales más conocidas de Ramón María del Valle-Inclán, a la que consiguió llegar mediante un casting, representa un salto cualitativo en su corta pero fecunda carrera profesional en el siempre complicado, escaso y difícil mundo de la representación teatral y cinematográfica.  La acción de esta universal obra gira alrededor de la familia de Pedro Gailo, un sacristán casado con María Gaila que tiene una hija, Simoniña. La hermana de Pedro Gailo muere, dejando a un enano hidrocéfalo -representado magistralmente por Javier Bermejo-, que es expuesto en las ferias por sus familiares para conseguir dinero... NOTICIASCYL habla con el actor.

Javier, vaya año para el teatro con la pandemia.

En nuestro caso nos ha frenado en seco. Iniciamos la temporada en Madrid, en el María Guerrero, más unos cuantos bolos que habíamos hecho antes, unos poquitos después y nos frenó en seco toda la gira. Afortunadamente, hemos completado la inmensa mayoría de lo que teníamos previsto. Pero claro, eso tiene su repercusión en una gira que normalmente es de un año y se ha convertido en más de dos, es un desastre. Hay bajas, sustituciones y la gente abandona porque esto es muy largo para muchos actores. Hay muchos montajes, pero la inmensa mayoría están parados. Esa es la pobre situación del teatro en general.

Y en el mundo de la Cultura, vaya problema.

Sí. Yo personalmente no me quejo porque seguimos de giras, estamos haciendo funciones, no sólo con ‘Divinas Palabras’, estoy haciendo más, pero luego lo que conlleva eso es que vas a los teatros y te encuentras que cuesta porque las sensaciones son muy tristes. Es triste, pero contrariamente a eso, fíjate, hay medio aforo o menos de medio aforo y, en cambio, la gente para hacerse notar, para que a ti te llegue como artista que han estado ahí, yo diría que aplauden hasta el triple. Es como un 'feedback' en el que dicen hemos estado aquí. Si tendríamos que estar aplaudiendo 400, ahora estamos 200 o 100, pero aplaudimos el triple. Juraría que ha pasado y es muy bonito también en esta situación de pandemia.

¿Y la respuesta del público?

En general con ‘Divinas palabras’ muy bien. Ha habido público puesto en pié, ha habido de todo... En otros sitios, me imagino lo que suele pasar en este mundillo, nos habrán despellejado, supongo. No solo en Madrid, en todos los sitios es así. Es que es una exposición muy grande hacer ‘Divinas palabras’ y representar a Valle-Inclán. Si con cualquier obra no llueve nunca a gusto de todos, con esta, pues tampoco.

¿Cómo ves al sector cultural, concretamente el teatro y el cine, en Castilla y León?

¡Uf! Casi hay que medir las palabras, porque es delicado, pero es casi inexistente en cine. Y en teatro es prácticamente lo mismo. Creo que hay mucho abandono. No sé qué decirte. Antes había más compañías profesionales por las distintas provincias. Ahora prácticamente esto no existe. Las compañías como Corsario, en la primera que yo he trabajado, que llevan cerca de cuarenta años funcionando, están en una situación muy precaria, muy pobre. Tendríamos que defender más en Castilla y León el producto nuestro, por entrar un poco en materia. Vamos, deberíamos de hacer un poco lo que hacen en otros sitios. Y no es por ser radical, pero aquí entra todo el mundo, digamos, y nosotros no entramos en todo el mundo. No sé si me he explicado claramente. Deberíamos de defender más el producto de Castilla y León. Entonces, si quieres triunfar, no queda más remedio que ir a Madrid o Barcelona. Pero yo nunca había querido irme a Madrid. Siempre dije, si voy a Madrid es con trabajo, si no, no voy. Hablo profesionalmente.

Tendríamos que defender más en Castilla y León el producto nuestro. Aquí entra todo el mundo, digamos, y nosotros no entramos en todo el mundo.

¿No cree que si realmente alguien quiere triunfar, un bailarín, un cantante, un actor, tienen que pasar por Madrid?

No quiero defender eso, eh? De hecho, yo sigo viviendo en León. Sí, pero es cierto. Lo que es innegable es que donde hay más posibilidades es allí. No digo que haya que ir allí. Digo que hay más posibilidades, obviamente, está todo más centralizado y se abren muchas ocasiones. Pero bueno, crear se puede crear desde cualquier sitio. Yo sigo haciendo cosas en León por mi cuenta. Continuo con compañías de Valladolid. Estoy con ‘Divinas palabras’ en Madrid. Pero si llegado el momento, si surge una oportunidad muy potente o o algo muy importante que hubiera que instalarse en Madrid, pues igual habría que hacerlo. Desde luego que sí, claro, nos ha fastidiado. También es la ciudad más grande de España.

Tenemos claro que lo que no vaya a Madrid no existe.

Ya, claro, es que la proyección que se alcanza allí no se tiene en cualquier otro sitio. Supongo que es por eso. Pero igual que pasa eso, ocurre lo contrario. Porque como todo el mundo se va a Madrid, al final es lo que llaman por ahí un poco una merienda de negros. Estamos en un momento muy delicado en todas las profesiones, pero en la mía no puedo decir que más, porque suena muy egoísta, pero hay una cantidad de intrusismo que es horrible. Hoy todo el mundo es actor en Madrid, en Valladolid, en León. A todo el mundo se le considera actor no habiendo hecho nada.

¿Qué hace el sector para limpiar esta situación de intrusos en Castilla y León, por ejemplo?

Respeto a Castilla y León, ahora mismo, para limpiar, o lo que consideran ellos que es limpiar, han apartado de los circuitos a las compañías amateur, que a mí me parece un filón importante para que luego haya profesionales. Entiendo que se aparte, lo que no entiendo es que se mezcle. Pero cuidado con aniquilarlo.

En mi profesión hay una cantidad de intrusismo que es horrible. Hoy todo el mundo es actor en Madrid, en Valladolid, en León... A todo el mundo se le considera actor no habiendo hecho nada.



¿La situación del teatro, a nivel general, en qué momento está? Vamos a situarnos en el mes de enero de 2020, en momentos antes de la pandemia.

Mi sensación es que nunca estamos bien. Eso es una realidad. Debería ser un trabajo más valorado. Esto tiene que ver desde los inicios, desde la misma Educación. ¿Cómo estamos? Si nos situamos en enero de 2020 había un poquito de resurgir dentro de lo difícil que es este trabajo, cuando se estaban haciendo cosas interesantes. Me imagino, y espero, que después de esta situación, de estas crisis gordas, suele haber un resurgir fuerte. Es lo único bueno que podemos sacar de esto ahora mismo, que el regreso sea potente, sea fuerte, porque la gente ahora tendrá miedo, pero también va a tener más ganas de volver a los sitios. El momento yo creo que no era malo. Pero esta situación nos ha pegado un hostión. El momento no era malo, aunque nunca es bueno,

Si no se tienen subvenciones no hay cultura.

Es que en esto de las ayudas oficiales siempre está el resto de sectores atacando. Piensan que los actores vivimos de subvenciones y no es así. Yo como actor no he recibido una subvención en mi vida. Las subvenciones, para que la gente se entere, se las dan a los empresarios. Y el empresario hace con ellas lo que puede, o lo que quiere, o lo que conoce, o lo que le convenga. Creo que no harían tanta falta las subvenciones si la gente valorara más como se merece al teatro y a la cultura en general. Se compraría teatro y cultura. Pero como no se compra y el teatro sigue siendo una cosa de minorías, se necesita andar empujando a los creadores.



¿A día de hoy, cómo es su vida profesional?

En los últimos tres años estoy en mi mejor momento en el sentido artístico. He visto una evolución de haber acabado las escuelas y empezado a trabajar como actor. He estado en compañías profesionales como La Quimera, luego pasar a Corsario, estar ahora en dos teatros nacionales en Madrid. Es mi mejor momento, dentro de lo precaria que sigue siendo esta profesión, un oficio no para vivir, es para sobrevivir.

No harían tanta falta las subvenciones si la gente valorara más como se merece al teatro y a la cultura en general.



¿Y qué parte sobrevive en León?

León, Sahagún es mi tierra. Es que me siento tan identificado con León. Me gusta vivir allí. Es una ciudad muy cómoda, muy bonita, muy fácil de manejar. Se sobrevive, se sobrevive... O quizás es que me cuesta mucho despegarme de allí. Pero pienso que al final hay que esperar que el tiempo decida. Al final, el tiempo es rey.

¿Qué tienes pensado en el futuro?

Muchas veces uno quiere hacer planes, pero te das cuenta de que la vida va decidiendo sola. No sé si merece la pena planificar demasiado. Fíjate que me pongo un poco tonto, un poco filósofo, pero es verdad. Me doy cuenta de que he elegido lo que quería hacer, pero seguramente no he elegido cómo. Siempre tuve claro desde niño que quería ser actor, pero el cómo, en el que te van eligiendo los papeles, el camino se va haciendo. Hay que seguir, hay que ser perseverante. Ahora mismo tengo alguna propuesta de teatro para más adelante. Me han llegado a mí, pero cuando elijo hacer algo, lo elijo yo. Generalmente, creo que la vida va decidiendo.

¿Qué propuestas tiene?

Si van bien, dos y alguna más. Pero como todo se va haciendo con el tiempo, se va cocinando con el tiempo y estamos en un momento regular, es mejor dejarlo estar quieto.

Una entrevista en Salamanca, junto a la escultura de Torrente Ballester en el Novelty, café emblemático, y la Plaza Mayor de fondo ¿Qué le sugiere a una persona afectiva como Javier Bermejo?

Tengo los recuerdos de que al venir a Salamanca me acordaba mucho, claro, de los últimos sucesos que me han pasado en mi vida, ya que la última vez que vine a Salamanca fue con mi madre (fallecida meses atrás). Y es una sensación rara. He venido a ver amigos que estudiaban aquí, porque yo no fui universitario. Vine a ver a un colega de Sahagún que estudiaba aquí. Vine a ver actuar a un paisano, Carmelo Gómez, que actuaba aquí.

Yo Salamanca lo asocio a recuerdos generales y luego, claro, este lugar y la ciudad lo asocio al rodaje de la película 'Mientras dure la guerra'….. Además veo allí a Unamuno. No sé, me gusta Salamanca, siempre ha sido una ciudad que me da muy buen rollo, muy enérgica, una ciudad viva. Sí, pero bueno, eso también se asocia a otros momentos más duros, quizás, o más complicados. La vida…

¿Algo más?

No sé qué más contarte. Y gracias por traerme aquí. Me ha encantado el sitio. No lo conocía. He venido siempre muy de paso o a disfrutar las noches o de hospitales. Claro, no he disfrutado muy tranquilamente. Pero me encanta este lugar.

Una escena de la obra de teatro 'Divinas palabras', de Valle-Inclán. En la imagen, Javier Bermejo, enano hidrocéfalo subido en un carromato, que es expuesto en las ferias por sus familiares para conseguir dinero