Alberto Chicote.

Alberto Chicote.

Bluper ENTREVISTA

Alberto Chicote: "Más de un universitario querría ganar lo que ganan los camareros en este país ahora mismo"

'Pesadilla en la cocina' regresa este jueves a laSexta con su octava temporada tras dos años y medio de parón por el COVID.

24 noviembre, 2022 03:18

Más de dos años y medio después de su última emisión, esta noche a partir de las 22:45 horas vuelve Pesadilla en la cocina con nuevos programas en los que las situaciones de tensión extrema y la lucha por el mando serán los mayores desafíos a los que se enfrentará Alberto Chicote.

El programa de laSexta producido por Warner Bros. ITVP España hará su primera parada enun restaurante de Viladecans, ‘Il Fogón della Toscana’, dirigido por un profesional que recibió premios y reconocimiento en otro establecimiento anterior.

Con motivo de ello, en BLUPER hemos querido charlar con el chef, que nos ha contado cómo ha vivido este parón, cómo se enfrenta a que muchos propietarios vayan en contra del propio programa o las condiciones laborales que se dan actualmente en la hostelería.

Hemos visto que estrenas nueva cabecera... 

A mí me gusta mucho el mundo del cómic y tengo muchos amigos dibujantes y he tenido la fortuna de que me han dibujado en muchos sitios y los tengo guardaditos en casa con muchísimo cariño. Pero la verdad es que cuando los de Warner me propusieron hacer un cambio en la intro e involucrar el mundo del cómic, el dibujo y la ilustración, estuve encantado. 

Decías que os jodió mucho tener que paralizar por el COVID. Pero, en el fondo, descansar también os puede venir bien porque así el público os coge con más ganas...

Es cierto que crece la expectación. Hay mucho tiempo, hay mucho afán ahí y, lo he comentado muchas veces con los miembros del equipo y con mucha otra gente, creo que desde que se emitió el último programa de Pesadilla en la cocina, que fue hace como dos años y medio o tres, no ha habido ni un solo día que no haya recibido un mensaje preguntando que cuando volvíamos. Es un programa que tiene mucho adeptos, mucho fan y a mí eso me hace sentir muy bien. Para mí tener ahora la oportunidad de estrenar la octava temporada es la hostia. Suena como a redundante porque parece que Alberto todos los años dice que es la mejor temporada, pero no es que esta temporada sea la mejor porque sea más de algo, es la mejor porque tiene más de todo. Tenemos mucha emoción, mucho ritmo, mucho caos... Hay mucho de todo. De hecho, comentaba con la gente de Antena 3 que para mí, que siempre he tenido muy claro cuál sería el programa presentación de la temporada, ahora mismo no sabría decirte. Me gustan tanto todos... Los hay muy histriónicos, los hay con una carga de humor que son muy locos y los hay muy emocionantes. No sé por dónde vamos a arrancar, pero va a ser programa tras programa muy top.

¿Cómo fue ese primer día de vuelta?

Muy loco. Recuerdo mucho la inquietud y decir: '¿Cómo era esto?' Cuando yo lo hice la primera vez tenía al director, que era Juampi, y a María Recarte que estaba al frente del programa, y todo el rato iban ayudándome. Pero ahora todo el mundo entiende que yo sé mucho más que ellos de Pesadilla en la cocina porque soy el que lo hago y lo llevo haciendo durante diez años. Nadie te dice: 'Oye Alberto, que esto era así'. Pero una vez que das el primer paso, cruzas la puerta y te encuentras en la situación, va todo de corrido. 

¿Te vas con cierto temor cuando dejas un restaurante?

Sí, claro. Todos tenemos un punto que nos hace cambiar nuestra visión de las cosas y yo lo que necesito es encontrarlo. Muchas veces no sé cuál va a ser. En unos casos es una cosa, en otro casos es otra. Hay que buscarlo. Siempre recuerdo un capítulo en Barcelona de un programa italiano que el que estaba al frente del restaurante se llamaba Giovanni y, después de tres días con él, quedamos y no había manera. Al tío le importaba todo una mierda. De repente le pregunté si sus padres vivían y, al preguntarle que pensaría su padre si lo viera así, un tío que había sido una piedra, empieza a llorar como un niño pequeño. Eso fue un miércoles por la mañana, el jueves les entrego el local y cuando llego a grabar el viernes resulta que ha muerto su padre. No sabíamos qué hacer, le dimos al rec y vimos a ver qué pasaba. Entré al local y todos estaban hechos una mierda. Se me quedó mirando y me dijo que lo iba a hacer por su padre. Dio el servicio, lo terminó, se lo dedicó a su padre y se fue a Italia al entierro de su padre.

¡Qué más decir! Estas cosas pasan y hay que afrontarlas y hacerlas así. Habrá gente que tú tengas la sensación de que no lo va a sacar adelante, pero yo siempre que salgo por la puerta siempre pienso que tienen una gran oportunidad, no una pequeña oportunidad. Yo no puedo ofrecer una garantía. Yo le puedo decir si haces esto así, así y así, casi seguro que tiras para adelante. Llevo llevando negocios al éxito desde hace 25 años. Nunca he estado en un restaurante que no haya funcionado. Sé de lo que hablo. Lo juro por Dios. Y, de hecho, en mi historial profesional, por desgracia, siempre ha ocurrido lo mismo. Donde he estado, ha funcionado y, donde me he ido, ha cerrado. 

Después de diez años, ¿la implicación emocional es menor?

No, no. Nunca. Implicaciones son solo emocionales. El trabajo profesional es una cosa y la implicación personal es otra. Yo no puedo hablar contigo cara a cara si no me pongo tus zapatos. ¿Cómo le diseñas una carta a una oferta a un tipo que no va a poder realizar? ¿Para qué? ¿Para quedar yo guay? No tiene sentido. Tengo que saber qué es lo que tú quieres, qué es lo que tú puedes, cuáles son tus circunstancias, tus posibilidades... Yo te tengo que ofrecer una oportunidad real. A partir de ahí es donde entra tu responsabilidad. Yo te puedo enseñar a escribir, pero si tú no estás dispuesto a ponerte media hora delante del teclado, pues chico...

Esa carga emocional tiene que ser también dura y debes llevartela a casa...  

Te lo aseguro. Cuando estoy en modo Pesadilla son cuatro meses que me olvido del mundo. Tengo un día o dos de descanso y chimpún. No atiendo a nada, no voy a ningún lado, no voy al cine, no voy a comer, no voy a nada. Pesadilla en la cocina es muy exigente y no puedo decirle a un tipo que tiene un restaurante, que reclama de tu atención, que te has olvidado de decirle esto o repítemelo otra vez. Yo me lo tomo así, con mucha concentración, con mucha dedicación y que, cuando tú te vas a casa después de grabar, no se haya quedado nada en el tintero. Cuando Pesadilla en la cocina llega a un restaurante, en una ciudad se entera todo el barrio. Pero, en un pueblo, que viene el alcalde a saludarnos, es tremendo. Tenemos que montar colas de fotos cuando terminamos de grabar. Somos como el Circo Price, somos como una atracción de la hostia. Cuando nos vamos después de grabar, está todo el pueblo deseando saber qué demonios ha pasado allí y qué van a ofrecer y cómo ha quedado el sitio. Y eso es real. Eso no es por la tele. Eso es la gente que está ahí. Y esa es la gran oportunidad de la que hablo. No hablamos de negocios que quieran una estrella Michelín, hablamos de negocios que quieren sobrevivir, de gente que quiere mantener a su familia.

Y que piensas cuando se ponen en contra... 

Hay cosas que te importan de verdad y otras cosas que no. Igual tú no te has dado cuenta y estás poniendo por delante cosas que no eran tan importantes para ti y has dejado eso de lado. O las has dado por hecho y, de repente, no te das cuenta de algo tan sencillo como que tus hijos dependen directamente de ti. Hay gente que ni siquiera ha pensado qué pasaría si de verdad tienen que cerrar su negocio. Y a mí veces me toca decirles lo que otra gente se lo tendría que haber dicho antes. Todo concentrado y todo de golpe. El tiro entre las cejas y a la cabeza. Si para grabar un programa de Pesadilla en la cocina me dieran un mes en vez de una semana, igual iría más suave. O no. No lo sé. Pero lo que sí que tengo claro es que llega un momento en que le tienes que decir las cosas claras. 

¿También echas una mano en el tema de los sueldos? Porque se dice que se paga muy mal en la hostelería... 

Mira, el otro día le comenté a alguien en Twitter que decía que se pagaban 600 € y se trabajan 12 horas, que yo llevo sin ver eso 20 años. Y si vienes a mi casa, a cualquiera de mis restaurantes, ya te digo yo que eso no ha ocurrido nunca. Y conozco infinidad de restaurantes y eso no lo he visto nunca. Lo que no cuentan es lo que cobran en B. Pero, claro, como no lo declaran no lo pueden contar. Este oficio es mucho más honesto y ha cambiado mucho más de lo que nos pensamos. La hostelería siempre ha sido un oficio duro, pero desde luego ahora mucho menos de lo que era antes. Cuando yo empecé a trabajar se libraba un día por semana y se trabajaban 12 horas. Se ganaba más dinero que ahora posiblemente en comparación porque nadie lo quería hacer. Con 17 años no podía ni pensar que podía librar dos días por semana en un restaurante. Así que no, no conozco restaurantes donde esas condiciones que tanto se cuentan se cumplan. Y repito que no conozco ni uno.

Cuando hacemos Pesadilla en la cocina, evidentemente atendemos a las quejas de los trabajadores como a las quejas de los propietarios. Cuando alguien me dijo una vez que no le pagaban, me encargué de decirle al jefe que no tenía vergüenza. Y nos encargamos de conseguir las mejores condiciones para este tío porque se estaba dejando el pellejo en el restaurante. Pero es una rara avis dentro de lo que yo he conocido. Estoy un poco cansado del tema. Os invito a todos a que preguntéis vayáis o consultéis en los restaurantes cuáles son las condiciones que, de verdad, tiene la gente y veréis que eso que os cuentan no es ni mucho menos en lo general. Pero, vamos, más de un universitario querría ganar lo que ganan los camareros en este país ahora mismo. Y ahora que hay mucha escasez, más. 

¿Cómo ha cambiado Alberto en estos diez años de Pesadilla en la cocina? ¿Cómo te ha cambiado la tele? 

Cuando empecé a grabar tuve un consejo de un amigo que ya murió, que era Darío Barrio, que fue la primera persona a la fui a consultar. Me dijo que lo primero es que los cocineros pensamos que somos los tíos que más trabajamos del mundo y que cuando entrase en la tele me iba a cagar. Ahí tenía razón. Y hubo una cosa que me dijo: 'Como no tengas cuidado, esto te cambia y te cambia mucho porque todo tu horizonte y tu escenario cambia'. Y desde el principio me he esforzado mucho en conservar aquello que de mi vida me gustaba: sigo con mi mismo círculo de amistades, sigo haciendo las mismas mierdas que me han gustado siempre, sigo leyendo lo mismo, sigo pintando mis figuras, sigo montando LEGO, sigo yendo al mismo cine, a comer al mismo restaurante y comprando los pantalones en la misma tienda.

¿Ha habido cosas que han cambiado? Claro, evidentemente. He podido comprar un restaurante que no hubiese soñado en mi puta vida. Ahora soy el dueño de mi propio negocio, mientras que siempre había trabajado para el negocio de otro. Pero te aseguro que cualquiera que me conoce hace 20 años sabe que Alberto Chicote es el mismo de siempre. Porque me esfuerzo en que ocurra así. Y no es fácil. No es fácil porque el escenario es muy diferente, es mucho más colorido. Me esfuerzo mucho en que quienes me quieren sepan que les quiero, en que quienes me aprecian sepan que les aprecio, y que sigo haciendo las cosas igual. Pero porque ya me gustaba la vida que tenía antes. Yo no llegué a este mundo renegando de la vida que tenía. A mí ya me gustaba, yo estaba feliz. Para mí esto es un accidente, no es algo que yo haya buscado. Nunca fui a ver si hacía algo en la televisión. 

Llevo diez años y estoy feliz. Me encantan todos mis programas. He tenido una grandísima fortuna. Atresmedia siempre ha confiado conmigo para hacer programas de puta madre. He hecho Top Chef, que molaba un huevo; Te lo vas a comer, que me siento súper orgulloso... Incluso los que no han llegado a funcionar bien como Auténticos o Fuera del mapa, me parece que eran programas que estaban geniales. Pero el público es el público y ya está. Pero llevo diez años haciendo tele y me siento muy orgulloso de todos y cada uno de los programas que he grabado. Y eso yo creo que es la hostia.