El candidato a la reelección al frente de la Junta por el PP, Alfonso Fernández Mañueco, pasea por el centro de León y saluda a simpática

El candidato a la reelección al frente de la Junta por el PP, Alfonso Fernández Mañueco, pasea por el centro de León y saluda a simpática Rubén Cacho / ICAL

Castilla y León PUNTADAS CON HILO

Elecciones plebiscitarias

Hace ya semanas que Alfonso Fernández Mañueco, proclamaba que en campaña electoral tendrían que debatirse solamente los asuntos que afectasen a nuestra Comunidad. Idéntica coincidencia – llamativa, en tiempos en los que PP y PSOE están notoriamente a la greña - manifestaba el candidato socialista Carlos Martínez.

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Ya estamos en los comienzos de la campaña electoral para las elecciones autonómicas de Castilla y León. Se produjo el parto de los montes y todos los partidos que concurren a la cita electoral han entrado en frenética actividad. Las formaciones políticas con mayor representatividad parlamentaria mantienen sus ‘constantes vitales’ durante toda la legislatura.

Hay otras que son como la bella durmiente del bosque o como la marmota de Pensilvania, una vez finalizado el recuento de votos regresan al descanso de la madriguera. Salen a escena en cada ocasión que se convoca llamamiento a las urnas, reúnen un puñado de votos sin lograr representatividad en las Cortes y vuelven a desaparecer como en los Ojos del Guadiana. Su amor propio es nulo, pero tienen más moral que el Alcoyano. Es enternecedor.

Hace ya semanas que el actual presidente de la Junta de Castilla y León y ahora candidato de los populares, Alfonso Fernández Mañueco, proclamaba que en campaña electoral tendrían que debatirse solamente los asuntos que afectasen a nuestra Comunidad. Idéntica coincidencia – llamativa, en tiempos en los que PP y PSOE están notoriamente a la greña - manifestaba el candidato socialista Carlos Martínez.

Es evidente que Mañueco y Martínez rehúyen convertir la cita electoral del 15 de marzo en un refrendo ciudadano sobre las filias y fobias que suscitan entre los electores la política nacional de populares o socialistas y sus respectivos líderes.

Martínez, que ya no puede escapar de su rol alineado con el ‘cuore’ del sanchismo, será consciente que a día de hoy Pedro Sánchez está más quemado que el pico de la plancha del ‘Sastrecillo valiente’, título de un cuento de hadas de los hermanos Grimm. Sánchez está en caída libre y salvo que un hada toque su acicalado traje ‘slim fit’ con una varita mágica, su tiempo en la política española está en descuento.

Su intención de aguantar en portería hasta el último penalti solo agravará la pérdida de las elecciones generales con una demoledora goleada en la portería socialista.

Fernández Mañueco, uno de los políticos con mayor resiliencia y más tablas que un legionario del Tercio, quiere centrar la campaña electoral en un debate sobre los temas de ‘aquí’, o sea, del terruño castellano y leonés. Mañueco, que tiene tantos tiros como el polígono leonés de ‘El Teleno’, percibe que Feijóo aguanta el tirón y no cede la garita del bastión popular, pero no es don Álvaro de Bazán en Lepanto. Su situación es ‘estable’ - como escriben los médicos - y goza del respeto de su electorado, pero no termina de romper en una gran ola sobre la que surfee la derecha moderada hasta las playas de Moncloa.

Mañueco intenta capitalizar un construido relato de una gestión positiva al frente del gobierno autonómico. Pero si analizamos el contexto político español, su estrategia solo calará en los ciudadanos con no demasiado fuste. ¿Y ello por qué? Sencillamente la política española está en extremo polarizada ideológicamente.

A esa muralla de bloques antagónicos se han subido Sánchez y sus socios de gobierno. Por el otro lado el líder de Vox, Santiago Abascal. Vox ha crecido en las últimas citas electorales, lo hará seguramente en Castilla y León.

Por tanto, para Abascal la estrategia de choque frontal con el socialismo se ha saldado con un éxito redondo. También la ruptura de los gobiernos de coalición y el desapego por los populares ha reportado réditos.

Abascal ha expresado claramente que Vox no quiere líderes ni baronías regionales. Ha optado por el cara a cara directo con sus electores, muy en la táctica clásica de las formaciones de tinte populista. Vox ha designado como cabeza de cartel a Carlos Pollán. Afirman que su firmeza ideológica es pétrea, pero su amabilidad y buen talante formal son indiscutibles.

Por mucho que Mañueco y Martínez pretendan hacer girar la campaña sobre asuntos propios de Castilla y León, las elecciones del 15-M tendrán un gran componente plebiscitario. Feijoó, Sánchez y Abascal, sumarán o restarán votos.

Del resto de partidos contendientes en las próximas elecciones autonómicas ya hablaremos. Quedan aún días y mucha ‘longaniza’.